En el segmento La Palabra No Se Mancha, Hugo Fernando Videla transformó el 30 de octubre en una celebración simbólica de la memoria futbolera y popular.
Cada 30 de octubre, la fecha del nacimiento de Diego Armando Maradona ocupa un lugar particular entre quienes conservan una relación emocional con su historia. En Antes de Ver el Sol, Hugo Fernando Videla dedicó su segmento La Palabra No Se Mancha a una evocación literaria que llamó “Navidad Maradoneana”, una metáfora para reunir fútbol, recuerdos, música y afectos.
La columna no se planteó como un repaso estadístico de la carrera del Diez. Su propuesta fue imaginar una mesa de celebración en la que, en lugar de las conversaciones tradicionales de una fiesta familiar, aparecieran recuerdos de goles, partidos inolvidables y momentos que marcaron generaciones de hinchas argentinos.
Videla evocó episodios futbolísticos asociados con Maradona, entre ellos México 1986, la etapa de Napoli y otras actuaciones que permanecen en la memoria del público. En su relato, los partidos fueron presentados como experiencias compartidas, capaces de unir a personas de edades y procedencias diferentes.
La música también tuvo un papel central. La columna imaginó una lista de canciones dedicadas al jugador o relacionadas con su figura, con referencias a Charly García, Los Piojos, Andrés Calamaro, Las Pastillas del Abuelo y Manu Chao. Más que una enumeración musical, la selección funcionó como una forma de expresar la emoción que despierta su recuerdo.
Otro de los elementos del texto fue la comida cotidiana. La mesa de la Navidad Maradoneana podía incluir lo que hubiera disponible, desde platos sencillos hasta un asado, porque el valor de la reunión no dependía de la abundancia. La imagen remitía también a la infancia humilde de Maradona y a las dificultades que atravesaron tantas familias argentinas.
El brindis, el vino, el champán y un detalle dulce como las bananitas Dolca completaron esa escena imaginada. Cada elemento representó, dentro de la mirada del autor, un lazo entre las celebraciones populares y la biografía del futbolista nacido en Villa Fiorito.
La columna culminó con una imagen de fuerte carga simbólica: a las diez de la noche del 30 de octubre, mirar el reloj, abrazarse y brindar por Diego. No se trata de una tradición general verificada, sino de un ritual poético construido por Videla para cerrar su homenaje.
Con un lenguaje emocional y deliberadamente subjetivo, el segmento recordó que la figura de Maradona excede para muchos seguidores el resultado de un partido. La Navidad Maradoneana fue, en definitiva, una manera de hablar de identidad, memoria y pertenencia a través del deporte.





































