La psicóloga Agostina Della Longa explicó los cambios emocionales, la búsqueda de autonomía y el impacto de las redes sociales durante esta etapa.
La adolescencia no es una sola experiencia ni puede explicarse únicamente como rebeldía. La licenciada en Psicología Agostina Della Longa explicó en Mañanas de Ciudad por qué cada adolescente atraviesa este proceso de manera distinta y qué pueden hacer las familias para acompañar sin invadir.
Della Longa diferenció la pubertad, más asociada a los cambios biológicos, de la adolescencia, que incluye transformaciones psicológicas, sociales, familiares y físicas. También recordó que existen distintas etapas y que esas divisiones funcionan como orientaciones, no como límites rígidos.
Uno de los cambios más visibles es la búsqueda de privacidad y autonomía. Los amigos y grupos de pertenencia ganan importancia, mientras aparecen nuevas opiniones, intereses y formas de relacionarse que no siempre coinciden con las expectativas familiares.
La psicóloga remarcó que las emociones pueden sentirse con mucha intensidad porque el adolescente está atravesando experiencias nuevas mientras su cerebro continúa desarrollándose. Por eso aconsejó no minimizar el dolor, la frustración ni la felicidad con frases que descalifiquen lo que está viviendo.
Las redes sociales agregan otro desafío. Pueden afectar la autoestima a través de la comparación, los “me gusta” y la idealización de vidas ajenas, pero también pueden servir como redes de apoyo, creatividad y encuentro. La clave, sostuvo, es trabajar el equilibrio, la comunicación y el cuidado frente a personas desconocidas.
Della Longa también derribó varios mitos: encerrarse en la habitación no significa necesariamente rechazar a la familia; la adolescencia no implica ser irresponsable y no todos atraviesan una crisis. Para las familias, el desafío es sostener límites y comunicación mientras aceptan que ese niño está construyendo una identidad propia.





































