Tras una actividad técnica en el INTA Junín, Marianela Porro repasó cómo la lluvia y la humedad aumentan la atención sobre enfermedades fúngicas en los viñedos. También habló de aplicaciones con drones, protección del personal y una próxima muestra tecnológica del INTA.
La humedad acumulada en los viñedos obliga a tomar decisiones rápidas, pero también precisas. Las lluvias y los períodos con hojas mojadas pueden favorecer enfermedades que afectan la vid, especialmente en momentos sensibles del ciclo productivo. Marianela Porro, profesional del INTA Junín, abordó estas preocupaciones en MAÑANAS DE CIUDAD y realizó un balance de una jornada técnica dedicada a la sanidad vegetal.
La entrevistada se refirió a enfermedades como peronóspora, oídio y botritis, que requieren atención según las condiciones ambientales y el estado del cultivo. Explicó que no todos los problemas aparecen de la misma manera ni se manejan con idénticas herramientas. La identificación correcta es un paso previo a cualquier decisión de control.
Porro insistió en la importancia del seguimiento del viñedo. La presencia de humedad no significa automáticamente que toda parcela esté enferma, pero puede aumentar el riesgo y justificar recorridas más frecuentes. Observar hojas, racimos y sectores de mayor vulnerabilidad permite reunir información antes de intervenir.
La charla retomó una actividad desarrollada el 22 de octubre en el INTA Junín, donde se expusieron tecnologías de aplicación y criterios para mejorar la cobertura de los tratamientos. La demostración incluyó equipos terrestres y drones, una alternativa que despierta interés por su capacidad de entrar en zonas donde el tránsito de maquinaria convencional se dificulta, por ejemplo después de lluvias que dejan el suelo blando.
Según explicó la especialista, los drones no constituyen una solución automática para todos los lotes ni para todos los productos. Su eficacia depende del equipo, las condiciones meteorológicas, el cultivo, el diseño del tratamiento y la distribución real de las gotas sobre el objetivo. Por eso, la jornada se orientó a comparar herramientas y comprender sus limitaciones.
Uno de los recursos demostrativos consistió en observar la cobertura bajo luz ultravioleta. Esta técnica permite identificar de manera visual dónde llegaron las gotas de aplicación sobre hojas y sectores del cultivo. En la experiencia también se trabajó bajo malla antigranizo, un escenario relevante en la viticultura mendocina que puede influir en la circulación del equipo y el alcance del tratamiento.
La profesional diferenció los productos de contacto de aquellos con acción sistémica, sin recomendar formulaciones comerciales ni dosis concretas. Esa distinción importa porque la forma en que un tratamiento actúa dentro o fuera del tejido vegetal condiciona la estrategia sanitaria. Las decisiones de uso deben ajustarse a la etiqueta autorizada, al diagnóstico y a la recomendación de un profesional competente.
Los costos también formaron parte de las preguntas. Porro explicó que no puede establecerse una tarifa universal para las aplicaciones con drones, ya que intervienen la superficie, el servicio contratado, el objetivo y las condiciones del lote. Se mencionaron experiencias comerciales de gran escala, pero las superficies citadas por proveedores deben entenderse como referencias de los participantes de la jornada y no como cifras auditadas por el INTA.
La seguridad ocupó un lugar central. El manejo de productos fitosanitarios exige elementos de protección personal adecuados, capacitación y medidas para reducir exposición del operario y de terceros. La facilidad de acceso que ofrece un equipo tecnológico no elimina las obligaciones de seguridad ni autoriza aplicaciones fuera de las normas correspondientes.
Finalmente, Porro anticipó una actividad de exposición y vinculación tecnológica por el 70.º aniversario del INTA, prevista para el 6 y 7 de noviembre en Luján de Cuyo. La fecha fue mencionada como parte de la agenda institucional y conviene verificar programa, sede exacta y horarios en los canales oficiales.
El mensaje de la entrevista fue claro: ante nuevas condiciones climáticas, los productores necesitan información local y herramientas bien evaluadas. Los drones amplían las opciones, pero una sanidad vegetal responsable sigue comenzando por observar, diagnosticar y decidir con criterio técnico.





































