Cuba atraviesa un escenario crítico marcado por una profunda crisis energética y financiera que impacta de lleno en la vida cotidiana de la población. Los cortes prolongados de electricidad, la escasez de combustible y el desplome del peso cubano configuran un panorama de fuerte deterioro económico.
En las últimas horas, varias aerolíneas extranjeras suspendieron sus operaciones hacia la isla debido a dificultades para abastecerse de combustible en los aeropuertos. La medida afecta especialmente al sector turístico, una de las principales fuentes de ingreso de divisas para el país, que ya venía mostrando señales de retracción.
El mercado informal de divisas refleja con crudeza la situación monetaria: el dólar alcanzó valores récord frente al peso cubano, profundizando la pérdida de poder adquisitivo. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo evidencia la falta de confianza en la moneda local y la presión inflacionaria acumulada en los últimos años.
A este contexto se suma la reducción en el suministro de petróleo proveniente del exterior, lo que agravó la crisis energética. Datos oficiales indican que amplias zonas del país quedaron sin electricidad durante los momentos de mayor demanda, mientras que las centrales termoeléctricas operan con limitaciones por falta de mantenimiento y combustible.
Las consecuencias se trasladan a hospitales, transporte público, instituciones educativas y comercios, que funcionan con restricciones o esquemas reducidos. En paralelo, varios países europeos recomendaron a sus ciudadanos evaluar cuidadosamente los viajes hacia la isla ante las dificultades logísticas actuales.
Mientras el gobierno sostiene que la situación responde a factores externos, el malestar social crece en un contexto de inflación, escasez y migración sostenida.









































