La Municipalidad de Rivadavia realizará los días 28, 29 y 30 de julio una nueva edición del Curso de Manipulación Segura de Alimentos. La capacitación se dictará de 14 a 17 horas en el Teatro Luis Encio Bianchi, tendrá un costo de 12.000 pesos y permitirá obtener un certificado con una vigencia de tres años.

Cristian Pipitone, inspector del área de Bromatología municipal, explicó en Mañanas de Ciudad, el programa conducido por Carina Coria en Ciudad FM 90.5, que la capacitación está destinada tanto a quienes trabajan con alimentos como a particulares interesados en aprender a cocinar, conservar, fraccionar y comprar productos de manera más segura.

El curso forma parte de las herramientas preventivas utilizadas por el Municipio para reducir las enfermedades transmitidas por alimentos, conocidas como ETAs. Según indicó Pipitone, la tarea bromatológica no se limita al control de comercios, sino que busca proteger la salud pública mediante información, capacitación, asesoramiento e inspecciones.

“La idea de Bromatología es actuar en el control y en la prevención de las enfermedades transmitidas por alimentos”, explicó.

Durante las tres jornadas se abordarán contenidos obligatorios establecidos para la emisión del certificado. Entre ellos se encuentran la higiene personal, las buenas prácticas de elaboración, la limpieza de utensilios, las condiciones que debe reunir un establecimiento, el control de temperaturas, la refrigeración, el descongelamiento y los principales tipos de contaminación.

También se explicará por qué algunos hábitos cotidianos pueden resultar peligrosos. Pipitone mencionó como ejemplo la mezcla de lavandina con detergente, una práctica que no debe realizarse porque modifica la acción de los productos y puede generar riesgos.

La capacitación busca que cada recomendación sea comprendida y no solamente memorizada. Por ese motivo, los responsables explicarán por qué no se debe fumar mientras se elaboran alimentos, por qué la comida no debe permanecer demasiado tiempo fuera de la heladera y de qué manera deben almacenarse diferentes tipos de carnes.

“Lo importante es entender el porqué de cada práctica”, sostuvo el inspector.

El contenido fue diseñado para que pueda ser comprendido por personas con diferentes niveles de formación. Puede participar un estudiante secundario, un trabajador gastronómico, un comerciante, una persona que cocina en su hogar o alguien interesado en elaborar conservas y chacinados.

Pipitone remarcó que no será una capacitación basada únicamente en conceptos teóricos. Las explicaciones estarán acompañadas por fotografías, videos, ejemplos reales y espacios para realizar preguntas.

La evaluación se desarrollará durante la última jornada y, según anticipó, será sencilla. La intención es verificar la comprensión de los temas trabajados y resolver las dudas, no dificultar la aprobación de los participantes.

“No hace falta estudiar contenidos adicionales ni llevar apuntes. Todo se explica y se trabaja durante el curso”, señaló.

La capacitación es obligatoria para todas las personas que elaboren, manipulen, expendan o transporten alimentos. Esto incluye al personal de restaurantes, rotiserías, panaderías, despensas, servicios de catering y comercios gastronómicos.

También alcanza a quienes transportan productos alimenticios, incluso cuando no participan directamente de su preparación. Pipitone ejemplificó que tanto el conductor de un camión de alimentos como la persona que distribuye pan deben contar con el correspondiente certificado.

En los establecimientos con varios trabajadores, cada integrante que mantenga contacto con los alimentos debe realizar el curso. La obligación no corresponde únicamente al propietario o responsable comercial.

Los encargados de la limpieza también deben estar capacitados cuando trabajan dentro de un establecimiento elaborador. Las tareas de higiene influyen directamente sobre la inocuidad de los productos y pueden generar contaminación cuando no se realizan correctamente.

Otro grupo alcanzado por este requisito está integrado por cocineras y celadores de los establecimientos escolares. El volumen de alimentos preparado diariamente y la población infantil que recibe esas comidas hacen necesario extremar las medidas de prevención.

Pipitone explicó que no es lo mismo cocinar para una familia que elaborar alimentos para decenas o cientos de personas. En una cocina domiciliaria, un error puede afectar a un grupo reducido; en un servicio de catering, un comedor escolar o una fiesta puede alcanzar a una gran cantidad de comensales.

“Cuando se elaboran grandes volúmenes de comida, los cuidados deben extremarse”, advirtió.

La capacitación también resulta útil para quienes no tienen un comercio. Muchas personas asisten para aprender a elaborar conservas caseras, chacinados, salsas, escabeches, productos envasados y otras preparaciones familiares.

Uno de los objetivos es desterrar prácticas transmitidas durante generaciones que no poseen respaldo técnico. Pipitone aconsejó no utilizar como fuente principal los videos o publicaciones sin identificación que circulan en las redes sociales.

Para preparar conservas, recomendó consultar información oficial o comunicarse directamente con el área municipal de Bromatología. Una elaboración incorrecta puede facilitar la aparición de enfermedades graves, entre ellas el botulismo.

Durante la entrevista mencionó un caso reciente, según lo expresado por el inspector, en el que una familia de Tunuyán habría sufrido una intoxicación por toxina botulínica. El ejemplo fue utilizado para demostrar que los errores en la conservación pueden tener consecuencias graves e incluso poner en riesgo la vida.

“Una de las recomendaciones es no guiarse solamente por lo que aparece en las redes. Hay que acudir a las fuentes oficiales”, expresó.

El curso incluye información sobre contaminación de origen y contaminación cruzada. Esta última puede producirse cuando se utilizan los mismos utensilios o superficies para productos crudos y alimentos listos para consumir sin una limpieza adecuada.

El lavado de vegetales, la higiene de las tablas, el tratamiento del pollo, la cocción y el almacenamiento serán parte de las prácticas analizadas. También se abordarán las condiciones de infraestructura, como la iluminación, los pisos, las paredes y la colocación de telas mosquiteras.

La prevención adquiere especial importancia frente a la cantidad de gastroenteritis registradas. Pipitone citó durante la entrevista un reporte del Ministerio de Salud correspondiente al año anterior, según el cual unas 42.000 personas habrían atravesado esa patología durante los primeros tres trimestres.

De acuerdo con los datos mencionados por el inspector, aproximadamente la mitad de los afectados habrían sido niños. Estas cifras fueron presentadas por el entrevistado como parte del material utilizado en la capacitación y no fueron verificadas de manera independiente por Ciudad FM.

“Lo más leve que puede producir una mala manipulación es una gastroenteritis”, afirmó.

El conocimiento también permite tomar mejores decisiones al momento de comprar. Observar la higiene del establecimiento, las condiciones de conservación y la presentación de los productos ayuda a elegir dónde adquirir alimentos.

Pipitone destacó que la ciudadanía tiene derecho a consumir productos seguros y a exigir controles. Al mismo tiempo, pidió que los comerciantes no interpreten las inspecciones bromatológicas como una amenaza.

Según explicó, la función de los inspectores es detectar problemas, brindar recomendaciones y ayudar a mejorar las condiciones de trabajo. Una correcta rotación de mercadería, la protección frente al sol y el control de la cadena de frío pueden evitar pérdidas económicas.

“Una inspección sirve para mejorar y prevenir enfermedades. La función de Bromatología no es castigar”, manifestó.

Sin embargo, aclaró que la venta de alimentos en mal estado puede afectar seriamente la salud pública y generar responsabilidades legales. Por eso, los controles también tienen la función de hacer cumplir la normativa vigente.

Las denuncias de los consumidores son anónimas y permiten orientar las inspecciones hacia situaciones concretas. Si una persona recibe un producto vencido o detecta una irregularidad, puede acercarse al área municipal para realizar la correspondiente presentación.

En relación con las fechas de vencimiento, Pipitone explicó que marcan, en primer término, el límite hasta el cual un producto puede ser comercializado. Ningún negocio puede mantener a la venta un alimento una vez superada esa fecha.

El vencimiento también puede indicar una posible pérdida de características nutricionales, organolépticas o de seguridad. Aunque algunos productos de bajo riesgo no generan un daño inmediato, el inspector evitó generalizar sobre su consumo posterior.

Una leche puede perder parte de sus propiedades nutricionales, mientras que las grasas contenidas en galletitas u otros alimentos pueden ponerse rancias. El consumo reiterado de productos alterados puede representar un riesgo, aunque no provoque una reacción inmediata.

“Después de la fecha de vencimiento, el producto no puede comercializarse”, remarcó.

También se refirió a los granos almacenados durante mucho tiempo y a la aparición de gorgojos u otros insectos. Explicó que el problema no se limita a la presencia del insecto, porque debe analizarse de dónde provino, por qué ingresó y qué tipo de contaminación pudo producir.

La recomendación general es revisar los alimentos, mantener limpias las alacenas, utilizar envases adecuados y evitar consumir productos sobre los cuales existan dudas.

Actualmente, el requisito oficial es el certificado de manipulación de alimentos. La antigua libreta sanitaria, que exigía una serie de estudios médicos para descartar enfermedades transmisibles, dejó de ser requerida.

El certificado tiene una vigencia de tres años. Cuando llega el momento de renovarlo, quienes ya realizaron la capacitación pueden rendir únicamente el examen, excepto cuando se hayan incorporado cambios normativos que requieran una actualización.

El curso de julio se realizará los días 28, 29 y 30, de 14 a 17 horas, en el Teatro Luis Encio Bianchi, ubicado en el subsuelo del edificio municipal.

El costo es de 12.000 pesos y el cupo disponible es de aproximadamente 130 personas. Pipitone informó que en algunas ediciones la cantidad de preinscriptos llegó a superar los 180 interesados, por lo que recomendó completar el trámite con anticipación.

La inscripción puede realizarse de manera presencial en la oficina de Bromatología de la Municipalidad de Rivadavia. Allí se entrega el boleto correspondiente para efectuar el pago.

También existe una modalidad virtual mediante el código QR difundido en el material promocional. Después de completar el formulario, la persona debe ingresar a la página municipal, buscar el sector de Rentas, generar el boleto del Curso de Manipulación y abonarlo mediante una billetera digital.

Quienes tengan dificultades para realizar el trámite virtual pueden acercarse directamente al Municipio para recibir asesoramiento.

El curso se dicta durante la última semana de cada mes, generalmente en el horario de 14 a 17. La decisión de ofrecerlo mensualmente busca responder a la elevada demanda y facilitar la asistencia de quienes trabajan en horario comercial.

Aunque la preinscripción es importante, Pipitone señaló que una persona que se entere el mismo día puede acercarse para consultar si todavía quedan lugares disponibles. La intención del área es incorporar a todos los interesados, siempre que la capacidad del teatro lo permita.

“Queremos que la gente aprenda, se divierta y no tenga miedo de preguntar”, resumió.

La entrevista completa a Cristian Pipitone puede verse en las plataformas digitales de Ciudad FM, donde el inspector también brindó recomendaciones sobre conservación, fechas de vencimiento, inspecciones y prevención de intoxicaciones alimentarias.

https://youtu.be/fIqPlh_gaCI

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