La neuróloga Andrea Marengo explicó en Hola Gente cuándo un olvido puede ser parte del paso del tiempo y cuándo debe encender una alerta. En diálogo con Ciudad FM, diferenció los olvidos benignos de aquellos que pueden interferir en la vida diaria y requerir una consulta profesional.

En una entrevista realizada en el programa Hola Gente, por Ciudad FM 90.5, la neuróloga Andrea Marengo abordó un tema que atraviesa a muchas familias: la memoria, los olvidos frecuentes y las señales que pueden indicar un deterioro cognitivo. La profesional explicó que no todo olvido debe interpretarse como una enfermedad, pero remarcó la importancia de prestar atención cuando esos episodios comienzan a afectar la vida cotidiana.

Marengo distinguió entre lo que definió como “olvido benigno” y “olvido maligno”, una forma simple de explicar cuándo una situación puede considerarse habitual y cuándo merece una consulta. “El olvido benigno es cuando el paciente se queja mucho de sus olvidos”, señaló. Como ejemplo mencionó situaciones cotidianas como ir a buscar algo a la heladera y no recordar qué era, pero luego recuperar la información al volver sobre los pasos o recibir una pista.

Según explicó, este tipo de olvido suele aparecer con los años, puede incluir dificultades para recordar nombres, palabras o dónde se dejaron objetos, pero no afecta la autonomía de la persona. “Las actividades cotidianas no se afectan. La persona puede cuidarse sola, cocinar, trabajar, está orientada”, indicó.

La señal de alarma aparece cuando el olvido interfiere directamente en la vida diaria. “El olvido maligno es cuando el paciente minimiza lo que le está pasando o niega directamente el problema”, sostuvo Marengo. En esos casos, la persona puede olvidar conversaciones completas, eventos recientes, citas importantes o no recordar qué iba a hacer incluso después de volver al lugar donde inició la acción.

La neuróloga explicó que estos cuadros pueden estar vinculados a etapas iniciales de demencia y que por eso es clave actuar a tiempo. “La consulta precoz es la que salva. Es la que me va a orientar dónde estoy parada”, afirmó. También remarcó que no siempre una pérdida de memoria significa Alzheimer o demencia, ya que puede estar relacionada con depresión, alteraciones tiroideas, déficit de vitamina B u otros factores tratables.

Durante la entrevista, Marengo también advirtió sobre el impacto del estrés, la ansiedad y el uso excesivo de pantallas. Explicó que la memoria depende de una adecuada atención inicial y que el bombardeo constante de mensajes, redes sociales, correos y notificaciones afecta la concentración. “Si la persona no tiene atención, no va a tener memoria”, señaló.

Uno de los puntos más fuertes de la charla fue el uso del celular durante la noche. La especialista indicó que las pantallas antes de dormir afectan el inicio del sueño, reducen su calidad y dificultan la consolidación de los recuerdos. También habló de la “fatiga cognitiva”, producto de la sobrecarga permanente de información. “Nos levantamos: teléfono. Nos acostamos: teléfono. Vamos al cumpleaños: teléfono”, graficó.

Marengo destacó que la actividad física, la alimentación saludable, el descanso, la vida social y la estimulación cognitiva son fundamentales para proteger la memoria. “El ejercicio físico es la droga más barata”, expresó, al remarcar que tiene beneficios no solo neurológicos, sino también cardíacos y respiratorios.

La profesional también recomendó no aislarse, especialmente en personas mayores. “No se queden encerrados en la casa”, aconsejó. Para Marengo, juntarse con otras personas, conversar, participar de actividades, tejer en grupo, escribir, leer o jugar juegos como el Tutti Frutti pueden funcionar como estímulos importantes para la memoria.

En ese sentido, remarcó que anotar tareas o compras no es negativo, sino todo lo contrario. Explicó que al escribir, leer y repetir la información, la persona también está fijando recuerdos. “Cuando uno anota, lo aprende. Escribiendo lo está fijando”, sostuvo.

La entrevista dejó una conclusión clara: olvidar algunas cosas puede ser normal, pero cuando el olvido se vuelve frecuente, progresivo o afecta la vida diaria, es necesario consultar. Marengo insistió en que la clave está en ocuparse a tiempo, detectar la causa y trabajar con estimulación cognitiva, hábitos saludables y acompañamiento profesional.

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