El jurista y politólogo analizó la consolidación democrática, cuestionó el funcionamiento de los partidos y sostuvo que la dirigencia necesita renovar su formación y sus métodos.
La democracia argentina consiguió sostener el voto periódico y las instituciones fundamentales desde su recuperación en 1983. Sin embargo, para el jurista y politólogo Alberto Montbrun, esa continuidad no significa que el sistema haya logrado responder adecuadamente a las expectativas de la sociedad. En Antes de Ver el Sol, el entrevistado dialogó con Hugo Lombardi y Susana Gómez sobre los 43 años de las elecciones que abrieron el camino al gobierno de Raúl Alfonsín.
Montbrun recordó la importancia que tuvo para su generación volver a votar después de la dictadura. Durante los primeros años, según analizó, dirigentes de distintas fuerzas tenían una experiencia compartida de resistencia al régimen militar que facilitaba el diálogo y la construcción de acuerdos. También remarcó que existía una valoración especialmente intensa de la democracia y una expectativa de que pudiera solucionar numerosas dificultades acumuladas.
Con el paso del tiempo, sostuvo, esa esperanza chocó con crisis económicas, conflictos sociales y un desempeño institucional que, a su entender, no respondió a las necesidades de la población. El entrevistado repasó etapas de los gobiernos nacionales posteriores a 1983 y formuló una crítica transversal al funcionamiento de los partidos. Se trata de su lectura política e histórica, no de un balance institucional consensuado.
Uno de sus argumentos centrales fue que muchas estructuras políticas operan con esquemas de pensamiento concebidos para sociedades muy diferentes de la actual. Montbrun señaló la expansión digital y los cambios tecnológicos como ejemplos de una realidad que considera cada vez más compleja. Frente a ello, propuso que los responsables de la gestión pública se formen en enfoques científicos y de sistemas complejos, en lugar de basarse únicamente en fórmulas partidarias tradicionales.
El exfuncionario y consultor político insistió en que reconocer los límites del propio conocimiento es una condición indispensable para gobernar. Criticó lo que describió como arrogancia de sectores dirigentes y consideró que la capacitación permanente debería ser una exigencia para quienes ejercen responsabilidades públicas.
La entrevista también se detuvo en Mendoza. Montbrun formuló cuestionamientos a la dinámica entre el oficialismo provincial, sus colaboradores y la oposición, y expresó críticas al funcionamiento de la Justicia y de la Legislatura. Son evaluaciones y señalamientos personales del entrevistado que, para una publicación con acusaciones concretas, requieren contrastar antecedentes y solicitar la posición de los involucrados.
Consultado por Alfredo Cornejo, sostuvo que no utilizaría la palabra «autoritario» como una calificación concluyente, aunque sí consideró problemático que funcionarios o aliados eviten discutir las decisiones del gobernador. En su análisis, la falta de debate interno perjudica el funcionamiento democrático incluso cuando no existen órdenes explícitas de silenciar diferencias.
Sobre la Unión Cívica Radical, afirmó que la fuerza perdió protagonismo autónomo después de la crisis de 2001 y pasó a articular alianzas con proyectos de otros partidos. También opinó sobre las trayectorias de Luis Petri y otras figuras políticas, sin formular una condena moral definitiva por los cambios de pertenencia partidaria.
Montbrun fue especialmente crítico con el sistema de representación. Sostuvo que el modelo tradicional está agotado porque, según su visión, la ciudadanía posee conocimientos y herramientas que no encuentran suficiente espacio en las decisiones públicas. Su planteo apunta a revisar la relación entre representantes, partidos y sociedad.
Al preguntársele por una eventual continuidad presidencial de Javier Milei, evitó realizar pronósticos y subrayó la dificultad de anticipar escenarios políticos. Sobre su participación personal, aclaró que no tiene intención de volver a militar partidariamente, aunque mantiene disposición a ofrecer asesoramiento y capacitación a distintas fuerzas.
La conversación dejó una tensión central: el valor de haber sostenido 43 años de vida democrática y la necesidad de discutir cómo mejorar sus instituciones para que esa continuidad se traduzca en mejores respuestas para los ciudadanos.





































