UNA VIDA ENTRE PIEDRA Y ARTE: LA HISTORIA DE GUILLERMO HUDSON


Guillermo Hudson reconstruyó el inesperado camino que lo llevó desde los estudios de Veterinaria hasta la escultura, una disciplina que convirtió en vocación, oficio y forma de vida. En una entrevista atravesada por recuerdos, obras y experiencias personales, también habló sobre la docencia, la restauración del patrimonio local y el placer de crear sin pensar exclusivamente en vender.

El licenciado en Escultura y profesor Guillermo Hudson visitó Modo Random, programa conducido por Ale Núñez y Fabián Moreno en Ciudad FM, para compartir su historia personal y artística. La conversación, realizada desde el espacio Vibra, permitió conocer el origen de una vocación que durante muchos años permaneció oculta incluso para él mismo.

Hudson contó que inicialmente estudió Veterinaria y llegó a cursar hasta tercer año, impulsado por una profunda pasión por los animales. Sin embargo, el dibujo ya formaba parte de su vida desde la infancia. Recordó que su madre era maestra y que, desde pequeño, reproducía figuras como San Martín y Belgrano con un nivel de detalle que sorprendía a quienes observaban sus trabajos.

Durante el secundario tuvo como profesor a Enzo Bianchi, reconocido pintor de Rivadavia. En una de sus clases, mientras el docente explicaba contenidos relacionados con una granja y las abejas, Hudson comenzó a dibujar una colmena. Bianchi observó el trabajo y le aseguró que debía estudiar arte, aunque en aquel momento el joven todavía estaba convencido de que su futuro se encontraba en la Veterinaria.

Su recorrido universitario se interrumpió en un contexto histórico complejo. Según relató durante la entrevista, algunos de sus compañeros desaparecieron y, ante el temor de sus familias, decidió alejarse temporalmente de los estudios. Posteriormente vivió durante más de tres años en Bariloche y luego se trasladó a Córdoba, donde comenzó una nueva etapa.

Fue precisamente en Córdoba donde el arte apareció con fuerza. La esposa de uno de sus tíos era grabadora, artista plástica y trabajaba en la universidad. Un día lo invitó a recorrer una muestra y le pidió que opinara sobre las obras. Sin formación académica previa, Hudson comenzó a analizar las producciones desde su sensibilidad y su propio criterio.

“Yo me descubrí en ese momento que la pasión mía era el arte”, recordó.

Su tía decidió poner a prueba aquella capacidad y le regaló hojas, lápices de colores y témperas para que realizara diferentes trabajos. Hudson completó todas las láminas en pocos días, aunque no mostró inmediatamente los resultados. Cuando finalmente su familia vio las producciones, la sorpresa fue tan grande que inicialmente dudaron de que realmente fueran de su autoría.

A partir de esa experiencia, su tía lo inscribió en la universidad y lo animó a cursar. La propuesta era sencilla: comenzar, comprobar si se sentía cómodo y abandonar si la carrera no lo convencía. Cinco años después, Hudson se recibió.

“No todas las historias van a ser iguales y nadie comienza de una manera igual”, reflexionó al hablar sobre la construcción de una vocación artística.

Durante los primeros años de formación tuvo que elegir entre las especialidades de Pintura, Grabado y Escultura. Los profesores de cada disciplina lo alentaban a seguir sus respectivas áreas, porque reconocían sus capacidades para trabajar con diferentes lenguajes. Finalmente eligió la escultura porque se sentía especialmente atraído por la tridimensión y por la posibilidad de intervenir el espacio.

A pesar de esa elección, nunca abandonó completamente el dibujo, la pintura o el grabado. Durante años realizó obras en esas disciplinas y muchas terminaron como regalos para amigos. Sin embargo, la escultura se convirtió en el territorio donde encontró su forma más profunda de expresión.

Una de las obras presentadas durante la entrevista fue “Durán”, una mano realizada en mármol de Carrara. La piedra había formado parte de los escalones deteriorados de una iglesia y llegó a la facultad a través de un sacerdote que buscaba estudiantes interesados en reutilizar ese material.

Hudson aceptó el desafío y comenzó a trabajar sobre un fragmento de escalón. En ese proceso conoció a un picapedrero italiano que visitaba la institución y que les enseñó a los estudiantes técnicas tradicionales para intervenir el mármol y fabricar sus propias herramientas.

El nombre “Durán” surgió como homenaje al boxeador Roberto “Mano de Piedra” Durán. La obra conservó ese nombre y se convirtió en una pieza especialmente significativa, porque marcó el comienzo de la relación de Hudson con la piedra.

El escultor explicó que no se limita a un solo material. A lo largo de su carrera trabajó con mármol, piedra, madera, cemento, bronce y chapa batida. Esta última técnica consiste en modelar la chapa mediante golpes de martillo, construir las partes individualmente y luego unirlas mediante soldadura.

Entre las obras exhibidas en Vibra se encontraba una maternidad realizada con madera y chapa. La pieza fue concebida como homenaje a las madres y, según explicó, posee un valor personal tan profundo que decidió conservarla y no ponerla a la venta.

Hudson también realizó monumentos y obras públicas en Córdoba. Mencionó producciones vinculadas con los cien años de los Bomberos, un homenaje a paracaidistas fallecidos y una intervención desarrollada durante la inauguración de un edificio de La Voz del Interior. Muchos de esos trabajos fueron realizados de manera ad honorem, especialmente durante los primeros años de su carrera.

“Tenía ganas de trabajar, de hacer y de que quedara ese trabajo”, señaló al recordar aquella etapa.

En Rivadavia, su actividad también estuvo vinculada con la preservación del patrimonio. Durante el período en que trabajó en el área de Cultura municipal y estuvo al frente del museo, encontró una escultura de bronce deteriorada que representaba la maternidad.

La obra había sido retirada de su ubicación original ante el riesgo de robo y permanecía guardada. Hudson decidió restaurarla: la trasladó a su taller, la desarmó y reconstruyó las partes dañadas. Más tarde descubrió que pertenecía al escultor Barroso, quien inicialmente cuestionó la intervención porque no había sido consultado.

Después de conocer el estado anterior de la pieza y observar el trabajo realizado, el autor reconoció la restauración y agradeció que la escultura hubiera recuperado su forma. La obra fue exhibida posteriormente en el hospital, aunque, según lo expresado durante la entrevista, actualmente permanecería guardada debido a modificaciones edilicias.

Hudson también fue responsable de restaurar el monumento a Bernardino, ubicado en la plaza de Rivadavia. Explicó que el bronce expuesto al aire libre cambia de color debido a los procesos de oxidación y humedad, por lo que aconsejó aplicar productos protectores para prolongar su brillo.

Más allá de las técnicas y los materiales, el artista sostuvo que una escultura puede cumplir diferentes funciones dentro de una comunidad. Algunas piezas aportan identidad, otras poseen un fuerte contenido simbólico y también existen obras cuyo objetivo principal es producir placer estético.

Durante su trayectoria, Hudson participó en exposiciones realizadas en Córdoba, Buenos Aires y Mendoza. Una de sus muestras más recientes fue compartida con la artista Margarita en el Hotel Hilton, donde recibió numerosas devoluciones y felicitaciones.

Sin embargo, dejó en claro que nunca orientó su producción exclusivamente hacia la comercialización. Recordó que una de sus obras fue adquirida por un embajador de Holanda y que recibió una importante suma de dinero. El comprador también intentó llevarse una segunda escultura, pero Hudson se negó a venderla a pesar de la oferta económica.

“A mí no me interesaba hacer obras para vender. Me interesaba hacer obras para disfrutarlas y disfrutar el placer de hacerlas”, afirmó.

Esa concepción también define su manera de trabajar. Hudson prefiere utilizar herramientas manuales, como el cincel, el martillo y las lijas al agua. Aunque las máquinas eléctricas permitirían reducir significativamente los tiempos, considera que acelerar el proceso le quitaría una parte esencial de la experiencia.

“El placer mío es disfrutar la obra cuando la estoy haciendo y, cuando la termino, el éxtasis”, expresó.

Su vínculo con la piedra está guiado por la observación y la intuición. No acostumbra comenzar con un boceto cerrado ni aceptar encargos que condicionen completamente el resultado. Puede pasar varias veces frente a una roca hasta descubrir la figura que desea extraer de ella.

“Yo veo una piedra y sé lo que quiero sacar de eso para que quede en la piedra”, explicó.

Una de las pocas excepciones fue una foca realizada para una ahijada que insistía en recibir una escultura con esa forma. Después de negarse en reiteradas oportunidades, Hudson encontró una piedra en la que finalmente pudo visualizar la figura y decidió concretar el pedido.

La docencia ocupó otro lugar central en su vida. Al finalizar la universidad comenzó a trabajar como jefe de trabajos prácticos y posteriormente fue convocado para enseñar Escultura en la carrera de Artes Visuales de Rivadavia.

Inicialmente dudó porque no quería limitarse a completar contenidos dentro de una institución. Su intención era enseñarles a estudiantes verdaderamente interesados y acompañarlos en el desarrollo de una expresión propia. Finalmente aceptó por un año y permaneció hasta su jubilación.

Además de Escultura, dictó Dibujo de Figura Humana, una disciplina que requiere dominio técnico y conocimiento anatómico. Por sus clases pasaron numerosos estudiantes y artistas de la región, aunque aclaró que, una vez retirado, decidió preservar su taller como un espacio personal e íntimo.

Actualmente continúa conservando materiales y proyectos, aunque reconoce que trabaja con otros tiempos. No descarta incorporar alguna herramienta eléctrica en el futuro, pero mantiene intacta la convicción que acompañó su recorrido: crear no consiste únicamente en llegar al resultado, sino en vivir plenamente el proceso.

“Es una elección de vida el arte, porque condiciona algunas cosas, pero hace feliz más de lo que condiciona”, expresó durante el cierre.

La entrevista en Modo Random permitió conocer no solamente las obras de Guillermo Hudson, sino también la historia humana que existe detrás de cada piedra, cada restauración y cada decisión. Su recorrido une la sensibilidad de la infancia, una formación inesperada, décadas de docencia y una profunda defensa del trabajo manual como espacio de libertad y satisfacción personal.

La conversación completa y las imágenes de las esculturas exhibidas en Vibra pueden verse a través de las plataformas de Ciudad FM.

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