PILAR MORALES ALERTÓ SOBRE EL USO DE MEDICAMENTOS SIN CONTROL PROFESIONAL


La licenciada en Nutrición Pilar Morales analizó el uso de medicamentos inyectables para bajar de peso y advirtió que no están dirigidos a toda la población. La profesional remarcó que cualquier tratamiento debe contar con indicación médica, acompañamiento interdisciplinario y un cambio real de hábitos.

Los medicamentos utilizados para acelerar el descenso de peso se encuentran en el centro de una tendencia que genera expectativas, dudas y preocupación. Durante su columna en Mañanas de Ciudad, la licenciada en Nutrición Pilar Morales explicó cómo actúa el fármaco analizado, para qué fue desarrollado y cuáles son los riesgos de utilizarlo como una solución rápida.

La profesional señaló que el medicamento mencionado durante la entrevista contiene semaglutida y fue diseñado principalmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2. Su utilización se expandió posteriormente debido a los efectos que puede producir sobre el apetito y la saciedad.

Según explicó Morales, el fármaco actúa sobre mecanismos relacionados con una hormona que el cuerpo produce naturalmente, conocida como GLP-1. La medicación prolonga su acción y genera diferentes respuestas en el organismo.

Entre esos efectos se encuentran una mayor sensación de saciedad, un vaciamiento gástrico más lento y una reducción del deseo de continuar comiendo. También puede disminuir el interés por los alimentos dulces y modificar la manera en que el organismo regula la glucosa y la insulina.

Sin embargo, Morales aclaró que esas características no convierten al medicamento en una opción adecuada para cualquier persona que desee bajar algunos kilos.

“No es un medicamento para toda la población”, afirmó.

Durante la conversación con Carina Coria en Ciudad FM 90.5, la nutricionista señaló que estos tratamientos están orientados principalmente a personas con diabetes y a pacientes que presentan condiciones de alto riesgo, como determinados cuadros de obesidad.

La decisión debe ser evaluada por un médico clínico, endocrinólogo o diabetólogo, quien determinará si el tratamiento corresponde y qué dosis podría utilizarse. Morales explicó que existen diferentes dosis y que su administración depende de las características y necesidades de cada paciente.

También planteó que el aumento de la demanda llegó a generar dificultades de disponibilidad para quienes necesitaban la medicación como parte de un tratamiento de salud.

La nutricionista relacionó el crecimiento de estos productos con una sociedad que busca resultados inmediatos. La proximidad de la primavera y el deseo de modificar rápidamente la imagen corporal pueden llevar a algunas personas a considerar la medicación como un atajo.

Morales sostuvo que el problema aparece cuando el medicamento reemplaza el proceso de aprendizaje necesario para construir una alimentación adecuada, incorporar actividad física y modificar conductas sostenidas durante años.

“La medicación, si no hay un cambio de hábitos, no es sostenible”, advirtió.

La profesional comparó el uso aislado del fármaco con un parche. Una persona puede experimentar inicialmente un descenso de peso, pero si mantiene una alimentación desequilibrada, consume más de lo necesario y no realiza actividad física, el resultado difícilmente pueda sostenerse.

Morales explicó que la intención de un tratamiento debería ser utilizar la medicación durante el período que determine el equipo profesional y, al mismo tiempo, desarrollar hábitos que continúen cuando la aplicación sea reducida o suspendida.

Cuando ese aprendizaje no se produce, puede aparecer el denominado efecto rebote. Al dejar la medicación, los mecanismos vinculados con el apetito y la digestión vuelven a su funcionamiento habitual y la persona puede recuperar el peso perdido.

“Si la persona no tiene hábitos, vuelve a lo habitual”, señaló.

La nutricionista contó el caso de una paciente que había perdido 30 kilos durante la utilización del medicamento y posteriormente recuperó ese peso, además de aumentar algunos kilos más. La experiencia fue presentada como un ejemplo de la importancia de acompañar el descenso con un proceso integral, sin considerarlo una regla aplicable a todos los pacientes.

Otro riesgo es asociar automáticamente delgadez con buena nutrición. La reducción del apetito puede llevar a algunas personas a comer cantidades insuficientes o a dejar de alimentarse adecuadamente.

“Una persona puede estar delgada, pero estar mal nutrida”, explicó Morales.

Según detalló, una persona delgada también puede presentar anemia, deficiencias de vitaminas, colesterol elevado, triglicéridos altos u otras alteraciones que solamente pueden conocerse mediante una evaluación profesional y los estudios correspondientes.

Por ese motivo, la alimentación durante el tratamiento debe asegurar el aporte de nutrientes y no limitarse a reducir las cantidades. Morales destacó especialmente el consumo de proteínas y alimentos con fibra, además del seguimiento del estado general del paciente.

La proteína contribuye a la saciedad y resulta importante para proteger la masa muscular. La fibra, por su parte, debe provenir de una alimentación diversa que incluya verduras, frutas, legumbres, cereales y semillas.

La profesional también consideró fundamental el entrenamiento de fuerza. Según explicó durante la entrevista, la actividad muscular forma parte de las estrategias que pueden acompañar el tratamiento y contribuir al funcionamiento metabólico.

A ese esquema sumó el movimiento cotidiano y la caminata. Morales recomendó, como objetivo general mencionado durante la columna, alcanzar aproximadamente 10.000 pasos diarios, siempre contemplando las posibilidades individuales de cada persona.

El tratamiento no debería limitarse al control médico y nutricional. La especialista remarcó la importancia de contar con acompañamiento psicológico, debido a que un descenso abrupto puede modificar la percepción de la imagen corporal y la relación con la comida.

Algunas personas pueden dejar de reconocer las cantidades adecuadas de alimentos porque la medicación reduce considerablemente su apetito. Esa situación puede generar un vínculo poco saludable con la alimentación si no existe un seguimiento adecuado.

Morales indicó que un equipo ideal debería incluir al médico responsable de la indicación, un profesional de la nutrición, un especialista en actividad física y, cuando resulte posible, un psicólogo.

“La idea es que no lo hagan solos”, remarcó.

La nutricionista aclaró que no buscaba condenar a quienes decidieran utilizar estos medicamentos. Su planteo se centró en ofrecer información para que cada persona pueda tomar una decisión responsable y comprender que la aplicación no reemplaza el trabajo cotidiano.

Para quienes no requieren medicación, Morales propuso fortalecer estrategias que favorezcan naturalmente la saciedad. Entre ellas mencionó comenzar las comidas con proteínas, continuar con vegetales y dejar los carbohidratos para el final.

También recomendó aumentar la variedad de alimentos vegetales, consumir suficiente fibra, comer despacio y combinar las caminatas con ejercicios de fuerza. Estas recomendaciones fueron planteadas de manera general y deben adaptarse a las necesidades individuales.

La elección de utilizar o no la medicación pertenece a cada persona, pero la profesional insistió en que no debería tomarse como una respuesta rápida frente a la proximidad de un evento, una cirugía o una temporada del año.

“Lo más importante no es buscar un mecanismo o un parche que haga bajar rápidamente de peso”, sostuvo.

El objetivo central, según explicó, debe ser construir sistemas y hábitos que puedan mantenerse a corto, mediano y largo plazo, mejorando la salud y la calidad de vida más allá del número que muestra la balanza.

La entrevista completa con Pilar Morales sobre medicamentos para adelgazar, alimentación, actividad física y acompañamiento profesional puede verse en las plataformas digitales de Ciudad FM.

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