En el Día Internacional de las Personas Mayores, Alejandra Genna puso el foco sobre un desafío que va mucho más allá de la edad: conservar la autonomía, mantener vínculos, encontrar nuevos proyectos y evitar que la soledad termine aislando a quienes todavía tienen mucho para aportar.
Cada 1 de octubre el Día Internacional de las Personas Mayores vuelve a poner en agenda sus derechos, su participación social y la necesidad de construir una vejez con mayor calidad de vida.
Alejandra Genna abordó el tema en MAÑANAS DE CIUDAD y sostuvo que uno de los principales desafíos consiste en dejar de observar la vejez únicamente desde las limitaciones.
Para Genna, autonomía e independencia no significan exactamente lo mismo. Una persona puede necesitar ayuda para desplazarse y, sin embargo, conservar plenamente su capacidad para decidir sobre su vida.
Por eso destacó la importancia de preservar la autonomía durante todas las etapas del envejecimiento.
La participación social ocupa otro lugar central. La referente insistió en que el aislamiento y la soledad pueden transformarse en problemas importantes durante la vejez y planteó la necesidad de sostener espacios donde las personas puedan encontrarse, conversar y construir nuevos vínculos.
Los centros de jubilados y diferentes talleres cumplen una función que excede ampliamente la recreación.
Genna relató experiencias de talleres de tejido con objetivos solidarios y espacios de literatura en los que aparecen recuerdos, historias personales y conversaciones que terminan generando nuevos grupos de pertenencia.
Lo importante, explicó, es recuperar proyectos.
La jubilación no debería ser necesariamente interpretada como el final de una etapa activa, sino como la posibilidad de disponer de tiempo para realizar cosas que durante años quedaron postergadas.
La entrevistada remarcó también la importancia del encuentro entre generaciones. Esa convivencia permite que los más jóvenes accedan a experiencias acumuladas durante décadas y, al mismo tiempo, que las personas mayores permanezcan conectadas con nuevas formas de vivir y comunicarse.
Uno de los problemas señalados fue la exclusión por edad. Genna planteó que todavía existe una tendencia a considerar que una persona deja de ser útil simplemente porque envejeció.
Frente a esa mirada, sostuvo que los adultos mayores conservan conocimientos y experiencias que pueden seguir aportando a la comunidad.
Su mensaje estuvo dirigido especialmente a quienes, después de los 60, sienten que dejaron de ocupar un lugar importante.
La invitación fue concreta: acercarse a centros de jubilados, talleres, actividades, grupos y espacios donde puedan sentirse escuchados y valorados.
Caminar, realizar actividad física de acuerdo con las posibilidades de cada persona, reunirse, tomar mate, conversar o simplemente salir de la casa forman parte de esa búsqueda de una vejez más activa que Genna promueve desde su trabajo cotidiano.
“La soledad es muy mala consejera” fue una de las ideas centrales de la conversación.
Envejecer, desde esta perspectiva, no significa retirarse de la vida social. Significa ingresar en una nueva etapa en la que todavía es posible aprender, decidir, compartir y construir nuevos proyectos.





































