La psicóloga Agostina Della Longa analizó cómo la inmediatez, los mensajes sin respuesta y la exposición en redes sociales pueden despertar ansiedad, celos e inseguridad dentro de los vínculos afectivos. La especialista destacó la importancia de fortalecer la autoestima, establecer límites y recuperar las conversaciones cara a cara.
Un visto, una respuesta que demora, una historia que no recibe reacción o una fotografía que la pareja decide no publicar pueden convertirse en disparadores de dudas y sobreinterpretaciones. Durante una entrevista con Carina Coria en Mañanas de Ciudad, por Ciudad FM 90.5, la licenciada en Psicología Agostina Della Longa explicó cómo las redes sociales modificaron la forma de conocerse, comunicarse y construir relaciones.
La especialista sostuvo que la era digital produjo un cambio de paradigma. En la actualidad, un mensaje permite contactar en segundos a una persona ubicada en cualquier lugar del mundo. Esa facilidad, sin embargo, también creó una expectativa permanente de inmediatez: se envía un mensaje y se espera una contestación casi instantánea.
Esa expectativa puede generar interpretaciones que no necesariamente coinciden con la realidad. Una respuesta breve puede ser leída como enojo, una demora puede asociarse con falta de interés y la ausencia de una fotografía compartida puede interpretarse como falta de amor. En muchos casos, detrás de esas conclusiones no existe una conversación directa, sino una acumulación de supuestos.
Della Longa explicó que la ansiedad es una respuesta natural del organismo frente a situaciones que son percibidas como una alarma, un peligro o una incertidumbre. Cuando una persona permanece pendiente de una respuesta, revisa constantemente el teléfono y trata de descifrar qué está pensando el otro, puede ingresar en un ciclo de alerta y desgaste emocional.
La especialista describió ese proceso como un bucle formado por la espera, la suposición y la necesidad de obtener una certeza. Si el mensaje esperado no llega, la persona puede pasar horas tratando de completar con pensamientos propios la información que no tiene. Esa carga mental también puede afectar la concentración y la posibilidad de continuar con las actividades cotidianas.
Las redes ofrecen señales que fácilmente pueden convertirse en códigos emocionales: un me gusta, una canción compartida, una conexión reciente, una historia publicada o el aumento de seguidores. El problema aparece cuando cada movimiento digital es interpretado como una prueba sobre lo que la otra persona siente o desea.
Una canción triste puede haber sido elegida simplemente por un recuerdo personal y no porque exista una crisis sentimental. Del mismo modo, que alguien deje de publicar durante un tiempo no significa necesariamente que esté ocultando una relación. Para Della Longa, muchas de estas interpretaciones permanecen sostenidas por la incertidumbre hasta que alguien decide preguntar directamente qué está ocurriendo.
La psicóloga remarcó que las redes permiten una enorme cercanía práctica, pero esa conexión no siempre representa cercanía emocional. Dos personas pueden hablar durante todo el día y, aun así, no conocer realmente qué está sintiendo la otra.
En la comunicación digital se pierden elementos centrales como los gestos, las pausas, el tono, la postura corporal y la posibilidad de observar una reacción inmediata. Por esa razón, una conversación por teléfono puede resultar útil y rápida, pero no siempre reemplaza el encuentro presencial, especialmente cuando deben abordarse conflictos, decisiones importantes o temas emocionalmente incómodos.
“Las parejas perfectas no existen; existen las conversaciones incómodas, los límites y la negociación”, señaló Della Longa al cuestionar las imágenes idealizadas que circulan en las plataformas. Las redes muestran momentos seleccionados, pero no reflejan la totalidad de una relación ni las dificultades que atraviesa cada pareja.
La exposición pública tampoco constituye una prueba definitiva de amor. “Cada uno elige qué mostrar”, sostuvo la especialista. Algunas parejas comparten viajes, celebraciones y momentos cotidianos, mientras que otras deciden proteger su intimidad y mantener la vida personal fuera de las plataformas. Ninguna de esas elecciones permite determinar, por sí sola, la calidad del vínculo.
La entrevistada también analizó la relación entre redes sociales, celos y necesidad de control. Aclaró que los celos existían antes de la aparición de estas plataformas, aunque la tecnología incorporó nuevos espacios para vigilar seguidores, reacciones, conexiones y conversaciones.
Esa conducta puede estar relacionada con la inseguridad y con una búsqueda constante de aprobación. Compararse con las fotografías de otras personas, publicar para provocar una reacción o exigir acceso al teléfono de la pareja no fortalece automáticamente la relación. “La pareja no va a ser mejor o más linda por tener la clave del teléfono o de las redes sociales”, advirtió.
Para construir un vínculo saludable, Della Longa colocó los límites como elemento central. Cada pareja necesita conversar qué conductas acepta, qué considera una falta de respeto y cómo desea relacionarse. Esas reglas no son necesariamente iguales para todos los vínculos y deben surgir del diálogo entre las personas involucradas.
La especialista también subrayó la importancia de preservar la individualidad. Estar en pareja no implica abandonar amistades, actividades personales, espacios familiares, momentos de ocio o tiempo en soledad. Uno de los mitos analizados durante la entrevista fue la idea de que una pareja feliz debe hacer todo en conjunto.
La autoestima ocupa un lugar decisivo dentro de este proceso. La falta de respuesta o el rechazo de otra persona no determinan el valor personal. Que alguien no tenga el mismo interés afectivo no significa que exista una falla individual, sino que las preferencias y expectativas pueden ser diferentes.
En ese sentido, la psicóloga planteó que una persona puede reconocer su propio valor y, al mismo tiempo, aceptar que el otro tome una decisión distinta. También puede establecer hasta dónde está dispuesta a continuar ante una infidelidad o una situación que vulnera los acuerdos construidos dentro de la relación.
El uso del teléfono durante los encuentros presenciales fue otro de los puntos abordados. Una reunión entre amigos, familiares o parejas puede producirse físicamente sin que exista una verdadera disponibilidad emocional, especialmente cuando cada persona permanece concentrada en su pantalla.
“No hay presencia emocional; no nos estamos vinculando si estamos presencialmente y cada uno está en su mundo”, explicó. Como práctica concreta, mencionó la posibilidad de dejar los teléfonos a un lado cuando se producen conversaciones profundas o encuentros esperados durante mucho tiempo.
La entrevista también permitió revisar algunos de los principales mitos del amor en redes. Que una persona ame no significa que deba contestar inmediatamente, publicar fotografías de la relación, reaccionar a todas las historias o saber lo que siente su pareja sin que exista una conversación. Tampoco es cierto que encontrar a la persona indicada convierta automáticamente la relación en un camino sencillo.
Della Longa remarcó que el amor necesita palabras, demostraciones, acuerdos y reconocimiento de las diferentes formas de expresar afecto. Para una persona puede resultar importante escuchar un “te amo”, mientras que otra puede valorar especialmente las acciones. Identificar esas diferencias permite comprender qué necesita cada integrante del vínculo para sentirse querido.
Las aplicaciones de citas también introdujeron una modalidad distinta. A diferencia de las redes sociales convencionales, suelen explicitar desde el comienzo la búsqueda de un encuentro afectivo, sexual o de pareja. Sin embargo, esa finalidad más directa no elimina la necesidad de comunicación, respeto y límites.
Durante los minutos finales, la psicóloga habló sobre expresiones surgidas de la cultura digital, como “farmear aura”. Según lo expresado durante la entrevista, se trata de una tendencia vinculada con el universo gamer mediante la cual adolescentes realizan gestos, bailes o competencias para sumar puntos simbólicos y obtener reconocimiento.
Della Longa propuso no observar esas prácticas únicamente desde la crítica o la ridiculización. Las definió como formas de expresión, encuentro y recreación que también pueden brindar validación entre pares. Frente a estas nuevas tendencias, recomendó que docentes, familias y adultos intenten comprenderlas para acompañar a los adolescentes.
La reflexión central de la entrevista fue que la tecnología no determina por sí sola la calidad de una relación. Las redes pueden acercar, facilitar encuentros y sostener contactos a distancia, pero también pueden amplificar inseguridades cuando reemplazan la comunicación directa.
“Nunca dejarnos de lado nosotros mismos. Ceder en el caso de que sea necesario, pero respetándonos”, concluyó Della Longa. La entrevista completa de Mañanas de Ciudad permite profundizar en los mitos, tensiones y desafíos que atraviesan al amor en tiempos de redes sociales.






































