TRIPLE NI: CUATRO PILARES PARA RECUPERAR LA MOTIVACIÓN Y EL PROPÓSITO


Un informe de la Universidad de Buenos Aires reveló que el 48,9% de los argentinos de entre 18 y 29 años atraviesa situaciones de vulnerabilidad social. El psicólogo Walter Motilla advirtió que el crecimiento de los denominados “triple ni” no puede explicarse solamente por la falta de voluntad y señaló que muchos jóvenes han dejado de creer que el esfuerzo pueda cambiar su realidad.

La situación de los jóvenes que no estudian, no trabajan ni buscan empleo abrió un nuevo debate sobre la falta de oportunidades, la precariedad laboral, la salud mental y la pérdida de expectativas de progreso en Argentina.

El informe presentado durante el programa Antes de ver el Sol, conducido por Hugo Lombardi en Ciudad FM 90.5, fue elaborado por la Universidad de Buenos Aires bajo el título “Jóvenes vulnerables en la Argentina: condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”.

Según los datos mencionados durante la entrevista, el 48,9% de las personas de entre 18 y 29 años se encuentra en condiciones de vulnerabilidad social. Además, el 85% de los encuestados considera que estudiar puede mejorar su futuro, aunque tres de cada cuatro jóvenes interrumpieron sus estudios.

Frente a este escenario, Walter Motilla pidió evitar explicaciones simplistas y sostuvo que un fenómeno que afecta a casi la mitad de una generación no puede ser atribuido únicamente a una supuesta falta de ganas de estudiar o trabajar.

“Cuando casi la mitad de una generación vive vulnerabilidad, el problema ya no puede explicarse por la falta de voluntad individual”, afirmó.

El psicólogo explicó que algunos jóvenes pueden estar atravesando cuadros de depresión, ansiedad o ataques de pánico, mientras que otros acumularon experiencias repetidas de frustración, rechazo laboral y falta de estabilidad. Con el paso del tiempo, esas experiencias pueden provocar que dejen de intentar avanzar.

“No siempre estamos frente a jóvenes solo sin ganas. Muchas veces estamos frente a jóvenes sin esperanza”, advirtió.

Motilla señaló que la inestabilidad y la precariedad laboral tienen un fuerte impacto sobre quienes comienzan su vida ocupacional. Muchos jóvenes perciben que deben realizar un esfuerzo demasiado grande frente a un escenario que ofrece muy pocas certezas.

Cuando una persona intenta estudiar, conseguir empleo o progresar, pero encuentra sucesivas dificultades, puede comenzar a creer que ninguna acción producirá un cambio profundo. El entrevistado describió este mecanismo como una respuesta psicológica conocida frente a las frustraciones repetidas.

“Después de suficientes puertas cerradas o dificultades, algunas personas dejan de golpear la puerta”, expresó.

La vulnerabilidad social, explicó, surge de la relación entre los factores protectores y los factores de riesgo que rodean a cada persona. Entre los elementos protectores mencionó el acompañamiento familiar, los amigos, la escuela, una red social de apoyo, la disciplina, la capacidad para tolerar las frustraciones, la flexibilidad y la existencia de un propósito.

En el extremo opuesto aparecen la ausencia de referentes, la falta de contención, el aislamiento, la baja autoestima, la pérdida de confianza, la ansiedad, la depresión y la sensación de inutilidad. También mencionó el refugio excesivo en videojuegos o redes sociales, no como una causa única, sino como una consecuencia que puede contribuir a perpetuar el problema.

La incertidumbre económica es otro de los factores que condicionan las expectativas de los jóvenes. Los trabajos precarios, las dificultades para acceder a un alquiler y la imposibilidad de independizarse modificaron la relación entre el esfuerzo y los resultados.

“Antes el esfuerzo garantizaba una expectativa. Hoy, el esfuerzo muchas veces no garantiza resultados”, sostuvo Motilla.

Aunque la mayoría de los jóvenes encuestados continúa creyendo que estudiar puede mejorar su futuro, muchos observan que incluso una formación universitaria no asegura automáticamente el acceso a un empleo. El psicólogo, quien se desempeña como docente universitario desde hace alrededor de 30 años, señaló que actualmente no basta con obtener un título, sino que también es necesario desarrollar competencias y encontrar una cualidad que permita diferenciarse.

En ese contexto, numerosos estudiantes ya no consideran al trabajo en relación de dependencia como la única alternativa y comienzan a pensar en emprendimientos, proyectos independientes o nuevas formas de construir su perfil laboral.

Las redes sociales también influyen sobre la percepción del éxito. Motilla explicó que las plataformas muestran permanentemente a empresarios, viajeros, influencers o millonarios de poco más de 20 años, generando comparaciones difíciles de sostener.

En muchos casos, los jóvenes comparan sus dificultades cotidianas con una imagen de éxito que puede haber sido construida para las redes. Esa diferencia entre la vida real y lo que se exhibe públicamente puede profundizar la frustración y el sentimiento de estar quedando atrás.

El entrevistado también analizó la responsabilidad de las familias, la sociedad, el sistema educativo y el Estado. En el ámbito familiar identificó dos extremos perjudiciales: la sobreprotección que genera dependencia y la ausencia de contención, marcada por el abandono, la violencia o la falta de referentes. Ambas situaciones pueden dificultar el desarrollo de la autonomía.

A esto se suma una sociedad fragmentada que, según expresó, no siempre ofrece modelos deseables ni espacios de acompañamiento para quienes comienzan a construir una identidad adulta.

Cuando no existen estudios, empleo ni un proyecto personal, aparece una pregunta profunda: quién es esa persona y qué lugar ocupa en la sociedad. Esa crisis de identidad puede prolongarse durante años si no se construyen nuevas oportunidades y propósitos.

La pandemia también fue señalada como un punto de quiebre. Motilla sostuvo que sus consecuencias todavía se observan en los consultorios psicológicos y psiquiátricos, especialmente a través del aislamiento, el temor, la inseguridad y la pérdida de vínculos.

El especialista remarcó que el crecimiento de los “triple ni” constituye un fenómeno multicausal en el que intervienen la salud mental, la economía, la educación, la cultura, la familia y las oportunidades reales disponibles.

Para comenzar a revertir la situación, propuso trabajar sobre cuatro pilares. El primero consiste en recuperar pequeños logros y generar movimiento sin esperar inmediatamente el trabajo ideal. El segundo es construir rutinas vinculadas con el descanso, el orden y la actividad física.

El tercero plantea recuperar los vínculos y formar una red de contactos, amigos y personas que puedan brindar acompañamiento. En ese sentido, recomendó utilizar plataformas laborales y evitar el aislamiento.

“Nadie se salva solo”, sintetizó.

El cuarto pilar es recuperar un sentido para la vida. Según explicó, muchas personas vuelven a tener energía antes de conseguir empleo cuando logran sentir que su existencia posee una dirección y que sus acciones pueden producir algún cambio.

Motilla advirtió que permanecer demasiado tiempo sin proyectos incrementa el riesgo de depresión, ansiedad, aislamiento y pérdida de autoestima. Cuando esa situación alcanza a una parte importante de la población, el problema deja de ser individual y comienza a afectar al conjunto de la sociedad.

“Una generación sin esperanza genera una sociedad sin futuro”, afirmó.

El trabajo, además de proporcionar ingresos, también puede generar pertenencia, autoestima, dignidad y una estructura cotidiana. Por eso, sostuvo que el principal peligro no es solamente que un joven no consiga empleo, sino que deje de creer que vale la pena buscarlo.

“La esperanza se construye socialmente”, remarcó.

El cierre de la entrevista estuvo centrado en la necesidad de devolverles a los jóvenes la sensación de que su esfuerzo puede modificar su destino. Cuando una persona recupera la esperanza, explicó Motilla, puede volver a estudiar, trabajar, imaginar alternativas o comenzar un nuevo camino.

La entrevista completa con Walter Motilla permite comprender las causas psicológicas y sociales vinculadas con el crecimiento de los “triple ni” y conocer las herramientas propuestas para recuperar la motivación, los vínculos y el propósito.

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