En el marco de Septiembre Amarillo y de las acciones de concientización sobre la prevención del suicidio, el licenciado en Psicología Walter Motilla sostuvo que hablar, escuchar y estar disponibles pueden convertirse en factores decisivos frente a una persona atravesada por una crisis profunda. “Hablar no provoca suicidio. Hablar bien puede prevenirlo”, afirmó.
Durante una entrevista en Antes de Ver el Sol, el programa conducido por Hugo Lombardi y Susana Gómez en Ciudad FM 90.5, Motilla abordó uno de los temas más sensibles de la salud mental y planteó la necesidad de abandonar prejuicios, evitar juicios morales y aprender a reconocer señales que muchas veces aparecen antes de una conducta suicida.
El profesional explicó que el suicidio es un fenómeno complejo que no puede atribuirse a una única causa. Según señaló, puede existir una combinación de sufrimiento psicológico, aislamiento, pérdidas afectivas o laborales, problemas económicos, consumos problemáticos, enfermedades, situaciones de bullying y otras circunstancias vitales capaces de profundizar la desesperanza.
“Todos podemos estar en riesgo”, señaló al remarcar que la problemática puede atravesar edades y sectores sociales diferentes.
Uno de los conceptos centrales de la entrevista estuvo relacionado con la manera en que debe interpretarse el sufrimiento de una persona con ideación suicida. Motilla advirtió que no siempre existe detrás de esa situación un deseo directo de morir, sino que puede aparecer una percepción de que ya no existe otra alternativa para terminar con un dolor considerado insoportable.
“La persona suicida no lo hace porque quiera morir, lo hace porque vivir le duele, porque vivir le pesa”, expresó.
Desde esa perspectiva, cuestionó las calificaciones que suelen aparecer después de una muerte por suicidio, como definir a la persona como “cobarde” o “egoísta”. Para el psicólogo, esos juicios no permiten comprender el grado de sufrimiento que puede estar atravesando alguien cuando pierde la esperanza y deja de encontrar alternativas para resolver su situación.
Motilla explicó además que una persona puede sentirse profundamente sola aun cuando se encuentre físicamente rodeada de familiares, amigos o compañeros. La diferencia, sostuvo, está en cómo esa persona percibe la cercanía y la disponibilidad de quienes forman parte de su entorno.
En ese sentido, planteó una de las claves de la prevención: aprender a escuchar de manera activa.
El profesional indicó que acompañar no significa dar sermones, minimizar un problema ni explicarle rápidamente a alguien por qué debería sentirse mejor. Por el contrario, consideró fundamental ofrecer una presencia respetuosa, permitir que la persona pueda hablar y demostrarle que existe alguien dispuesto a escucharla.
“Una presencia silenciosa y respetuosa ayuda un montón”, expresó.
Para Motilla, frases sencillas que transmitan disponibilidad genuina pueden abrir una posibilidad diferente para quien atraviesa una situación límite. El objetivo, explicó, no pasa por imponer soluciones sino por acompañar, escuchar y, cuando sea necesario, favorecer el acceso a asistencia profesional.
“Amigo, amiga, estoy acá para acompañarte. Confiá en mí. Si necesitás de mí, no dudes en llamarme”, ejemplificó durante la conversación.
Otro punto abordado fue la influencia que pueden tener las redes sociales sobre personas que atraviesan momentos de vulnerabilidad. Motilla definió como “síndrome de Instagram” a la comparación permanente con imágenes que muestran fragmentos aparentemente perfectos de la vida de otras personas.
Explicó que una fotografía puede recortar apenas un instante y construir una imagen de felicidad que no necesariamente representa la realidad completa. Para alguien atravesado por depresión, soledad o desesperanza, esa comparación puede reforzar la sensación de que los demás disfrutan de una vida plena mientras esa posibilidad parece inaccesible para sí mismo.
Durante la entrevista también se habló de las señales que deberían generar atención en el entorno. Motilla mencionó cambios marcados en la conducta o el estado de ánimo, aislamiento creciente, expresiones de desesperanza, manifestaciones relacionadas con no querer continuar viviendo, sentirse una carga para los demás o determinadas formas de despedida.
Ante esas situaciones, remarcó que preguntar directamente qué le ocurre a una persona no instala una idea suicida.
“Hay que hablar. Hay que preguntar. Preguntar no induce ideas”, afirmó.
De esta manera, el profesional rechazó uno de los mitos frecuentes alrededor de la prevención. “Hablar no provoca suicidio. Hablar bien puede prevenirlo”, sostuvo, y señaló que abrir una conversación puede permitir que una persona manifieste aquello que estaba atravesando en soledad.
Motilla también pidió prestar especial atención a las expresiones de adolescentes y jóvenes. Señaló que frases relacionadas con querer morir no deben ser interpretadas automáticamente como una dramatización o un intento de llamar la atención.
“Escuchar primero, evaluar después”, planteó.
Asimismo, advirtió que una tentativa previa tampoco debe ser minimizada. Según explicó, un intento anterior puede reflejar un nivel significativo de sufrimiento y vulnerabilidad, por lo que requiere acompañamiento y atención.
“El fenómeno es simplemente la punta de un iceberg de lo que le pasa por dentro a una persona”, señaló.
La charla también permitió abordar la existencia de períodos de mayor vulnerabilidad emocional, situaciones de aislamiento y determinados acontecimientos vitales que pueden profundizar cuadros de desesperanza. Motilla insistió, sin embargo, en que no existe una explicación única y que cada situación debe analizarse de manera particular.
Al referirse a diferencias entre hombres y mujeres, mencionó estadísticas que, según lo expresado durante la entrevista, muestran una mayor proporción de suicidios consumados entre varones y una mayor cantidad de intentos entre mujeres. El profesional utilizó esos datos para remarcar la necesidad de intervenir ante cualquier manifestación de ideación suicida, independientemente de la edad o el género.
Hacia el final de la conversación, Motilla compartió una experiencia profesional que sintetizó el eje principal de su mensaje. Recordó el caso de una paciente que atravesaba una situación crítica y decidió comunicarse con él. Esa llamada permitió acompañarla durante el momento de crisis.
“Hoy esa persona vive, y fue gracias a que confió en alguien”, relató.
A partir de aquella experiencia, sostuvo que incluso una intervención aparentemente pequeña puede modificar el curso de una situación.
“Siempre tenemos algo para aportarle al que está en la oscuridad, aunque sea pequeñito. Eso ya hace una diferencia”, expresó.
El mensaje principal que dejó en Antes de Ver el Sol fue que ninguna señal debe ser desestimada y que la prevención requiere la participación del entorno social, las familias y los profesionales.
“El suicidio puede prevenirse”, afirmó Motilla, quien remarcó que acompañar puede permitir que una persona vuelva a encontrar “un poquito de luz y esperanza”.
Antes de despedirse de Ciudad FM, el psicólogo dejó otra idea dirigida especialmente a quienes atraviesan momentos difíciles: “La vida puede cambiar”.
La entrevista completa con Walter Motilla puede verse y escucharse en las plataformas de Ciudad FM, con una conversación centrada en cómo reconocer el sufrimiento, acompañar sin juzgar y comprender que pedir ayuda profesional puede convertirse en un paso fundamental.





































