La ingeniera agrónoma Marianela Porro explicó que la humedad sostenida dificulta los tratamientos fitosanitarios y puede afectar tanto la calidad como el rendimiento de la producción. El INTA abordó el manejo de enfermedades y las aplicaciones con drones.
Un escenario de lluvias más frecuentes e intensas obliga a productores de la zona Este de Mendoza a revisar las prácticas habituales de manejo de sus cultivos. Marianela Porro, ingeniera agrónoma y responsable de la Agencia de Extensión Rural de INTA Junín, advirtió en HOLA GENTE que el aumento de la humedad favorece la aparición de enfermedades y complica el ingreso de maquinaria a las fincas.
La especialista explicó que el fenómeno de El Niño, asociado en la entrevista con una temporada de precipitaciones superiores a las habituales, no solamente supone riesgos de lluvia y granizo. También modifica las condiciones en las que se desarrollan hongos y otros organismos que afectan viñedos, frutales, olivos y hortalizas. Los cultivos no presentan necesariamente las mismas enfermedades, pero pueden compartir un problema: períodos prolongados de humedad.
En la vid, Porro mencionó especialmente peronóspora, oídio y botritis, vinculada con distintos procesos de podredumbre. Aclaró que estos agentes pueden permanecer en el ambiente y que su impacto depende de la combinación de temperatura, humedad y estado de desarrollo de la planta. La brotación y la floración, por ejemplo, son momentos que requieren una observación cuidadosa del riesgo sanitario.
Una dificultad práctica aparece cuando llueve poco después de una aplicación. Los productos preventivos de contacto permanecen en la superficie de la planta y pueden lavarse con nuevas precipitaciones. Los sistémicos, en cambio, ingresan al vegetal y ofrecen otra modalidad de protección, aunque suelen ser más costosos. La elección, explicó, no puede realizarse por una receta fija: depende del producto, el cultivo, las condiciones meteorológicas y las indicaciones técnicas de cada caso.
La cantidad de tratamientos tampoco debe resolverse por calendario sin considerar la realidad de la finca. Porro indicó que, de manera general, pueden realizarse tres o cuatro intervenciones durante una temporada, pero advirtió que las lluvias pueden alterar los tiempos y el acceso. En suelos arcillosos, una precipitación importante puede impedir el ingreso de tractores durante varios días. Una nueva lluvia en ese intervalo agrava el desafío de proteger las plantas en el momento indicado.
El INTA también presentó las aplicaciones mediante drones como una alternativa tecnológica cuando el terreno no permite ingresar con equipos tradicionales. La agrónoma describió aeronaves con depósitos de aproximadamente 15 a 20 litros, capaces de realizar pulverizaciones con gotas finas. La técnica puede utilizarse en distintos sistemas de conducción de la vid, con ajustes de vuelo y formulación. Mencionó ventajas operativas, como la rapidez y la posibilidad de trabajar en horarios diferentes, pero no dio un valor por hectárea y evitó afirmar un costo sin información actualizada.
La capacitación anunciada para el jueves 22 de octubre, a partir de las 9, en el salón del INTA Junín de calle Isidro Busquets, reunía información sobre enfermedades y una demostración explicativa de esta modalidad de aplicación. La actividad fue planteada para que los productores conocieran opciones y plantearan dudas antes de decidir cómo actuar en sus propiedades.
Porro también puso el foco en el manejo del agua de riego. Explicó que, después de lluvias abundantes, agregar agua sin evaluar el estado del suelo puede perjudicar a la planta. El exceso de humedad limita la disponibilidad de oxígeno para las raíces y puede provocar síntomas, como el amarillamiento de hojas, que se confunden con otras deficiencias. Por ese motivo, insistió en mirar el cultivo de manera integral y consultar cuando el diagnóstico no esté claro.
El posible retraso en la maduración de las uvas, las podredumbres y la dificultad para completar labores culturales pueden repercutir en el volumen cosechado, la calidad de los frutos y los ingresos del productor. En el caso vitivinícola, la sanidad de la uva condiciona además el trabajo posterior en bodega. Sobre las heladas recientes, la entrevistada aclaró que todavía no contaba con tasaciones oficiales de daños y evitó dar porcentajes estimativos.
Como antecedente climático, la ingeniera mencionó la temporada 2015-2016, aunque señaló que las proyecciones comentadas en las capacitaciones indicaban la posibilidad de una situación más intensa. La recomendación general del INTA fue realizar seguimiento permanente de cada finca, no generalizar tratamientos y acudir a los técnicos de extensión para adoptar decisiones según las condiciones reales del cultivo.





































