Raquel Ghilardi explicó cómo se acompaña a los estudiantes con faltas injustificadas y qué respuestas se acuerdan con sus familias. Cambios de escuela o de turno, articulación con municipios y apoyo pedagógico forman parte de las estrategias descriptas.
La asistencia escolar y el acompañamiento de las trayectorias educativas ocupan un lugar central en el seguimiento de alumnos de primaria en Mendoza. Raquel Ghilardi explicó que, dentro de un universo de alrededor de 11.000 estudiantes mencionado durante la entrevista, hay 8.051 sobre los que se trabaja especialmente para evitar que una situación de riesgo por inasistencias avance hacia una condición crítica.
En diálogo con Antes de Ver el Sol, conducido por Hugo Lombardi y Susana Gomez, la referente del nivel primario de la Dirección General de Escuelas aclaró que esas cifras requieren distinguir situaciones. No todos los alumnos mencionados se encuentran en la misma condición ni reciben una respuesta idéntica: el abordaje busca reconocer qué ocurre con cada trayectoria y qué dificultades enfrenta la familia.
Ghilardi señaló que la preocupación se concentra en las inasistencias injustificadas. La distinción es importante porque no se trata de equiparar una ausencia por enfermedad, una dificultad de traslado o una situación extraordinaria con una falta que no tiene explicación registrada. El trabajo escolar, sostuvo, parte de establecer el motivo antes de definir cómo intervenir.
Entre las respuestas mencionó el diálogo con familias que viven lejos de la institución. En esos casos, explicó que se han ofrecido vacantes en escuelas más próximas al domicilio o se han revisado posibilidades de facilitar el traslado. También describió cambios de turno cuando la organización familiar dificultaba sostener la asistencia en el horario original.
Cuando aparecen problemas sociales o económicos, indicó que se articula con los municipios para buscar soluciones. Ese acompañamiento se suma al trabajo pedagógico y procura atender las condiciones que impiden llegar a clase. La entrevistada remarcó que las medidas se analizan con la familia, en lugar de considerar todas las faltas como situaciones equivalentes.
La distribución de los casos tampoco permite ubicar el problema en un único lugar de la provincia o en un grado determinado. Ghilardi recordó que el nivel primario comprende 725 instituciones y explicó que las dificultades pueden afectar a varios integrantes de una misma familia, aunque cursen años diferentes. Por eso, el seguimiento también contempla el núcleo familiar.
Para detectar las ausencias, cada escuela cuenta con un docente que cumple la función de líder de asistencia. Esa persona trabaja junto con los maestros de grado y observa la evolución de las faltas del conjunto de los estudiantes. La finalidad, según describió, es intervenir desde las primeras señales y mantener un registro que permita acompañar cada situación.
La referente explicó que tres inasistencias injustificadas consecutivas dan lugar a un primer contacto con la familia para conocer qué sucedió. A medida que las faltas se incrementan, se refuerzan las comunicaciones y las conversaciones con los adultos responsables. El procedimiento no se limita a contabilizar días: busca entender el problema y acordar una respuesta que permita recuperar la presencialidad.
En ese marco, también se revisa la documentación que respalda las ausencias por salud. Ghilardi señaló que el certificado médico no es el único elemento que puede considerarse. Ante dificultades para obtenerlo, explicó que se dialoga con las familias y pueden valorarse constancias de turnos, recetas o indicaciones que permitan registrar la atención o la situación que motivó la falta.
La entrevistada vinculó ese criterio con las condiciones del sistema de salud, particularmente en momentos de mayor demanda. Sostuvo que la escuela debe conocer qué ocurrió con el alumno y, al mismo tiempo, evitar que una exigencia administrativa impida reconocer una situación real. La conversación con la familia, agregó, permite analizar esos casos y sostener el cuidado del estudiante.
El seguimiento de la asistencia se complementa con estrategias para fortalecer los aprendizajes. Ghilardi describió un trabajo con docentes que acompañan a alumnos cuyas trayectorias se han debilitado y concentran la intervención en los saberes prioritarios. La intención es atender las dificultades durante el año, sin esperar a que llegue una instancia final de intensificación.
También indicó que los estudiantes que ya se encuentran en una situación crítica están siendo abordados. En esos casos, el vínculo con la familia y el trabajo sobre los contenidos se desarrollan antes de la extensión o intensificación prevista para su trayectoria. La asistencia, explicó, es una condición para aprender, pero necesita estar acompañada por una intervención pedagógica concreta.
Respecto de la promoción, aclaró que los alumnos deben acreditar los saberes correspondientes. Si esos aprendizajes no se alcanzan, señaló que el estudiante tendrá que permanecer en el grado. Por eso, planteó que las estrategias de acompañamiento buscan que la recuperación de la presencialidad se traduzca en aprendizajes reales y no solamente en una mejora del registro de asistencia.
Ghilardi sostuvo que el propósito es restituir y proteger derechos, tanto en educación como en salud, y acompañar a las familias que encuentran dificultades para sostener la escolaridad. Su planteo puso el foco en la detección temprana, la continuidad de las conversaciones y la búsqueda de soluciones específicas para que los alumnos puedan estar en la escuela y aprender.





































