En la arena política la réplica inmediata y el golpe al adversario suelen ser la norma, la actitud del intendente de San Martín, Raúl Rufeil, frente al reciente conflicto con el Club Tacurú marca un contraflujo evidente.
El jefe comunal optó por el silencio estratégico: no replicó a la institución que lo había denunciado ni realizó declaraciones públicas que pudieran dañar el prestigio del club.

Esta postura evoca, de manera casi mística, un espíritu protector y conciliador que recuerda al sincretismo de San Simón. Hay un detalle que suma una particular coincidencia simbólica: la nota de disculpas fue realizada el 28 de octubre, precisamente el día en que se celebra a San Simón.
En un contexto donde la ética suele ser ajena al lenguaje y a la acción partidaria, el comportamiento de Rufeil se comprende mejor al revisar su matriz ideológica. Su formación política y humana abreva directamente en las fuentes de referentes históricos de la Unión Cívica Radical como Arturo Illia y Amadeo Sabattini, donde la mesura y el respeto institucional se anteponen a la disputa mediática.

Este proceder remite inevitablemente al 30 de octubre de 1983, cuando Raúl Alfonsín, en el día del histórico triunfo radical, sentenció: «Hemos vencido, pero no hemos derrotado a nadie». Esa misma premisa parece guiar la gestión del intendente sanmartiniano, quien, a pesar de haber cosechado resonantes triunfos políticos —devolviéndole a la UCR en el departamento viejos laureles que no se recuperaban desde hacía 32 años—, elige no hacer del triunfo un arma de sometimiento.
Frente a este escenario, emerge un interrogante ineludible en el panorama oficialista provincial.
Llama la atención que, aun gozando de un elevado concepto social y de una gestión validada por las urnas, los armadores políticos del Gran Mendoza todavía no hayan fijado su mirada en él como un cuadro para integrar alguna fórmula provincial dentro de Cambia Mendoza.
Cabe preguntarse si este médico de semblante sereno, pero de un temperamento férreo, resulta incómodo por no ser «manejable» para las estructuras centrales. Fiel a su estilo, el propio Rufeil tampoco ha realizado movimientos especulativos para forzar esa postulación, haciendo un culto de su característica moderación.
En ese mismo tablero político, Rufeil también procura mantener un delicado equilibrio dentro de Cambia Mendoza, particularmente frente a los dos dirigentes que, hasta el momento, aparecen como precandidatos a sucederlo: José Orts y Mauricio Petri.

El intendente intenta distribuir su presencia de manera equitativa en los distintos actos y actividades en los que ambos confluyen, evitando gestos que puedan interpretarse como un respaldo anticipado a alguno de ellos. Una conducta que parece responder a la misma lógica que atraviesa su gestión: preservar los vínculos institucionales, evitar profundizar las diferencias y no convertir las disputas políticas en enfrentamientos personales.
La legislación actual impide que pueda ser reelecto en la intendencia, pero su impronta en el departamento ya parece definida. Su legado principal no se medirá únicamente en obras, sino también en ese modo de proceder donde el diálogo y la convivencia democrática prevalecen sobre el impulso de golpear al adversario.





































