Pablo Guillermo Cebollero lleva seis meses viajando en un camión de 80 años, al que llama El Viejo. Lo rescató de la historia de una familia de San Rafael, lo transformó en vehículo recreativo y sueña con llegar hasta Alaska sin imponerse una fecha de regreso.
Para Pablo Guillermo Cebollero, viajar no significa llegar rápido, sino aprender a detenerse. Desde Villa Allende, Córdoba, emprendió un recorrido por América en un Chevrolet de 1946 restaurado y adaptado como vivienda. Al camión lo llama El Viejo y lo presenta como su compañero de camino, una máquina de ochenta años con la que busca cumplir un sueño postergado durante mucho tiempo.
El viajero contó su historia en MAÑANAS DE CIUDAD, donde explicó que el proyecto Andando los Sueños comenzó mucho antes de poner el vehículo en marcha. La idea de recorrer rutas y conocer personas surgió de una familia acostumbrada a viajar. Con el crecimiento de sus hijos y la llegada de una etapa diferente de su vida, decidió que las condiciones finalmente estaban dadas para salir, sin seguir esperando una oportunidad ideal.
El camión tiene una relación especial con Mendoza. Según recordó, perteneció a una familia de San Rafael y trabajó durante años en ese departamento. Después de una búsqueda prolongada, Cebollero lo encontró en Mendoza capital, donde pudo verlo y comprarlo. Lo llevó a Córdoba para realizar la transformación. Más recientemente regresó a San Rafael y conoció a integrantes de la familia que lo habían tenido, un encuentro que le permitió reconstruir recuerdos y detalles de la vida anterior del vehículo.
La adaptación mantuvo el espíritu de un camión antiguo. Pablo explicó que no le instaló una radio moderna y que sigue conduciendo acompañado por el sonido del motor, algunas canciones reproducidas desde el celular y largos momentos de reflexión. El vehículo no cuenta con las comodidades de manejo de los automóviles actuales, pero esa lentitud forma parte de la experiencia que eligió vivir.
La vivienda que montó en la parte trasera funciona como una unidad de tipo camper, que puede separarse del camión mediante apoyos. En su interior tiene mesa para trabajar y comer, mesada, pileta, agua fría y caliente, heladera doméstica, cocina de cuatro hornallas con horno y un baño con ducha. No es una casilla de arrastre, sino una casa móvil sobre un vehículo de otra época, pensada para sostener un viaje largo con autonomía cotidiana.
Al momento de la entrevista, Pablo cumplía seis meses desde su salida, iniciada un 20 de abril. Aseguró que el tiempo en ruta le enseñó tanto como el proyecto mecánico: descubrió comunidades, hizo amistades y encontró personas que se acercan por interés en los vehículos históricos o porque también sueñan con vivir una experiencia semejante.
El destino final que imagina es Alaska, después de recorrer distintos países del continente. No fijó una fecha de llegada ni una duración total, porque considera que eso lo obligaría a volver a viajar apurado. Tampoco tiene resueltos todos los obstáculos logísticos. Entre ellos mencionó el paso del Tapón del Darién, que separa las rutas terrestres de Colombia y Panamá y obliga a planificar un traslado especial del vehículo. Su postura es buscar soluciones concretas cuando llegue el momento de cada etapa.
El camión llama la atención en pueblos, estaciones y encuentros de viajeros. Varias personas le han preguntado si lo vendería y, aunque alguna oferta fue seria, su respuesta por ahora es negativa. Lo considera parte fundamental del sueño que decidió hacer realidad. Incluso cuando piensa en posibles roturas o problemas mecánicos, prefiere reconocer la dificultad sin dejar que el temor detenga todo el proyecto.
Durante su paso por Mendoza comentó que había visitado bodegas, que quería seguir conociendo la cultura vitivinícola y que participaría en un encuentro de vehículos recreativos con invitados de distintos países. También expresó su deseo de obtener una fotografía emblemática del Chevrolet en la capital mendocina, como recuerdo del paso por la provincia.
Cebollero comparte la experiencia en redes sociales y especialmente en su canal de YouTube, donde utiliza el nombre Andando los Sueños. Invitó a quienes lo siguen a acompañar virtualmente las rutas, las personas y los aprendizajes de cada escala. Su historia plantea una pregunta que va más allá de los motores antiguos: cuánto tiempo se posterga un deseo por miedo a los imprevistos y qué cambia cuando alguien decide finalmente comenzar a recorrerlo.





































