Claudia Honorato y Susana Molina contaron cómo transformaron conocimientos aprendidos desde niñas en emprendimientos que hoy encuentran en el Paseo del Arte un espacio para crecer, vender y compartir experiencias.
Detrás de cada producto artesanal hay horas de trabajo, aprendizajes familiares y, muchas veces, una historia que comenzó mucho antes de pensar en vender. Eso quedó reflejado en la visita de Claudia Honorato y Susana Molina a Mañanas de Ciudad.
Honorato lleva adelante Encanto en Detalles y trabaja con textiles, tejidos, bordado chino, marroquinería y productos para bebés, entre otras propuestas. Su vínculo con las manualidades comenzó a los siete años, cuando aprendió a tejer junto a su abuela y con agujas que su abuelo improvisó utilizando rayos de bicicleta.
Molina, por su parte, encontró en los amigurumis una manera de convertir su gusto por las manualidades en una actividad comercial. Docente durante más de tres décadas, comenzó con trabajos de reciclado y luego descubrió los animales tejidos, una técnica que terminó transformándose en una parte central de su producción.
Ambas destacaron además el acompañamiento que encuentran dentro del grupo de artesanos y emprendedores. Para quienes recién comienzan, esa red puede resultar clave a la hora de aprender a montar un puesto, participar de ferias o animarse a mostrar los primeros productos.
Durante la entrevista también remarcaron que los pedidos de los clientes obligan a innovar constantemente. Nuevos materiales, personajes, llaveros, sets materos, productos para bebés y técnicas como el bordado chino forman parte de una oferta que cambia según la demanda.
Más allá de las ventas, las dos coincidieron en que emprender también representa la posibilidad de continuar haciendo aquello que disfrutan y convertir conocimientos adquiridos a lo largo de la vida en una fuente de ingresos.





































