El fútbol ocupa un lugar imposible de explicar desde la lógica y quizás por eso mismo resulta tan importante para millones de argentinos.

Durante una nueva edición del segmento «La palabra no se mancha», emitido dentro del programa Antes de Ver el Sol por Ciudad FM 90.5, Hugo Videla propuso una reflexión sobre el vínculo emocional, social y político que existe entre la sociedad argentina y el fútbol.

La editorial comenzó trazando un paralelismo entre distintos trabajadores y los jugadores de la Selección Argentina campeona del mundo. Una bailarina que se identifica con los festejos del Dibu Martínez, un colectivero que se siente Enzo Fernández recorriendo cada trayecto, un albañil construyendo muros como Otamendi o un neurocirujano tan preciso como Lionel Messi dentro del área.

El relato buscó reflejar cómo cada argentino encuentra en el fútbol una referencia cotidiana, una metáfora de su propia vida y de sus sueños.

«Somos un país futbolero y muchos lo ven mal. Yo creo que está bien», sostuvo Videla durante la columna.

La reflexión avanzó luego hacia una pregunta más profunda: por qué el fútbol logra movilizar emociones que muchas veces otras cuestiones fundamentales de la vida pública no consiguen despertar.

Según planteó el columnista, existen temas objetivamente más importantes para el desarrollo de un país como la economía, la salud o la educación, pero aun así el fútbol sigue siendo uno de los pocos espacios capaces de generar alegría colectiva.

«El fútbol nos da esa pequeña sonrisa que a veces es lo único que tenemos», afirmó.

La editorial también abordó la histórica relación entre política y deporte y recordó cómo distintos gobiernos de diferentes signos políticos intentaron acercarse al negocio del fútbol o aprovechar su enorme capacidad de movilización social.

Videla recordó experiencias como Fútbol Para Todos, el debate sobre las sociedades anónimas deportivas y distintas decisiones políticas vinculadas al deporte profesional argentino.

Sin embargo, diferenció claramente a la Selección Argentina del uso partidario de la actividad deportiva.

«La selección nos une a todos», señaló.

Uno de los conceptos más fuertes de la columna giró alrededor de aquella frase popular que sostiene que un país que le exige más a un futbolista que a un político está condenado al fracaso.

Videla decidió resignificarla.

«Si Argentina depende del fútbol para ser feliz, estamos condenados a ser campeones del mundo», expresó.

La reflexión también se detuvo en la capacidad que tienen los grandes eventos deportivos para modificar el ánimo social y desplazar durante algunas semanas las preocupaciones cotidianas.

Inflación, salarios, desempleo, escándalos políticos o discusiones económicas quedan temporalmente en segundo plano cuando aparece la posibilidad de un nuevo Mundial o una nueva consagración.

Según explicó el columnista, no se trata necesariamente de una mirada racional sino profundamente emocional.

«Hoy juega la Selección y automáticamente aparece un motivo para entusiasmarse», resumió.

Durante el intercambio con Hugo Lombardi también se abordó el uso político del deporte y la manera en que los distintos gobiernos intentan capitalizar los éxitos deportivos.

Sin embargo, Videla destacó la madurez demostrada por el plantel campeón del mundo al mantener cierta distancia de las disputas partidarias.

Más allá del análisis político o sociológico, la conclusión de la columna terminó regresando al mismo punto del inicio: el fútbol como lenguaje común entre millones de personas que probablemente no coincidan en casi nada más.

En tiempos de crisis, incertidumbre o cansancio social, la Selección Argentina continúa funcionando como uno de los pocos espacios capaces de generar esperanza compartida.

La palabra no se mancha volvió así a unir literatura, fútbol y actualidad para reflexionar sobre una pasión que, para bien o para mal, forma parte de la identidad argentina.

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