Daniel Di María reconoció las tareas de limpieza preventiva, pero advirtió que un asentamiento ubicado aguas arriba del paredón puede quedar expuesto a inundaciones durante una crecida intensa. También señaló otros puntos vulnerables de Mendoza.
La preparación ante lluvias intensas en Mendoza abrió una preocupación que va más allá de la limpieza de cauces y defensas aluvionales: la presencia de viviendas en lugares que pueden inundarse rápidamente. En ANTES DE VER EL SOL, Hugo Lombardi y Susana Gómez entrevistaron a Daniel Di María, presentado como titular del Centro de Ingenieros de Mendoza, quien explicó el riesgo que observa en el área del dique Papagayos.
Di María contó que envió una carta al intendente de la Ciudad de Mendoza, Ulpiano Suárez. En ella reconoció las tareas preventivas realizadas por la comuna, especialmente el acondicionamiento del dique, pero añadió una advertencia: en el vaso del reservorio, aguas arriba de su paredón, existe un asentamiento de familias cuyas viviendas podrían quedar seriamente comprometidas si ingresara un gran volumen de agua.
El entrevistado señaló que los trabajos municipales y de otros organismos, entre ellos la Dirección de Hidráulica y el Departamento General de Irrigación, buscan retirar obstrucciones, limpiar canales y mejorar el funcionamiento de defensas aluvionales. En Papagayos, explicó, se retiró vegetación y se acondicionó el terreno para recibir el agua que desciende desde los cerros.
Sin embargo, sostuvo que mejorar la capacidad de recepción del dique exige atender también la situación habitacional de quienes residen dentro de esa zona. Según su planteo, una crecida significativa podría inundar las viviendas o someterlas a la fuerza del agua que ingresa. Se trata de una advertencia técnica expresada por el entrevistado, no de una inundación que ya hubiera ocurrido.
Di María recordó que este tipo de infraestructura está destinado a retener temporalmente los escurrimientos que bajan de los cerros y a conducirlos luego hacia canales ubicados aguas abajo. Mencionó los sistemas de Papagayos, Frías y Maure y explicó que la dificultad más preocupante aparecería si varias cuencas recibieran precipitaciones intensas al mismo tiempo.
En ese escenario hipotético, los aportes confluirían en el canal Cacique Guaymallén, con la posibilidad de exigir al máximo su capacidad de conducción. La magnitud de las consecuencias, aclaró, dependería de la intensidad, la duración y la simultaneidad de las lluvias. También identificó a sectores de Lavalle, hacia el tramo final del sistema, entre los lugares que podrían verse comprometidos.
Otra preocupación del ingeniero se concentró en las construcciones asentadas sobre el piedemonte y en trazas que históricamente funcionaban como pasos naturales del agua. Según su análisis, ocupar esos espacios incrementa la exposición a los escurrimientos aluvionales. En San Rafael, asimismo, mencionó las edificaciones cercanas al río aguas abajo del dique Valle Grande, especialmente ante una eventual erogación importante.
Di María cuestionó las edificaciones realizadas sin autorización en áreas donde no debería construirse e insistió en la necesidad de controles municipales. Al abordar el riesgo sísmico, diferenciió las obras reglamentarias, con exigencias sismorresistentes, de aquellas ejecutadas clandestinamente, sobre las cuales —según dijo— no siempre se conoce su capacidad para enfrentar un terremoto. Citó además un registro provincial que, según su declaración, ubica en torno al 25% la superficie construida clandestinamente entre 2000 y 2025; la cifra corresponde a lo expresado en la entrevista.
En el tramo final de la conversación, el profesional aportó otro dato: indicó que el incremento del costo de la construcción en una medición de los primeros días de octubre fue del 1,89%, mientras el informe estaba próximo a publicarse. Se trata de un anticipo brindado al aire y no de una cifra que haya sido verificada independientemente en esta nota.
La conversación dejó dos mensajes relacionados: las obras preventivas pueden reducir vulnerabilidades, pero requieren coordinación y mantenimiento; y ninguna intervención hidráulica reemplaza la necesidad de evitar o resolver situaciones habitacionales en áreas expuestas a crecidas. El foco de la advertencia de Di María fue la protección de las familias antes de que ocurra una emergencia.





































