PARRIPOLLOS AL PASO: QUÉ MIRAR ANTES DE COMPRAR Y CUÁNDO HAY RIESGO PARA LA SALUD

Comprar un pollo al paso parece una decisión sencilla, pero las condiciones del lugar, la conservación de los alimentos y la manipulación pueden marcar una diferencia clave para la salud del consumidor.

Comprar un pollo asado camino a una reunión familiar, un picnic o una salida de fin de semana es una costumbre habitual, especialmente con la llegada de los días más cálidos. Sin embargo, no todos los llamados “parripollos” funcionan de la misma manera ni cumplen necesariamente con las condiciones requeridas para elaborar y vender alimentos.

Los bromatólogos Cristian Pipitone y Ariel Martín, integrantes del área de Bromatología de la Municipalidad de Rivadavia, explicaron en Mañanas de Ciudad, por Ciudad FM 90.5, cuáles son los requisitos para este tipo de comercios y qué señales debería observar el consumidor antes de comprar.

No se puede instalar un parripollo en cualquier lugar

Uno de los primeros puntos que aclararon los especialistas es que las denominadas comidas al paso deben contar con habilitación bromatológica.

La actividad debe realizarse dentro de un terreno privado, propio o cedido, y no puede desarrollarse directamente sobre la vía pública ni de manera ambulante. Además, el espacio necesita determinadas condiciones para poder manipular alimentos de manera adecuada.

Entre los requisitos mencionaron una parrilla protegida y con campana, un sector acondicionado para conservar la mercadería, refrigeración o freezer, disponibilidad de baño y una bacha destinada al lavado de manos y utensilios.

También remarcaron la importancia de contar con el carnet correspondiente de manipulación de alimentos y conservar el pollo refrigerado hasta el momento de su cocción.

El peligro no termina cuando el pollo está cocido

Uno de los puntos centrales de la entrevista estuvo relacionado con la contaminación cruzada.

Pipitone explicó que incluso un pollo correctamente cocido puede volver a contaminarse si quien lo manipula toca previamente alimentos crudos o no realiza un correcto lavado de manos.

Los jugos provenientes del pollo crudo también pueden entrar en contacto con otros alimentos, utensilios o superficies, generando un riesgo que muchas veces el consumidor no puede detectar a simple vista.

Los bromatólogos señalaron que una mala manipulación puede derivar en cuadros de gastroenteritis, intoxicaciones o infecciones. En niños, advirtieron, determinados cuadros producidos por bacterias entéricas pueden tener consecuencias más graves.

La mayonesa casera, otro punto de atención

Otro producto sobre el que pusieron especial atención fue la mayonesa casera.

Durante la entrevista recomendaron utilizar mayonesa industrial elaborada con huevo pasteurizado y aditivos destinados a favorecer su conservación, en lugar de preparaciones caseras cuya seguridad resulta mucho más difícil de garantizar en una venta al paso.

También se refirieron a productos que pueden encontrarse como complemento en algunos puestos, entre ellos las empanadas.

En ese caso señalaron que su elaboración requiere un espacio específicamente habilitado y remarcaron especialmente el riesgo vinculado con los picadillos y rellenos cuando no puede determinarse dónde ni en qué condiciones fueron preparados.

¿Cómo saber si conviene comprar?

Además de los controles oficiales, los especialistas señalaron que el consumidor también puede observar algunas señales.

Un espacio limpio, una parrilla protegida, buena iluminación, indumentaria adecuada, ausencia de animales cerca de los alimentos y la posibilidad de identificar dónde se lavan las manos y los utensilios son detalles que generan mayor confianza.

Por el contrario, un espacio oscuro, desordenado, sin condiciones visibles de higiene o sin posibilidad de observar cómo se manipulan los alimentos debería encender una señal de alerta.

La recomendación fue clara: además del olor tentador del pollo recién hecho, conviene “afinar el ojo” antes de decidir dónde comprar.

¿Qué ocurre cuando detectan un parripollo irregular?

Los bromatólogos explicaron que, frente a situaciones que pueden regularizarse y que no representan un peligro inmediato para la salud, desde el Municipio se intenta acompañar al comerciante para que pueda cumplir con los requisitos.

En algunos casos se otorgan plazos de aproximadamente diez o quince días, e incluso prórrogas cuando existe avance en las mejoras solicitadas. Si la situación no cambia, puede disponerse el cese de la actividad.

La situación cambia cuando aparece mercadería considerada peligrosa o cuya procedencia no puede acreditarse. Allí puede realizarse el decomiso y retiro del alimento de circulación.

Ante situaciones graves o resistencia al procedimiento, explicaron que también puede solicitarse intervención policial o de la Fiscalía.

Bromatología también asesora a quienes quieren emprender

Pipitone y Martín remarcaron que el objetivo de los controles no es impedir la actividad gastronómica.

Por el contrario, señalaron que muchas personas encuentran en la venta de comida una alternativa laboral y destacaron que el área está disponible para asesorarlas antes de iniciar el emprendimiento.

La intención, explicaron, es conseguir que el comercio pueda funcionar dentro de las normas, proteger la salud pública y, al mismo tiempo, evitar la competencia desleal frente a quienes invierten, cumplen los requisitos y mantienen sus negocios habilitados.

Durante la entrevista se informó además el número 2634 71 60 98 para consultas y asesoramiento con Bromatología. También puede realizarse la consulta presencial en el sector ubicado por calle Aristóbulo del Valle, en inmediaciones de la Municipalidad de Rivadavia.

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