En el programa Antes de ver el sol, conducido por Hugo Lombardi, el psicólogo Walter Motilla analizó el fenómeno de los therian —jóvenes que afirman identificarse simbólicamente con un animal— y planteó que no se trata, en la mayoría de los casos, de un trastorno mental, sino de una manifestación identitaria vinculada al contexto cultural actual.
Motilla comenzó aclarando una diferencia clave: “No es lo mismo que disfrazarse ni necesariamente implica un delirio o un problema mental. En la mayoría de los casos no es una psicosis, sino una vivencia identitaria”. Explicó que estos jóvenes no se “autoperciben” literalmente como animales, sino que se identifican simbólicamente con ellos.
El especialista sostuvo que el fenómeno no es nuevo, sino que surgió en foros de internet en los años noventa en ámbitos angloparlantes y que las redes sociales actuales funcionan como amplificadoras de estas expresiones. “La adolescencia siempre construye identidad por contraste. Hoy esa crisis se procesa online, en tribus digitales”, afirmó.
Desde el punto de vista psicológico, Motilla consideró que esta identificación funciona como una metáfora: “El adolescente disfrazado de animal en verdad está comunicándose metafóricamente”. Según detalló, muchos jóvenes eligen animales que representan cualidades que sienten ausentes en la sociedad actual, como la lealtad, la fuerza o la autenticidad.
“Cuando el mundo humano que estamos mostrando se vuelve hostil, lo instintivo parece más honesto”, reflexionó, y agregó que el fenómeno debe leerse como un termómetro social más que como una excentricidad juvenil.
El profesional también marcó límites claros. Señaló que no es lo mismo identificarse simbólicamente con un animal que creer serlo biológicamente. “Si el chico dice ‘yo soy un lobo’, ahí sí hay que mandarlo a la consulta psicológica y psiquiátrica”, explicó. En cambio, si reconoce que es humano pero utiliza esa identificación como expresión simbólica, no necesariamente implica patología.
En cuanto al rol de la familia, Motilla remarcó la importancia del diálogo: “Mientras más duro se vuelvan los padres para prohibirle que haga esto, más va a querer hacerlo”. Recomendó abrir canales de comunicación, evitar la burla y establecer límites razonables, diferenciando entre respeto identitario y conductas que puedan generar riesgos o dificultades de integración social.
Finalmente, consideró que este tipo de movimientos suelen ser transitorios: “Ninguno de estos movimientos contestatarios duraron tanto. Han sido períodos que se agotan”, sostuvo, al tiempo que indicó que la realidad adulta y laboral termina imponiendo ciertas adaptaciones.









































