Una tecnología desarrollada por investigadores del INTA busca transformar el diagnóstico sanitario de los frutales de carozo mediante un sistema portátil capaz de identificar infecciones directamente en fincas y viveros. Damián Piglionico explicó cómo funciona el proyecto, su importancia para la producción mendocina y las condiciones necesarias para que esté disponible durante 2027.
La detección temprana de enfermedades virales representa uno de los desafíos para la producción frutícola de Mendoza. Los virus que afectan a durazneros, ciruelos y otras especies de carozo pueden disminuir el rendimiento de las plantas, deteriorar la calidad de los frutos y generar importantes pérdidas económicas para productores y viveristas.
Frente a esta problemática, investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria trabajan en una herramienta que podría modificar los procedimientos de diagnóstico. Se trata de un sistema portátil que permite identificar la presencia de determinados virus en aproximadamente una hora, sin necesidad de trasladar las muestras a un laboratorio convencional.
Damián Piglionico, investigador del INTA Junín, brindó detalles de esta tecnología durante una entrevista con Carina Coria en el programa Mañanas de Ciudad, de Ciudad FM 90.5.
El especialista comenzó explicando que las plantas, al igual que los seres humanos, pueden contraer enfermedades causadas por virus. Sin embargo, señaló una diferencia fundamental: las especies vegetales infectadas no logran eliminar espontáneamente esos agentes y pueden convivir con ellos durante toda su vida.
En muchos casos, la enfermedad no genera síntomas evidentes en sus primeras etapas. Pese a ello, una planta infectada puede presentar un rendimiento considerablemente inferior al de otra que se desarrolla en condiciones sanitarias adecuadas.
Las consecuencias pueden manifestarse a lo largo de los años mediante una disminución de la producción, una menor calidad comercial de la fruta y una capacidad reducida para responder a otros problemas sanitarios.
Piglionico señaló que, actualmente, una de las principales herramientas de prevención consiste en utilizar material vegetal sano, particularmente al momento de realizar injertos. También destacó la necesidad de controlar las plagas capaces de transmitir determinadas infecciones entre plantas.
Durante la conversación aclaró que, a diferencia de lo que sucede con algunas enfermedades humanas, no existe un sistema de vacunación convencional que permita resolver estas infecciones virales en frutales. Por ese motivo, prevenir el ingreso del virus y detectar su presencia adquiere especial importancia.
El investigador explicó que los métodos tradicionales de diagnóstico pueden resultar más lentos y requieren procedimientos de laboratorio. Entre ellos mencionó las técnicas serológicas y los análisis moleculares mediante PCR, utilizados también en otros campos de la investigación sanitaria.
Según detalló, completar los procedimientos convencionales puede demandar dos o tres días, considerando la preparación, las extracciones y los análisis de las muestras.
La nueva tecnología pretende reducir considerablemente esos tiempos mediante la combinación de métodos de reconocimiento del virus con una técnica molecular conocida como LAMP, que permite detectar material genético en concentraciones muy bajas.
El sistema incorpora una primera etapa de captura del agente viral y posteriormente realiza el análisis mediante esa tecnología. El resultado puede identificarse a través de un cambio de color, lo que facilita la interpretación sin depender de equipamientos complejos.
Una de las características más importantes del desarrollo es su portabilidad. El equipo fue adaptado para funcionar mediante la batería de un automóvil o fuentes de energía externas, permitiendo realizar los análisis directamente en los lugares donde se encuentran las plantas.
Esta posibilidad constituye una diferencia significativa frente al envío de muestras a laboratorios, particularmente en explotaciones alejadas de los centros de diagnóstico.
Piglionico explicó que el objetivo es conseguir un procedimiento sencillo, que pueda ser utilizado por personal capacitado sin necesidad de reproducir todas las condiciones técnicas de un laboratorio tradicional.
No obstante, aclaró que el desarrollo todavía no está terminado como producto de uso general. El protocolo tecnológico se encuentra disponible, pero resta adaptar determinados componentes para simplificar su funcionamiento y facilitar su utilización.
Entre los posibles usuarios del sistema mencionó al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, SENASA, organismo que realiza controles relacionados con diferentes enfermedades vegetales.
Uno de los ejemplos abordados fue la sharka, una enfermedad viral que afecta a especies frutales de carozo y constituye un problema sanitario de importancia internacional.
El investigador explicó que existen variantes del virus con diferente capacidad de daño. En algunas regiones europeas, determinadas variantes han provocado pérdidas productivas extremadamente severas, mientras que las presentes en Argentina presentan, según su descripción, un comportamiento diferente.
También señaló que se han identificado infecciones en sectores de Mendoza y destacó la importancia de impedir el ingreso o la propagación de variantes particularmente agresivas.
Para estas tareas de vigilancia, contar con resultados en el mismo lugar de muestreo permitiría acelerar las decisiones sanitarias. El especialista mencionó que ciertos controles pueden requerir actualmente más de dos semanas entre la toma de muestras y la obtención de resultados, mientras que el nuevo procedimiento podría reducir sustancialmente esa espera.
La herramienta, sin embargo, no elimina ni cura el virus. Su función es identificarlo tempranamente para contribuir a la prevención, el control y la toma de decisiones sobre el material vegetal.
El proyecto también representa una oportunidad para los viveros, donde la calidad sanitaria de las plantas es determinante. Piglionico explicó que una infección viral puede afectar el prendimiento de los injertos, reducir el desarrollo de los ejemplares y generar pérdidas importantes durante la producción.
Al referirse a esas consecuencias, mencionó que los niveles de pérdidas pueden variar considerablemente según el virus presente y las condiciones del cultivo, alcanzando en determinadas situaciones porcentajes significativos.
La disponibilidad de plantas libres de virus, por lo tanto, constituye uno de los pilares para mejorar la productividad y evitar que las enfermedades se propaguen mediante material de multiplicación infectado.
En ese sentido, el investigador destacó el trabajo del INTA en el relevamiento sanitario de explotaciones de la zona Este de Mendoza y en el mantenimiento de material vegetal libre de virus.
Explicó que la institución dispone de portainjertos y variedades sometidos a controles sanitarios periódicos, destinados a facilitar el establecimiento de plantas saludables desde las primeras etapas productivas.
También mencionó trabajos vinculados con material vegetal de fundación en Rivadavia, cuya vigilancia sanitaria resulta importante para conservar las condiciones de sanidad de los ejemplares destinados a multiplicación.
En cuanto a la recepción del proyecto, señaló que mantienen contacto con productores y responsables de viveros interesados en mejorar la calidad de las plantas. Sin embargo, explicó que todavía no se ha presentado formalmente un producto comercial definitivo, porque resta completar su adaptación.
Uno de los principales interrogantes abordados durante la entrevista fue el plazo necesario para que esta tecnología pueda utilizarse de manera más amplia.
Piglionico estimó que, si se dispone de los recursos económicos necesarios y el desarrollo avanza según lo previsto, el sistema podría estar preparado hacia mediados de 2027, con la intención de incorporarlo a la temporada productiva siguiente.
El investigador reconoció que el financiamiento constituye una condición importante para continuar el trabajo, dado que la tecnología central ya fue desarrollada, pero todavía deben concretarse etapas adicionales para facilitar su aplicación práctica.
Por esa razón, la fecha planteada representa una estimación condicionada al avance técnico y a la disponibilidad de fondos, no una confirmación de lanzamiento comercial.
Finalmente, Piglionico invitó a productores, viveristas y personas interesadas en la sanidad de los frutales a acercarse a la Estación Experimental del INTA Junín para realizar consultas y conocer los trabajos que desarrolla el organismo.
La investigación abre una perspectiva de interés para la fruticultura mendocina: disponer de diagnósticos más rápidos y accesibles podría mejorar los controles preventivos, facilitar la utilización de plantas sanas y contribuir a reducir las pérdidas que generan las enfermedades virales.
En un sector donde la sanidad vegetal condiciona la producción durante años, detectar un virus a tiempo puede representar una diferencia importante para el futuro de una plantación.





































