Las fuertes heladas registradas en Mendoza encendieron la preocupación entre los productores de la zona Este. Luis Cañas aseguró que hubo sectores donde el daño habría alcanzado el 100% y explicó que el impacto se agrava por el elevado costo que implica combatir temperaturas de hasta cuatro grados bajo cero durante varias horas.
El productor dialogó con Hugo Lombardi y Susana Gómez en el programa Antes de Ver el Sol, por Ciudad FM 90.5, y describió una situación que calificó como compleja no solamente por el fenómeno climático, sino también por las dificultades económicas que atraviesa actualmente la actividad agrícola.
Según relató, la helada se prolongó durante aproximadamente cuatro horas con registros cercanos a los cuatro grados bajo cero, una condición que vuelve muy difícil la protección de los cultivos, incluso para quienes realizan lucha activa.
“Fueron cuatro horas de heladas de cuatro grados bajo cero, muy difícil de combatir”, explicó Cañas.
Uno de los principales problemas, señaló, es el costo de los combustibles necesarios para sostener los quemadores durante períodos prolongados. En algunos casos, los productores recurren a gasoil, leña, aceites quemados y otros recursos para elevar la temperatura entre las hileras y evitar que el frío alcance los tejidos más sensibles de las plantas.
Sin embargo, cuando las bajas temperaturas se mantienen durante varias horas, el consumo aumenta significativamente.
“El más efectivo sería con combustible, con gasoil, con los quemadores puestos entre las hileras”, detalló el productor al referirse a los métodos disponibles para enfrentar la helada.
La denominada lucha activa consiste en generar calor dentro de la finca para intentar mantener la temperatura por encima de niveles críticos. Cañas explicó que existe además una protección pasiva, basada en mantener el suelo asentado, húmedo, con poca maleza y sin movimientos recientes de tierra.
Ese sistema, no obstante, tiene limitaciones importantes frente a temperaturas extremas.
“Con una temperatura de cuatro, cinco grados bajo cero, eso no da efecto”, advirtió.
El mayor impacto de la helada reciente se habría registrado sobre frutales que se encuentran en floración o comenzando el proceso de formación del fruto. Cañas mencionó especialmente al durazno, la ciruela y el damasco.
Según explicó, cuando el fruto recién formado es todavía extremadamente pequeño, temperaturas inferiores a dos grados bajo cero pueden provocar su quemado y posterior pérdida.
“La quema, la seca”, describió al explicar qué sucede cuando el frío alcanza al fruto en sus primeras etapas de desarrollo.
El diagnóstico definitivo todavía requiere tiempo. El productor aclaró que es prematuro establecer un porcentaje general de pérdida, aunque indicó que ya existen diferencias muy importantes entre distintas zonas.
“Hay zonas que han sido del cien por ciento, otras del ochenta, otras del cincuenta”, afirmó durante la entrevista.
Más adelante, Cañas indicó que había recibido reportes de fincas ubicadas en sectores de Montecaseros, Alto El Salvador, donde las pérdidas alcanzarían el 100%, según lo expresado durante la entrevista.
El productor sostuvo que la gravedad del escenario no puede analizarse únicamente desde el punto de vista climático. A la posibilidad de perder parte o la totalidad de una cosecha se suma una situación económica que, según afirmó, deja a muchos productores con escaso margen para afrontar combustibles, riego y otras tareas necesarias para proteger la finca.
“La situación es grave, no solo por helada, sino por la situación económica del productor”, sostuvo.
Cañas manifestó que muchos productos agrícolas no alcanzan valores suficientes para compensar los costos de producción y que, en algunos casos, el gasto destinado a combatir una helada puede no recuperarse posteriormente con la cosecha.
También explicó que los efectos cambian según el cultivo y el estado de desarrollo de cada planta. En los frutales, la flor o el fruto pueden quemarse y caer. En la vid, una helada sobre brotes ya desarrollados puede afectar además el sarmiento que tendrá importancia productiva en la temporada siguiente.
Por ese motivo, una helada no siempre implica solamente perder la producción inmediata.
En el caso de determinados brotes de vid, Cañas señaló que al quemarse la primera yema puede aparecer una segunda con menor capacidad productiva, generando consecuencias que se trasladan hacia el siguiente ciclo.
Otro de los puntos abordados durante Antes de Ver el Sol fue la utilización de tela antigranizo. Cañas aclaró que este sistema no funciona como una protección efectiva frente al frío, ya que permite el paso del aire y no genera un efecto invernadero capaz de contener la temperatura dentro del cultivo.
La preocupación se incrementa además por la posibilidad de nuevas heladas.
Según señaló durante la entrevista, existía la probabilidad de un nuevo ingreso de aire polar durante el fin de semana, circunstancia que podría encontrar a más frutales en estados avanzados de floración y a otras especies comenzando su brotación.
A medida que avanza la temporada, explicó, aumenta también la cantidad de cultivos expuestos.
La helada analizada habría afectado principalmente a duraznos, ciruelas y damascos, mientras que futuros eventos podrían alcanzar también a otras producciones a medida que desarrollen flores o brotes.
Cañas explicó además que la intensidad de la helada puede variar incluso dentro de una misma zona productiva. Los sectores más bajos tienden a registrar temperaturas menores que los puntos más elevados, aunque con registros de cuatro o cinco grados bajo cero el daño puede extenderse prácticamente a toda una finca.
Durante la charla también describió las denominadas “heladas negras”, cuya consecuencia puede observarse sobre la parte superior de las plantas aun cuando la vegetación cercana al suelo no muestre inicialmente los mismos signos de daño.
Para conocer con mayor precisión la magnitud de las pérdidas es necesario revisar las flores y esperar la evolución de los frutos.
Cañas explicó que, cuando la helada fue intensa, los daños pueden observarse rápidamente después de la salida del sol. En situaciones menos evidentes, el productor debe abrir las flores y revisar el pequeño fruto que se está formando en su interior.
Si aparece gris, oscuro o quemado, significa que la helada lo afectó.
Según estimó, en aproximadamente una semana podría conocerse con mayor claridad la pérdida efectiva en producciones como ciruela, damasco y durazno, una vez que caigan los pétalos y pueda observarse cuánto fruto quedó realmente en las plantas.
Ante la posibilidad de nuevos episodios de frío, el panorama vuelve a depender de la capacidad económica de cada productor.
Quienes dispongan de recursos podrán comprar nuevamente combustible y preparar los quemadores, mientras que otros deberán recurrir principalmente al riego y al manejo del suelo. Cañas destacó que mantener humedad en el terreno puede colaborar dentro de las estrategias de protección, aunque indicó que productores de la zona Este habían atravesado recientemente una interrupción del suministro superficial de agua.
La pérdida de una cosecha tampoco significa que puedan abandonarse inmediatamente los trabajos de la finca.
Incluso cuando el daño es total, Cañas recordó que las plantas deben continuar recibiendo riego, tratamientos y las tareas culturales necesarias para poder llegar en condiciones a la temporada siguiente.
“No es que se abandona; lamentablemente hay que seguir”, remarcó.
El productor sintetizó así uno de los problemas más duros de la actividad: continuar invirtiendo durante meses aun después de perder la posibilidad de obtener ingresos con esa cosecha.
“Hay que seguir regándolo, hay que curarlo y seguir haciendo las tareas culturales para esperar un año más, sin tener rentabilidad”, explicó.
La entrevista completa a Luis Cañas en Antes de Ver el Sol expone no solamente cómo actúa una helada sobre los distintos cultivos, sino también la dificultad económica que enfrentan numerosos productores para proteger sus fincas frente a fenómenos climáticos cada vez que las bajas temperaturas coinciden con momentos críticos de floración y brotación.





































