La ingeniera agrónoma Daiana Mateo explicó cómo influye la calidad del agua de riego, por qué conviene realizar análisis y qué prácticas permiten cuidar la producción.
La calidad del agua y el manejo del riego fueron los ejes de una entrevista con la ingeniera agrónoma Daiana Mateo, del INTA Junín, en Mañanas de Ciudad. En diálogo con Carina Coria, la especialista explicó que la salinidad constituye un problema que puede acumularse lentamente en los suelos agrícolas.
Mateo señaló que el agua utilizada para regar aporta sales. Las plantas aprovechan el agua y ciertos nutrientes, pero otras sales permanecen en el suelo y, cuando no existe un manejo adecuado, pueden concentrarse con el paso del tiempo. Para explicarlo recurrió al ejemplo de una maceta en la que los componentes que no son absorbidos van quedando en el sustrato.
La profesional prestó especial atención a los cultivos que utilizan agua extraída de perforaciones. Aclaró que la composición varía según el origen y la profundidad de los acuíferos, por lo que no corresponde suponer que todos los pozos tienen la misma calidad. Recordó además que la perforación y explotación del recurso está sujeta a autorizaciones y restricciones del Departamento General de Irrigación.
Entre las medidas de manejo destacó el análisis periódico del agua y el monitoreo de la salinidad. También mencionó que los sistemas de riego, incluidos los equipos por goteo, requieren limpieza y mantenimiento para evitar inconvenientes. En determinadas producciones, la selección de materiales vegetales o portainjertos más tolerantes puede formar parte de la planificación.
La entrevistada relacionó el problema con el déficit hídrico y explicó que cada finca exige una evaluación particular. Además, diferenció cuestiones vinculadas a la salinidad de otras relacionadas con la acumulación de sodio y pidió no basar las decisiones técnicas únicamente en observaciones superficiales.
Desde el INTA convocaron a productores y vecinos a acercarse para realizar consultas y conocer las actividades de las estaciones experimentales. La idea central es anticiparse a los problemas y manejar el agua con criterios técnicos que protejan tanto la productividad como los recursos disponibles.





































