EL RIESGO CARDIOVASCULAR PUEDE BAJARSE: LOS CONTROLES QUE NO DEBERÍAN ESPERAR A UNA URGENCIA

La jefa del Servicio de Cardiología del Hospital Perrupato, Paola Mostafá, explicó qué factores aumentan el riesgo cardiovascular, cuáles pueden modificarse y por qué una persona aparentemente saludable también puede necesitar controles.
El Día Mundial del Corazón volvió a poner sobre la mesa una idea central: prevenir no significa garantizar que nunca aparecerá una enfermedad, pero sí disminuir las posibilidades de sufrir complicaciones.

Paola Mostafá explicó que existen factores de riesgo modificables y otros que no pueden cambiarse.
Entre los primeros mencionó mala alimentación, sedentarismo, tabaquismo y consumo de alcohol. Entre aquellos que no pueden modificarse aparecen la edad, el sexo y la genética.
La especialista remarcó que llevar una vida saludable reduce riesgos, aunque no significa que una persona quede completamente exenta de una enfermedad cardiovascular.
Los antecedentes familiares también cumplen un papel importante y pueden justificar controles más específicos.

Mostafá sostuvo que muchas personas pueden tener alteraciones cardiovasculares sin saberlo. Por eso destacó la importancia de la consulta médica aun cuando no existen síntomas.
Durante una evaluación cardiológica, el profesional puede definir qué estudios necesita cada paciente según su edad, antecedentes, síntomas y factores de riesgo.
Entre los estudios que mencionó se encuentran electrocardiograma, ecocardiograma, ergometría, Holter y presurometría, aunque aclaró que no todos corresponden necesariamente a todos los pacientes.

Según explicó, a partir de la adultez resulta importante comenzar con controles y posteriormente ajustar su frecuencia a cada situación individual.
Uno de los motivos que más lleva a los pacientes a consultar es el dolor de pecho.
Mostafá aclaró que no todo dolor tiene origen cardíaco. El estrés y la ansiedad también pueden generar molestias.
El dolor asociado a una enfermedad coronaria suele tener características particulares, como sensación opresiva, posible irradiación hacia brazos o mandíbula y, en algunos casos, falta de aire.

La hipertensión y la diabetes fueron señaladas como factores que pueden incrementar el riesgo cardiovascular y que necesitan mantenerse bajo seguimiento médico.
El tabaquismo también ocupó un lugar central. Mostafá destacó que abandonar el cigarrillo produce beneficios rápidamente y remarcó que dejar de fumar constituye una de las decisiones más importantes para disminuir riesgos.

La médica explicó además la diferencia entre un infarto y un paro cardíaco.

El infarto se produce ante una obstrucción coronaria, mientras que un paro puede aparecer posteriormente como una complicación grave si la situación evoluciona desfavorablemente.
También aclaró que el término “preinfarto” no es utilizado actualmente como diagnóstico en el sentido popular, y que existen cuadros como la angina de pecho que requieren evaluación y tratamiento.

En el Hospital Perrupato funciona desde el 9 de noviembre de 2025 una unidad coronaria que, según explicó Mostafá, es la primera de este tipo en la Zona Este.
Allí se reciben pacientes con cuadros cardiovasculares que requieren atención y, dependiendo de la evolución, pueden ser derivados para procedimientos posteriores.
Mostafá señaló además que la edad de aparición de los primeros eventos coronarios ha disminuido y relacionó esa situación con hábitos como sedentarismo, alimentación inadecuada, tabaquismo, estrés y consumo de sustancias.

Como mensaje final insistió en realizar controles, consultar ante síntomas y no tener miedo a concurrir al médico.
El objetivo, sostuvo, es no esperar hasta llegar a una urgencia.

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