Pablo Milanés falleció a los 79 años en Madrid, la capital de España, tras permanecer hospitalizado los últimos diez días. El cantautor estaba por hacer unas presentaciones que debió suspender por su internación. Tenía previsto ir a México y República Dominicana.

Desde las primeras horas de este martes, las redes se llenaron de mensajes de condolencias de diferentes nombres de la cultura y personas anónimas. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, reaccionó a la noticia a través de redes sociales: «Ha muerto Pablo, leemos al despertar este martes en Rusia -donde se encuentra de viaje oficial- y el dolor llega con la noticia. Desaparece físicamente uno de nuestros más grandes músicos, voz inseparable de la banda sonora de nuestra generación. Mis condolencias a su viuda e hijos, a Cuba», escribió.

Ambos músicos interpretaron a dúo temas popularmente conocidos como «El breve espacio en que no estás» y llegaron a elaborar un álbum conjunto, titulado «Cuba nueva trova». Los dos artistas son referentes de la canción de autor cubana que recorrió el mundo durante el inicio de los setenta.

Sin embargo, acabaron teniendo un distanciamiento personal y artístico que se vio evidenciado en las últimas décadas a través de declaraciones de ambos, en las que se criticaban por desavenencias políticas con respecto al gobierno cubano.

En 2011, Rodríguez tachaba en el mismo blog, «Segunda cita», de «burda, desamorada» y «sin el más mínimo compromiso afectivo» la forma empleada por Milanés al manifestarse recientemente sobre la realidad cubana, aunque reconoció que coincidía «con muchos de sus juicios críticos».

La letra completa de “Pablo”, el homenaje a Milanés de Silvio Rodríguez

Te conocí rasgando

el pecho de la muerte un día.

Tú no sabías nada

y eras tú quien la llevaba

de la mano.

Y así tú seguirás,

sin reparar en tu ventaja:

que eres tú quien la lleva,

quien la doma y la amortaja,

caminando.

Eres un espacio que se vuelve

sin espina y que se pierde

en la alegría de volverse.

Pero ya tu voz se está quedando,

Ya tu mano está grabando

todo un nombre con sus dientes.

Quién que no haya visto la tristeza

con sus cuatro mil cabezas

puede oírte con descanso.

Quién que no haya amado largamente

y convivido con lo extraño

de este tiempo sin remansos.

Te conocí pegado a la pared del cielo un día.

Ibas llevando entonces bajo el brazo una guajira

y caminando,

caminando.

 

 

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