“CON EL JARILLERO NO SE JODE”: CUANDO EL FÚTBOL SE CONVIERTE EN RELATO

En el segmento LA PALABRA NO SE MANCHA, Hugo Videla volvió a cruzar deporte y literatura con una historia atravesada por pasión, bronca, identidad aurinegra y una frase que termina funcionando como advertencia: “Con el Jarillero no se jode”.
El fútbol tiene resultados, tablas y estadísticas, pero también tiene relatos. Historias que sobreviven porque alguien las contó alguna vez y otro decidió volver a contarlas.
En LA PALABRA NO SE MANCHA, el espacio de ANTES DE VER EL SOL donde literatura y deporte se encuentran, Hugo Videla narró “Con el Jarillero no se jode”.
El relato se construye alrededor de una expresión instalada como una especie de ley no escrita entre quienes sienten los colores aurinegros.
La escena lleva al oyente hasta un partido cargado de tensión.

Un árbitro que llega con reputación de ser firme comienza a tomar decisiones cuestionadas por los simpatizantes locales. El encuentro avanza, la bronca aumenta y un gol anulado termina encendiendo definitivamente el clima.

El resultado adverso marca el final deportivo, pero no el final de la historia.

A partir de allí el relato abandona la lógica de una crónica convencional para internarse en un terreno oscuro, exagerado y deliberadamente literario, donde la furia acumulada alrededor del partido termina trasladándose fuera del campo.
El árbitro se convierte entonces en el personaje central de una secuencia de violencia que el texto utiliza como recurso narrativo para construir el mito que da nombre al relato.
La imagen final conecta aquella historia con un elemento profundamente ligado a la memoria del pueblo: el tren de pasajeros.

El personaje queda golpeado y atemorizado, como si por unos instantes aquel tren hubiese regresado únicamente para pasar por encima de él.
Más que reconstruir un partido, el relato trabaja sobre la manera en que el fútbol construye leyendas.
Clubes, hinchadas, barrios y pueblos acumulan expresiones que terminan pasando de una generación a otra y sobreviven incluso cuando ya nadie puede establecer con exactitud dónde comenzó la historia.

En ese terreno funciona “Con el Jarillero no se jode”.

No como una invitación a la violencia ni como una crónica destinada a justificarla, sino como un relato literario que utiliza el exceso, la pasión y el código futbolero para construir una historia alrededor de la identidad aurinegra.
LA PALABRA NO SE MANCHA vuelve así a demostrar que un partido puede terminar a los 90 minutos, pero algunas historias continúan jugando durante años.

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