El historiador y profesor Enrique Pizzuto reconstruyó algunos de los acontecimientos que marcaron la vida municipal de Rivadavia durante 1921 y 1922. La organización del matadero, los impuestos a comerciantes, la creación de cargos públicos, los problemas financieros y hasta las quejas por ruidos formaron parte de una época en la que el departamento comenzaba a consolidar sus instituciones.
Durante una nueva participación en el programa Hola Gente, conducido por Oscar Mila, Celeste González y Pilar Campagnolo por Ciudad FM 90.5, Pizzuto continuó recorriendo los registros históricos de Rivadavia y los nombres de quienes ocuparon diferentes responsabilidades públicas hace más de un siglo.
Uno de los aspectos principales de 1921 estuvo relacionado con la organización de la faena de animales. Según explicó el historiador, las autoridades habían detectado la existencia de varios mataderos clandestinos y dispusieron que la actividad se realizara en el matadero habilitado.
“Venimos de un tiempo en el que nos estamos ordenando como ciudad, como pueblo; entonces necesitamos normas”, señaló Pizzuto al describir el proceso de formación institucional que atravesaba Rivadavia.
La decisión buscaba controlar una actividad que hasta ese momento se desarrollaba de una manera poco organizada. Junto con el funcionamiento del matadero, comenzaron a establecerse inspecciones y tributos para la comercialización de diferentes productos.
Los registros mencionaban pagos vinculados con la venta de carne vacuna, lanar y caprina, pescado, frutas y verduras. También existían categorías para las casas dedicadas a la venta de leche y para los tambos con más de diez vacas.
Aunque algunas de aquellas clasificaciones resultan difíciles de interpretar en la actualidad, Pizzuto explicó que respondían al lenguaje administrativo y a las formas de organización utilizadas durante esa época.
Los vendedores ambulantes tampoco quedaban fuera del sistema tributario. Quienes ofrecían aves, pescado, verduras o frutas desde una carreta debían abonar una patente, mientras que las personas que vendían a caballo o a pie tenían asignados otros valores diarios o mensuales.
“Estaba todo categorizado y se cobraba el impuesto”, resumió el historiador durante la conversación.
El recorrido también permitió conocer los nombres de trabajadores y funcionarios que formaban parte de aquella estructura municipal. Entre ellos aparecía Juan Belavista, quien se desempeñaba como vacunador y recibía una remuneración mensual. También se mencionó la creación de corrales solicitados por vecinos de Mundo Nuevo y Reducción.
En octubre de 1921 falleció el exinterventor Cesáreo Araujo. Según los documentos repasados durante la entrevista, el Concejo lo recordó como un ciudadano honorable y patriota, envió sus condolencias a la familia y dispuso que la bandera permaneciera a media asta durante dos días.
Los libros municipales también registraban designaciones y reemplazos en funciones que iban desde el cuidado y el riego de la plaza hasta la administración de diferentes dependencias. Para Pizzuto, esos nombres permiten comprender que la historia de Rivadavia no solamente fue construida por las principales autoridades, sino también por trabajadores que cumplían tareas cotidianas.
El recorrido continuó con los primeros meses de 1922. El 1 de enero de ese año se concedió una licencia al médico municipal Carlos Francisco Saporiti, cuyo nombre posteriormente quedó ligado al hospital departamental.
En febrero se creó el cargo de auxiliar de Mesa de Entrada y se designó a Emilio Passini. La incorporación reflejaba el crecimiento de las responsabilidades administrativas y la necesidad de contar con personal encargado de recibir y ordenar la documentación municipal.
Los carnavales también ocupaban un lugar destacado en la vida comunitaria. Una comisión integrada por vecinos se encargaba de organizar los corsos y recibió un subsidio de cien pesos para desarrollar las celebraciones.
Durante la entrevista también se recordó que en el centro de Rivadavia existió una importante bodega perteneciente a la familia Bertoglio. Pizzuto relacionó ese establecimiento con diferentes propiedades y terrenos que formaron parte del antiguo paisaje urbano y productivo del departamento.
Otro de los nombres centrales fue César Chuffini, quien asumió la Intendencia en febrero de 1922. Su llegada estuvo acompañada por cambios en la Secretaría municipal, la Contaduría, la Tesorería, la Inspección General y otros cargos.
La situación económica de la comuna aparecía como uno de los principales desafíos. Los libros contables se encontraban deteriorados y resultaba necesario ordenarlos para conocer el verdadero estado de las finanzas. Por ese motivo se realizaron trabajos de recuperación y se creó un cargo auxiliar dentro de Contaduría.
A esto se sumaban numerosas deudas acumuladas por administraciones anteriores. Según los registros analizados, se suspendieron algunos pagos pendientes hasta que el Concejo Deliberante habilitara los recursos correspondientes.
La situación institucional también era compleja. Chuffini informó que no se había sancionado la ordenanza de impuestos y servicios correspondiente a 1922 debido a que el Concejo Deliberante se encontraba en acefalía.
“Estamos en el año 1922 y todavía no había salido la ordenanza de impuestos”, remarcó Pizzuto.
Frente a esa situación, se decidió poner nuevamente en vigencia una normativa que había sido sancionada en octubre de 1917 para el ejercicio de 1918, incorporando las modificaciones realizadas por las administraciones posteriores.
Los conflictos por los ruidos molestos tampoco son una preocupación exclusivamente actual. En aquellos años, vecinos de la zona se quejaron por la utilización del recinto municipal para la realización de fiestas y bailes particulares.
“No es de hoy que las quejas existen”, observó Pizzuto.
A partir de esos reclamos, se estableció que los bailes solamente podían autorizarse mediante el pedido de al menos diez vecinos considerados de buena reputación y con el pago de un sellado. También se recomendaba utilizar el antiguo Club Social de la villa, cuyo edificio fue ubicado por el historiador dentro del actual trazado urbano de Rivadavia.
La parte final de la conversación recuperó la figura de Jesús Carrera, integrante de una reconocida familia de Reducción. Según el relato compartido por Pizzuto, Carrera organizaba reuniones criollas a las que invitaba al intendente, al juez y al jefe de Policía.
Aquellos encuentros podían extenderse durante uno o dos días e incluían asados, guitarras y largas conversaciones. Durante las madrugadas frías se servía una preparación caliente y picante conocida como “cola de mono”.
Más allá de los datos administrativos, las anécdotas y los apellidos, Pizzuto destacó que su objetivo es devolverle vida a los lugares y a las personas que participaron en la construcción del departamento.
“Lo que me gusta es recordar que en tal lugar hubo tal cosa; de esa manera uno retrotrae la vida a esos momentos”, expresó.
La columna permitió observar cómo Rivadavia fue incorporando normas, controles, empleados, registros y espacios de participación social. También demostró que problemas como las deudas municipales, las discusiones políticas, los ruidos molestos y las dificultades administrativas ya formaban parte de la vida pública hace más de cien años.
La entrevista completa con Enrique Pizzuto puede verse a través de las plataformas digitales de Ciudad FM y Ciudad TV.









































