ALAMBRISMO: VIVIANA ROSALES CONVIRTIÓ LA CURIOSIDAD EN UN EMPRENDIMIENTO


Viviana Rosales encontró en el alambrismo una nueva forma de expresión y también un camino para emprender. La creadora de “La Tía Vi” contó en Mañanas de Ciudad cómo una curiosidad nacida hace apenas dos años terminó convirtiéndose en piezas artesanales únicas, ferias y una nueva etapa personal.

Transformar un rollo de alambre en una mariposa, un reloj, una frutera, flores o pequeños jardines decorativos puede parecer una tarea compleja. Para Viviana Rosales, sin embargo, todo comenzó por curiosidad, con un curso online y con las ganas de probar algo diferente.

La emprendedora visitó Mañanas de Ciudad, con Carina Coria, por Ciudad FM 90.5, dentro del espacio dedicado a emprendedores y artesanos, y presentó el trabajo que desarrolla bajo el nombre de La Tía Vi, un proyecto basado principalmente en el alambrismo.

Rosales explicó que comenzó con esta actividad hace aproximadamente dos años. En ese momento todavía trabajaba y no disponía del tiempo necesario para asistir a una capacitación presencial, por lo que encontró en un curso online la posibilidad de aprender las primeras técnicas.

“Empecé hace dos años, por curiosidad”, contó.

Los primeros trabajos fueron para ella misma y para familiares. Con el paso del tiempo, la práctica le permitió perfeccionar las técnicas y avanzar hacia piezas de mayor tamaño y elaboración.

Lo que más la atrajo fue la capacidad del material de transformarse a partir de movimientos aparentemente simples.

“El mismo alambre solo te hace la magia, porque hacés una vuelta y ya te queda un rulo”, explicó durante la entrevista.

Esa sencillez inicial esconde, sin embargo, un trabajo minucioso. Rosales utiliza principalmente alambre de fardo o alambre recocido negro y remarcó que la calidad del material resulta fundamental.

Según explicó, el alambre debe permitir una buena flexión sin quebrarse ni marcarse, especialmente porque gran parte de sus trabajos está construida a partir de curvas.

Entre las herramientas básicas mencionó una pinza de punta y un alicate. También puede utilizar un taladro en determinadas etapas, aunque destacó que se trata de un trabajo principalmente manual y que no requiere una gran cantidad de herramientas.

Uno de los desafíos aparece en los detalles y las terminaciones.

“Hay partes que uno le pone ganas y no hay forma. Lo tenés que sacar y hacer de nuevo”, señaló al explicar que una pieza puede obligarla a retroceder cuando el resultado no queda visualmente correcto.

Las técnicas, contó, suelen repetirse y luego se aplican a diferentes modelos, tamaños y objetos. De esa manera, una base aprendida en el curso puede transformarse posteriormente en diseños propios y nuevas variantes.

La producción de La Tía Vi incluye flores de alambre, mariposas, relojes, recipientes, terrarios, pequeños jardines decorativos y otras piezas que combinan el metal con perlas, piedras o elementos realizados mediante impresión 3D.

En el caso de algunos relojes, por ejemplo, la esfera se realiza con impresión 3D y luego se incorpora una máquina convencional.

Rosales destacó además una característica que le da valor a cada pieza: difícilmente dos trabajos terminan siendo exactamente iguales.

La decoración constituye hoy el principal destino de sus creaciones. Y precisamente la originalidad del alambrismo es uno de los elementos que más llama la atención en las ferias.

Durante la conversación, Rosales comentó que no ha encontrado con frecuencia este tipo de artesanía en Mendoza e incluso recordó experiencias en otras provincias donde tampoco resulta una disciplina habitual dentro de determinados circuitos artesanales.

Ese carácter poco común también genera una reacción especial cuando alguien decide comprar una de sus obras.

“Es lindo porque uno ve que la gente aprecia el trabajo”, expresó.

La entrevistada reconoció que la decoración suele quedar en segundo plano cuando la economía obliga a priorizar gastos esenciales. Sin embargo, también relató situaciones en las que las personas ven una pieza, se entusiasman y reservan el trabajo para comprarlo posteriormente.

La elaboración demanda tiempo. Una frutera, por ejemplo, puede llevarle entre cuatro y cinco días, mientras que algunos relojes resultan más rápidos de completar pese a su tamaño.

Las piezas reciben habitualmente una o dos manos de barniz para proteger el alambre de la oxidación. Aunque Rosales explicó que algunos clientes pueden preferir el efecto del metal oxidado, generalmente protege las obras para conservarlas, especialmente cuando estarán expuestas al exterior.

El emprendimiento nació primero como un hobby y una actividad personal. Luego llegó el momento de mostrar las piezas y probar qué respuesta tenían fuera del entorno familiar.

“Lo saco a la venta, lo expongo. Se da bien, se da de a poco”, relató sobre ese proceso.

Rosales aseguró que todavía quiere seguir aprendiendo. Para ella, aunque las técnicas básicas pueden mantenerse, siempre existen nuevas posibilidades al aplicarlas sobre objetos, formas y modelos diferentes.

“Siempre se puede aprender”, afirmó.

También está abierta a experimentar eventualmente con otros materiales. Actualmente trabaja principalmente con alambre negro, pero durante la entrevista mencionó que existen alternativas, como el aluminio.

Uno de los inconvenientes que encontró fue conseguir alambre de buena calidad en la zona. Por ese motivo, explicó que en ocasiones debe comprarlo por internet, aunque también continúa buscando proveedores cercanos.

En cuanto a costos, señaló que el material ha aumentado, aunque no lo considera excesivamente caro en relación con la cantidad de piezas que puede producirse a partir de un kilo de alambre.

La historia de Viviana también tiene un cambio de rumbo personal. Antes de desarrollar con mayor intensidad su faceta artesanal, trabajó como técnica radióloga en un hospital.

Ese pasado explica por qué muchas personas todavía reconocen su rostro, mientras que actualmente la identifican cada vez más con La Tía Vi y sus trabajos en alambre.

Pero más allá de las ventas, la entrevistada remarcó el valor personal de encontrar una actividad que disfruta. La artesanía aparece para ella como una forma de realización y como una actividad que fue creciendo gradualmente, sin necesidad de comenzar con grandes objetivos.

Ese fue también el consejo que dejó para quienes tienen ganas de emprender pero todavía no se animan.

“Hay que empezar de a poco, animarse”, sostuvo.

Rosales reconoció que muchas veces la falta de tiempo se convierte en el principal obstáculo, pero planteó que incluso dedicar un día puede ser suficiente para comenzar. Su propia experiencia, iniciada mientras todavía trabajaba, es el ejemplo con el que respalda esa idea.

Actualmente, sus trabajos pueden encontrarse en ferias y espacios como el Paseo del Arte, además de algunas actividades en Junín. También muestra sus producciones en Instagram bajo el nombre La Tía Vi.

La participación de Viviana Rosales en Mañanas de Ciudad volvió a poner el foco en una parte esencial del universo emprendedor: proyectos que comienzan pequeños, muchas veces por curiosidad, y que encuentran en la práctica, la constancia y la exposición ante el público una posibilidad de crecimiento.

En el caso de La Tía Vi, todo empezó con un curso, un alambre y una prueba. Dos años después, esa curiosidad se convirtió en una marca personal y en una actividad artesanal que busca hacerse un lugar en las ferias de la región.

La entrevista completa puede verse a través de las plataformas de Ciudad FM.

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