LLEGÓ EN BICICLETA Y LE HIZO TRES GOLES A BOCA: LA TARDE QUE RIVADAVIA NO OLVIDÓ

El 11 de septiembre de 1960, una selección de la Liga Rivadaviense derrotó 4 a 0 a un equipo juvenil de Boca Juniors reforzado con figuras experimentadas. Emilio “Pilo” Gallo llegó pedaleando al estadio y terminó convirtiendo tres goles.
Hay partidos que terminan cuando el árbitro marca el final. Y hay otros que siguen jugándose durante décadas cada vez que alguien vuelve a contar la historia.
El 11 de septiembre de 1960 fue domingo. En Rivadavia se celebraba el Día del Maestro y, mientras las aulas permanecían cerradas, una cancha de fútbol se preparaba para dar una de las lecciones deportivas más recordadas de la historia local.
Boca Juniors llegaba al Este mendocino.
No era el mismo equipo que esa tarde afrontaba el Superclásico ante River en la Bombonera. A Rivadavia arribó una formación juvenil reforzada por futbolistas experimentados, entre ellos Francisco “Pancho” Lombardo, mendocino y jugador de la Selección Argentina, y Eliseo Mourinho.
Pero para los rivadavienses había un detalle que estaba por encima de cualquier formación: enfrente estaba Boca.
La cancha de Paso de los Andes se llenó.
Autos, motos, bicicletas, colectivos y vecinos caminando desde distintos barrios fueron dando forma a una tarde fuera de lo común. No hacía falta entender demasiado de tácticas para darse cuenta de que aquello era un acontecimiento.
Entre los futbolistas convocados para representar a la Liga Rivadaviense estaba Emilio Antonio Gallo.
Todos lo conocían como “Pilo”.
También cargaba con otro apodo mucho menos elegante: “Pata de Burro”.
La explicación era sencilla. Le pegaba fuerte a la pelota.
Aquella tarde, Pilo protagonizó una imagen que hoy parece salida de otra época: llegó al estadio en bicicleta para jugar contra Boca Juniors.
No hubo concentración en hoteles, autos de lujo ni representantes.
Hubo una bicicleta, una camiseta y una cancha llena.
Y después hubo goles.
Tres de ellos fueron de Pilo Gallo.
El cuarto lo convirtió el “Petiso” Balmaceda.
El resultado quedó marcado para siempre: 4 a 0 para la selección de la Liga Rivadaviense.
La historia fue recuperada por el periodista deportivo Hugo Videla en el segmento “La Palabra No Se Mancha”, dentro de Antes de Ver el Sol por Ciudad FM.
Aquel seleccionado estaba integrado por futbolistas provenientes de distintos clubes de la región. No eran grandes estrellas profesionales ni vivían rodeados de contratos millonarios.
Eran jugadores del fútbol regional que aquella tarde quedaron unidos para siempre por un mismo partido.
Después de la goleada tampoco hubo premios económicos extraordinarios.
La recompensa fue un pergamino y un asado pagado por la comisión directiva de la Liga Rivadaviense.
Nada más.
Y, al mismo tiempo, muchísimo más.
Porque todos ellos se quedaron con un premio imposible de comprar: el derecho a contar durante el resto de sus vidas que una tarde de septiembre enfrentaron a Boca Juniors y le hicieron cuatro goles.
La fecha agregó, además, una coincidencia perfecta para la memoria popular.
Era 11 de septiembre, Día del Maestro.
Y aquella selección rivadaviense terminó dando una inesperada lección de fútbol.
Más de seis décadas después, el resultado sigue perteneciendo a esas historias que explican por qué el deporte de los pueblos también construye identidad.
No quedó solamente un 4 a 0.
Quedaron una bicicleta, tres goles de Pilo, el tanto de Balmaceda, un estadio repleto y una historia que Rivadavia todavía puede seguir contando.

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