PODÉS TENER HEPATITIS SIN SABERLO: LAS CLAVES PARA DETECTARLA


Muchas hepatitis pueden desarrollarse sin provocar síntomas y ser descubiertas recién mediante un análisis de sangre o una ecografía. El gastroenterólogo Alejandro José advirtió sobre la importancia del hepatograma anual, la vacunación y los hábitos saludables para prevenir daños en el hígado.

En el marco del Día Internacional de Concientización sobre la Hepatitis, el gastroenterólogo Alejandro José dialogó con el programa Antes de ver el Sol, conducido por Hugo Lombardi por Ciudad FM 90.5, y explicó por qué algunas enfermedades hepáticas pueden avanzar durante años sin que la persona advierta señales claras.

El especialista definió a la hepatitis como una inflamación del hígado que puede tener diferentes causas. Entre las más frecuentes mencionó el consumo de alcohol, la acumulación de grasa, las enfermedades autoinmunes y las infecciones provocadas por los virus de las hepatitis A, B, C, D y E.

José diferenció las hepatitis agudas, que comienzan rápidamente y pueden presentar síntomas, de aquellas que se vuelven crónicas. El cansancio, los dolores corporales, la cefalea, las náuseas, los vómitos, la coloración amarillenta de la piel, la orina oscura y la materia fecal muy clara son algunas de las señales que deberían motivar una consulta médica.

Sin embargo, remarcó que la ausencia de síntomas no significa que el hígado se encuentre en buenas condiciones.

“Muchas hepatitis son asintomáticas”, advirtió.

En esos casos, la afección puede aparecer de manera inesperada en un análisis de rutina, mediante la detección de enzimas hepáticas elevadas, o durante una ecografía de control. Por ese motivo, recomendó que todas las personas se realicen un laboratorio anual y que dentro de los estudios solicitados se incluya el hepatograma.

“Todos deberíamos hacer un laboratorio anual e incluir siempre el hepatograma”, señaló.

El gastroenterólogo explicó que este estudio permite advertir que algo está afectando al hígado y comenzar a investigar la causa de la inflamación. El origen puede encontrarse en la acumulación de grasa, el consumo de alcohol, una infección viral, una enfermedad autoinmune u otra afección específica.

Según detalló, las hepatitis B y C requieren una atención especial porque pueden evolucionar hacia cuadros crónicos. En algunos pacientes, la etapa inicial genera molestias tan inespecíficas que pueden ser confundidas con un resfrío o un malestar pasajero. Mientras tanto, la enfermedad puede continuar avanzando y ser descubierta recién cuando existe fibrosis o cirrosis.

“Por ahí, cuando ya da síntomas, hemos llegado demasiado tarde”, expresó.

La inflamación persistente va dañando los hepatocitos, que son las células del hígado. La muerte progresiva de esas células produce fibrosis, una especie de cicatrización interna. Aunque el hígado posee una importante capacidad para compensar el daño, si la inflamación continúa puede llegar un momento en el que su funcionamiento comience a fallar.

El especialista destacó que actualmente existen tratamientos orales para las hepatitis virales con una efectividad superior al 95% y una duración que, según explicó, puede ser de aproximadamente tres meses. El diagnóstico temprano resulta determinante para acceder al tratamiento antes de que aparezcan daños avanzados.

La prevención fue otro de los ejes centrales de la entrevista. José recordó que existen vacunas contra las hepatitis A y B e insistió en la necesidad de revisar los esquemas de vacunación. También recomendó el lavado frecuente de manos, una correcta higiene de los alimentos y el uso de preservativo en las relaciones sexuales.

De acuerdo con lo expresado durante la entrevista, las hepatitis A y E están relacionadas principalmente con problemas de higiene en las manos y los alimentos, mientras que las hepatitis B y C pueden transmitirse por contacto con fluidos corporales.

El médico también señaló que quienes recibieron transfusiones antes de 1996 deberían prestar especial atención y consultar sobre la realización de los estudios correspondientes, debido a que, según explicó, antes de ese año no se efectuaban los controles actuales para hepatitis en todos los donantes.

Además de las infecciones virales, José puso el foco en el hígado graso y advirtió que muchas personas conocen su diagnóstico, pero no realizan los cambios necesarios en su alimentación y actividad física.

La obesidad, el sedentarismo, el consumo de alcohol y una alimentación basada en productos poco saludables favorecen la acumulación de grasa en el hígado. Esta condición puede producir daño progresivo y convertirse en una causa de cirrosis.

El entrevistado comparó esta situación con la de una persona que tiene diabetes, pero cree que no existe un problema porque todavía no siente síntomas. El organismo, remarcó, va sufriendo el daño aunque no presente señales evidentes.

También advirtió sobre la continuidad del consumo de alcohol después de conocer que existe una afección hepática y sobre la utilización de medicamentos que pueden resultar tóxicos para el hígado. Ante cualquier diagnóstico, recomendó consultar cuáles son los fármacos que deben evitarse y no recurrir a la automedicación.

José contó que numerosos pacientes llegan al consultorio por dispepsia, gastritis u otras molestias digestivas y, durante los estudios generales, descubren una alteración hepática que nunca había producido síntomas.

“El hígado es uno de los órganos más nobles que tenemos y no suele dar muchos síntomas”, sostuvo.

El especialista también desmintió la creencia popular de atribuir cualquier malestar digestivo al hígado. Muchas molestias interpretadas habitualmente como un “ataque al hígado” pueden corresponder a una gastroenteritis u otro problema digestivo. Precisamente porque las enfermedades hepáticas no siempre generan manifestaciones claras, insistió en la necesidad de estudiarlo y cuidarlo.

Para prevenir enfermedades, recomendó incorporar actividad física regular, reducir el consumo de alcohol, evitar el cigarrillo y recuperar una alimentación con mayor presencia de fibras, frutas y verduras. Como alternativa accesible, propuso caminar alrededor de tres horas semanales para mejorar el metabolismo y ayudar a controlar otros factores de riesgo.

“La falta de tiempo es una excusa”, afirmó al referirse a la necesidad de reservar un espacio semanal para el cuidado personal.

El mensaje final estuvo dirigido a quienes postergan sus controles por falta de tiempo o porque no presentan síntomas. “La vida es una sola y nuestro cuerpo es uno solo”, concluyó Alejandro José.

La entrevista completa permite conocer los síntomas que deben generar una consulta, los controles recomendados y las principales medidas de prevención para proteger el hígado.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí