En diálogo con Hola Gente, el ingeniero agrónomo Juan Cruz Santoni advirtió que la plaga ya generó grandes pérdidas en la temporada pasada y podría volver a afectar seriamente a la producción. Explicó su ciclo, los métodos de control y también habló de otras amenazas como el oídio, la peronóspora y las heladas tardías.

 

En su primera entrevista radial, el ingeniero agrónomo Juan Cruz Santoni visitó Hola Gente (Ciudad FM) y brindó una explicación detallada sobre la polilla de la vid, una plaga que preocupa a los productores mendocinos.

“La polilla está siempre presente, es una mariposa que solo ataca a los racimos, no a la hoja ni a la cepa. Por eso el daño es tan grave, porque va directo al fruto”, señaló Santoni.

El especialista explicó que la plaga cumple varias generaciones por año:

“El primer vuelo se da entre octubre y noviembre, cuando suben las temperaturas. La hembra pone los huevos sobre los primordios florales y de allí nacen las larvas, que comen la flor y dañan la producción”.

Santoni remarcó que el momento de la aplicación es clave:

“Los insecticidas no atacan al adulto, sino a los huevos y larvas. Por eso hay que curar justo cuando la plaga aparece. No es lo mismo aplicar en cualquier momento, hay que dar en el blanco”.

Además, advirtió que la polilla puede arrastrar otras enfermedades, como la botritis, que deteriora la calidad de la uva y del vino:

“Las uvas podridas pierden muchísima calidad al momento de vinificarlas”.

El ingeniero detalló que existen productos químicos de diferentes grupos, algunos que regulan el crecimiento de la larva y otros más caros pero de espectro amplio, que atacan todas las etapas de desarrollo. También destacó el uso de la confusión sexual con feromonas:

“Se cuelgan dispensers en la finca que saturan el ambiente con olor a hembra, entonces el macho no logra encontrarla y no se reproduce”.

Consultado por las zonas más afectadas, Santoni mencionó la zona Este, el Valle de Uco y el Norte, donde la plaga está más instalada y acumulada de temporadas anteriores.

Más allá de la polilla, el ingeniero se refirió a otras enfermedades de la vid:

Oídio: “Es muy común, pero fácil de controlar con azufre, ya que se queda en la superficie de la hoja”.

Peronóspora: “Se da en años lluviosos, porque necesita humedad para desarrollarse”.

También habló de los riesgos de las heladas tardías, que suelen ocurrir entre octubre y noviembre:

“Son las más dañinas porque sorprenden al cultivo en plena floración o cuajado. Una helada fuerte en noviembre puede arruinar la producción”.

Santoni recomendó prácticas como mantener el suelo húmedo y limpio antes de un pronóstico de helada, el uso de ventiladores o calefactores en el viñedo y, en casos extremos, sistemas de aspersión con agua.

Finalmente, el ingeniero dejó un consejo claro para los productores:

“Así como vamos al médico para cuidarnos, en la finca hay que consultar a un profesional. Una aplicación fuera de tiempo no solo no sirve, sino que significa gastar dinero y perder igual la producción”.

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