Jesica Morales comenzó a correr cuando tenía ocho años y nunca volvió a detenerse. A lo largo de su vida atravesó violencia de género, ataques de pánico, la pérdida de su padre durante la pandemia y graves dificultades económicas. En cada uno de esos momentos, el atletismo se convirtió en su refugio, su fortaleza y la herramienta que le permitió volver a levantarse.

La atleta rivadaviense compartió su historia en una profunda entrevista realizada por Hugo Lombardi en Antes de Ver el Sol, por Ciudad FM 90.5. Allí habló de sus comienzos, del dolor que marcó su vida, del acompañamiento de Junín Running y del sueño que todavía persigue: completar algún día los 42 kilómetros de una maratón.

Morales tiene 30 años, vive en la zona de Los Campamentos y conoció el atletismo cuando asistía a la escuela Presbítero Pascual Holguín. Su profesor Daniel Terraza comenzó a prepararla para participar en la Maratón Aniversario de Rivadavia. Con apenas ocho años ganó en su categoría y descubrió una pasión que la acompañaría durante toda su vida.

Después de aquella primera experiencia continuó entrenando, durante varios años, prácticamente sola. Armaba sus propias rutinas a partir de los conocimientos físicos que había adquirido y salía a correr sin participar todavía de competencias oficiales.

El cambio se produjo cuando conoció Junín Running, grupo del que forma parte desde hace aproximadamente nueve años. Allí encontró mucho más que una estructura de entrenamiento: encontró una familia deportiva encabezada por la profesora Marcela Morisi y sostenida por el compañerismo de sus integrantes.

Morales destacó que el grupo estuvo presente incluso en los momentos más difíciles. Durante la pandemia de COVID-19, toda su familia se enfermó y su padre, Carlos Morales, debió ser internado luego de sufrir complicaciones.

Jesica contó que llegó a visitarlo en terapia intensiva y que pudo conversar con él cuando parecía estar evolucionando favorablemente. Sin embargo, durante la madrugada siguiente sufrió una trombosis pulmonar y tres paros cardíacos. Los médicos consiguieron reanimarlo en dos oportunidades, pero no sobrevivió al tercero.

La atleta debió recibir la noticia y comunicársela a su madre y a sus hermanos, quienes todavía permanecían enfermos y aislados.

“Me tocó decirles a mis hermanos y a mi mamá que habíamos perdido a mi papá. Fue muy duro porque estábamos convencidos de que iba a volver”, relató.

La muerte de Carlos Morales dejó, además, a la familia en una situación económica sumamente compleja. Él era el principal sostén del hogar y, tras su fallecimiento, quedaron sin un ingreso estable. Durante aproximadamente un año, integrantes de Junín Running colaboraron con mercadería para que pudieran atravesar aquel momento.

“Junín Running estuvo todo un año ayudando a mi familia con mercadería porque no teníamos de dónde sacar para comer”, reconoció Morales durante la entrevista.

Cuando pudo retomar la actividad física, su primera competencia fue la Carrera Bonarda de San Martín. Allí no solo regresó al atletismo, sino que ganó el primer puesto en la distancia de cinco kilómetros.

Desde entonces, decidió dedicarle cada carrera a su padre.

“Siempre lo tengo presente y todas las carreras se las dedico a él”, expresó.

La historia de Jesica también está atravesada por otro episodio profundamente doloroso. Durante la entrevista relató que fue víctima de violencia de género por parte de una expareja y que padeció amenazas, persecuciones, hostigamiento y agresiones durante aproximadamente seis años.

Según contó, en aquel momento fue difícil conseguir que las autoridades recibieran las denuncias y las medidas de restricción no siempre fueron respetadas. La situación llegó a tal extremo que vivió durante un año con consigna policial y debía ser acompañada cada vez que salía de su casa.

La presión y el miedo provocaron ataques de pánico tan intensos que en varias oportunidades terminó hospitalizada. Durante ese período también tuvo que abandonar temporalmente sus entrenamientos.

Morales decidió contar públicamente esa experiencia para dejarles un mensaje a otras mujeres que atraviesan situaciones similares.

“Es un tema que tiene que salir a la luz. No te tenés que quedar callada”, afirmó.

Para recuperar tranquilidad y continuar estudiando, se trasladó durante un tiempo a San Luis junto a su padre. Finalmente debieron regresar a Mendoza por las dificultades para conseguir un trabajo estable. Poco después comenzó la pandemia.

Actualmente, Morales es personal trainer y maestra auxiliar maternal, pero aseguró que no ha podido encontrar trabajo dentro de esas profesiones. Ante la necesidad de generar ingresos, trabaja atando viñas cerca de su casa.

Ese empleo le permite contribuir con los gastos familiares y reunir dinero para continuar compitiendo. Vive junto a su madre y uno de sus hermanos, quien tiene una discapacidad, según explicó durante la entrevista.

A pesar de las dificultades, nunca abandonó el atletismo. Entrena todos los días y adapta su preparación a los recursos disponibles. Recibe el plan de su profesora por WhatsApp, corre por callejones cercanos a una finca, utiliza la ciclovía de Los Campamentos y, una vez por semana, se reúne con sus compañeros.

“El running es vida. Me salvó y me sigue salvando de muchas crisis. Es mi cable a tierra”, sostuvo.

Los costos representan uno de los mayores obstáculos para sostener su carrera deportiva. Además del traslado desde Los Campamentos, debe pagar inscripciones que, según indicó, parten de aproximadamente 40.000 pesos.

El calzado constituye otra dificultad. Las zapatillas que utiliza para entrenar y competir tienen cerca de cuatro años. La plataforma está desgastada y ya no ofrece la amortiguación necesaria, pero actualmente no cuenta con recursos para reemplazarlas. Un calzado adecuado para correr en calle puede superar los 100.000 pesos.

Para costear las competencias, también realiza actividades junto a su madre y busca ayuda de pequeños comercios. En una oportunidad, diferentes emprendedores colaboraron con ella para participar de una carrera en La Paz. Como agradecimiento, mandó a confeccionar una bandera con los logos de los negocios y continúa llevándola a sus competencias.

Uno de los momentos deportivos más importantes de su vida fue completar sus primeros 21 kilómetros en la Maratón Internacional de Mendoza. Durante meses se preparó junto a su profesora y cumplió una promesa que había compartido con su padre.

Al cruzar la meta, la emoción fue inevitable.

“Yo le había dicho a mi papá que algún día iba a correr 21 kilómetros. Llegar y poder dedicárselos fue muy emocionante”, recordó.

Morales sostuvo que su objetivo principal no pasa únicamente por los resultados o los podios. En cada competencia intenta disfrutar el recorrido, la compañía de su equipo y el aliento de las personas que encuentra en el camino.

Su próximo gran sueño es completar los 42 kilómetros y mejorar sus tiempos en la Maratón Nocturna de Junín. También continúa preparándose para diferentes carreras previstas en Mendoza y otras provincias.

“Nunca me planteé dejarlo porque el atletismo es mi fortaleza. Es donde me encuentro y donde soy más yo que nunca”, aseguró.

Cuando Hugo Lombardi le preguntó de qué la había salvado el deporte, su respuesta sintetizó toda la entrevista:

“El atletismo me salvó de la depresión, de los ataques de pánico, de la angustia y del dolor. Me enseñó a decir ‘yo puedo’, ponerme las zapatillas, salir y volver a ver todo lo lindo que tiene la vida”.

Jesica Morales continúa trabajando, entrenando y reuniendo recursos para presentarse en cada nueva competencia. Lo hace en representación de Junín Running, llevando consigo el recuerdo de su padre y convencida de que cada paso, incluso el más difícil, puede acercarla a una nueva meta.

La entrevista completa puede verse en las plataformas digitales de Ciudad FM 90.5.

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