El atletismo en Rivadavia tiene un nombre que se volvió sinónimo de esfuerzo, formación y valores: Alberto Carrizo Holguín. El reconocido entrenador repasó sus inicios y cuatro décadas de trabajo ininterrumpido en la Municipalidad, siempre al servicio del deporte.

Carrizo recordó su primera carrera, en los años 70, cuando todavía no existían categorías por edades:

“Fui a correr a Mendoza sin tener idea. Busqué en el diario el tiempo de Jesús Osorio, que había ganado con 39 minutos en 10 kilómetros. Yo hice 41, no estaba tan lejos. Y cuando corrí esa primera competencia, llegué tercero en mi categoría. Desde ahí no dejé de correr nunca más”.

Aquella pasión lo llevó a forjar vínculos con grandes referentes como Alfredo Maravilla y Cacho Espínola, a viajar a distintas provincias y a vivir experiencias que marcaron su vida:

“Gracias al atletismo conocí lugares que de otra manera nunca hubiera conocido, como el rancho de Sarmiento en San Francisco del Monte de Oro”.

Su camino como docente nació casi por casualidad, cuando un grupo de niños le pidió entrenar con él:

“Yo era atleta, nada más. Cuando quise acordar tenía 80 chicos. Entonces empecé a estudiar Educación Física, aunque no pude recibirme porque no me alcanzaba el dinero. Pero seguí enseñando, y después la Municipalidad me pidió que me hiciera cargo del atletismo”.

Durante 40 años entrenó a cientos de jóvenes, inculcando más que técnica deportiva:

“Siempre les decía a los chicos: no importa si salen últimos, lo importante es ser buenas personas. Ustedes son embajadores de Rivadavia, de los buenos, no de los malos”.

Entre anécdotas de viajes, torneos y rifas para juntar fondos, Carrizo destacó el apoyo incondicional de su familia, especialmente de su esposa e hijos, quienes lo acompañaron en cada organización de competencias.

El legado también quedó en su nieta, que brilló en torneos nacionales e internacionales:

“En 2019 ganó los Juegos Evita y viajó al Sudamericano Escolar en Paraguay, donde salió campeona en lanzamiento de disco con apenas 13 años. Después fue subcampeona sudamericana en Brasil y campeona nacional en varias provincias. Me dio tantas alegrías”.

Al mirar hacia atrás, Carrizo sintetiza su camino con humildad y gratitud:

“El atletismo me permitió enseñar valores, formar personas y ver cómo muchos chicos llegaron a campeonatos argentinos y sudamericanos. Esa es la recompensa más grande”.

Un referente indiscutido del deporte rivadaviense, que sembró disciplina y pasión durante más de cuatro décadas.

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