La artesana de Rivadavia contó cómo el tejido acompañó distintas etapas de su vida y presentó las creaciones que ofrece en el Paseo del Arte.
Detrás de cada pieza artesanal existe una historia que no siempre se conoce al mirar un puesto de feria. En Mañanas de Ciudad, Mabel Carrizo compartió una de esas historias durante el segmento de artesanos y presentó su emprendimiento «Mis Dos Ángeles», dedicado principalmente al crochet, la muñequería y los accesorios tejidos.
Recibida por Karina Coria y acompañada por Lorena Lucero, vinculada a la organización del Paseo del Arte, Mabel habló con naturalidad sobre sus trabajos y sobre el camino personal que recorrió hasta convertir el tejido en una actividad constante. Al explicar el nombre del emprendimiento, recordó la pérdida de dos hijos mellizos, un episodio doloroso que marcó su vida y que eligió mantener presente a través de «Mis Dos Ángeles».
La entrevistada relató que durante muchos años debió combinar las obligaciones familiares, el trabajo remunerado y el aprendizaje de nuevas técnicas. Contó que se desempeñó en tareas domésticas y que, después de extensas jornadas, encontraba tiempo para tejer por las noches. Entre sus primeros trabajos importantes recordó un mantel de gran tamaño que le demandó aproximadamente dos meses y medio.
En su recorrido también mencionó experiencias de violencia dentro de una relación y decisiones difíciles que tomó para reorganizar su vida. Esos pasajes fueron compartidos por ella misma durante la conversación. Su historia se reproduce aquí con respeto, sin convertir el sufrimiento personal en un recurso de espectáculo ni atribuir responsabilidades a terceros sin contar con su versión.
La artesana dijo que el tejido adquirió un papel especial cuando su situación económica y familiar fue cambiando. Su madre colaboró en los comienzos, ayudándola a conseguir hilos, materiales y revistas. Mabel recordó que antes de la popularización de los tutoriales digitales aprendía leyendo patrones impresos, guardando publicaciones y practicando cada técnica hasta dominarla.
Actualmente desarrolla muñecos tejidos, llaveros, colines, chalinas, prendas y trabajos por encargo. La diversidad de productos le permite ofrecer propuestas de distintos tamaños y precios. Según explicó, en el Paseo del Arte suelen tener más salida las piezas pequeñas, especialmente los accesorios que pueden colocarse en mochilas o utilizarse como regalos.
Carrizo remarcó el esfuerzo que hay detrás de cada artículo. Un objeto tejido a mano requiere horas de dedicación y cuidado de los materiales, por lo que pidió que los visitantes manipulen los productos con respeto. También contó que ha realizado prendas especiales a pedido y que esas experiencias le permitieron construir vínculos con nuevos clientes.
La invitada expresó su interés por aprender otras técnicas artesanales, entre ellas la elaboración de jabones, aunque todavía se encontraba resolviendo cuestiones relacionadas con el acceso a los insumos y la calidad del producto. Ese proyecto fue presentado como una posibilidad en desarrollo, no como una línea comercial ya disponible.
Uno de los puntos más emotivos de la entrevista fue su definición del emprendimiento. Para Mabel, tejer no se limita a vender: representa una actividad que la mantiene activa, vinculada con otras personas y motivada a seguir creando.
La artesana participa del Paseo del Arte que se realiza los sábados en la plaza departamental de Rivadavia. Allí comparte espacio con otros emprendedores, en una dinámica de colaboración que destacó especialmente. Su historia muestra cómo un oficio puede sostener la memoria familiar y, al mismo tiempo, abrir nuevas oportunidades de encuentro y trabajo.





































