El director de Desarrollo Económico de Rivadavia, Francisco Novello, describió un escenario de fuerte preocupación para la vitivinicultura, marcado por la caída del consumo, bajos precios para productores, aumento de costos y dificultades para sostener las fincas. Durante una entrevista en HOLA GENTE, sostuvo que el pequeño productor y los trabajadores vinculados a la viña aparecen entre los sectores más afectados.
La situación de la vitivinicultura atraviesa un momento complejo y sus efectos ya se observan en distintas zonas productivas de Mendoza. Así lo planteó Francisco Novello, director de Desarrollo Económico de Rivadavia, quien participó de HOLA GENTE por Ciudad FM 90.5 y analizó el presente de productores, bodegas y trabajadores de la actividad.
Novello, quien además está vinculado directamente con la actividad vitivinícola, sostuvo que uno de los signos más visibles de la crisis es la cantidad de propiedades productivas que actualmente presentan tareas atrasadas.
“Es impresionante la cantidad de fincas que estás viendo que por lo menos no están podadas”, señaló, aclarando que no podía afirmar que todas estuvieran definitivamente abandonadas. También advirtió que, por el momento del calendario productivo, el margen para realizar esas labores es cada vez menor ante la cercanía de los primeros brotes.
Para el funcionario, la problemática no queda encerrada dentro de las fincas o las bodegas. Explicó que la vitivinicultura moviliza una parte importante de la economía regional y que el dinero generado por esa actividad termina circulando en comercios, servicios, seguros, farmacias y otros sectores.
“Estamos viendo y viviendo una situación muy crítica”, afirmó.
Uno de los ejes principales de su análisis fue la caída del consumo. Novello consideró que, aunque existen cambios de hábitos que se producen a lo largo del tiempo, el retroceso reciente estaría relacionado principalmente con la pérdida de poder adquisitivo.
Según su lectura, las familias no dejaron de consumir vino simplemente porque ya no les guste, sino que redujeron esa compra junto con otros productos debido a una economía doméstica más ajustada.
“La gente no deja de tomar vino porque le gusta, sino que ha dejado de tomar vino, junto con muchos otros productos, por la grave situación económica”, expresó. También vinculó ese escenario con salarios reales deteriorados, cierres de empresas y pérdida de puestos de trabajo.
A esa menor capacidad de consumo, Novello sumó otro problema: la diferencia entre lo que recibe el productor y los costos que debe afrontar.
Durante la entrevista se plantearon datos oficiales vinculados con mejoras en exportaciones y consumo interno. Frente a eso, Novello señaló que incluso si esas estadísticas fueran correctas, el crecimiento no necesariamente llega a todos los eslabones de la cadena.
Su explicación apuntó a la concentración existente en las etapas finales de comercialización y exportación.
“Puede ser que esté incrementándose la exportación, pero el productor chico no recibe ese cambio”, sostuvo.
Y cuando fue consultado directamente sobre si el precio que recibe actualmente el productor alcanza para cubrir sus gastos, respondió: “Ciertamente la respuesta es un rotundo no”.
Novello señaló que las explotaciones con mayor nivel tecnológico pueden tener mejores herramientas para enfrentar determinados costos, pero sostuvo que buena parte de las fincas del departamento y de la provincia no cuenta con tecnología de punta suficiente como para reducirlos de manera significativa.
El escenario, según describió, combina dos variables particularmente negativas: costos crecientes y precios de venta en retroceso.
Entre los incrementos mencionó energía, insumos y costos asociados al agua para riego. Al mismo tiempo, aseguró que el valor del vino viene disminuyendo.
Como ejemplo concreto, explicó que en su actividad comercial habían vendido vino el año anterior a unos $650, mientras que durante este año el valor había descendido hasta aproximadamente $460.
“Y sigue bajando”, indicó, agregando que incluso a valores inferiores existen dificultades para encontrar compradores.
La preocupación, aseguró, también fue expresada por distintos actores del sector durante una reciente reunión vinculada con la Cooperativa Vitivinícola CAPE, de Rivadavia.
Según relató, productores, industriales y pymes coincidieron en un diagnóstico preocupante.
Durante ese encuentro, uno de los productores utilizó una comparación médica para explicar el estado de la actividad: “Tenemos que estabilizar el paciente porque hoy es un paciente terminal, la vitivinicultura”.
Novello retomó esa imagen durante la entrevista para remarcar la necesidad de medidas que permitan sostener al sector durante el período de crisis.
“Hay que estabilizarlo porque viene muy mal. La vitivinicultura, lamentablemente, viene muy mal”, afirmó.
En ese contexto, planteó la necesidad de una intervención estatal más activa. Según explicó, el municipio cuenta con herramientas limitadas y muchas de las variables que condicionan al sector dependen de decisiones provinciales o nacionales.
Novello mencionó cuestiones como tipo de cambio, tasas de interés y políticas económicas generales, y aclaró que se trata de factores que no pueden ser modificados desde el ámbito municipal.
“Esto excede a las herramientas del municipio”, sostuvo.
En distintos tramos de la entrevista también formuló fuertes críticas a las prioridades de los gobiernos provincial y nacional. Esas apreciaciones fueron expresadas por Novello en carácter de entrevistado y forman parte de su análisis político y económico sobre el presente de la producción mendocina.
Entre otros puntos, cuestionó el cierre o reducción de organismos vinculados con el análisis, financiamiento y asistencia al sector productivo, y manifestó que, a su entender, la vitivinicultura no recibe actualmente la atención necesaria.
La discusión sobre quiénes resultan más perjudicados ocupó otro tramo importante de la conversación.
Novello sostuvo que el pequeño productor está entre los actores más vulnerables, pero pidió no limitar el análisis a quien posee la finca.
“El pequeño productor es el más perjudicado, pero también el obrero de viña”, remarcó.
Incluyó además a las familias contratistas y a quienes realizan las tareas diarias dentro de las explotaciones, a quienes definió como los eslabones más pequeños de una cadena económica mucho más amplia.
“El que está laburando ahí, en el frente de batalla, es el que peor la está pasando”, afirmó.
Al analizar cómo se distribuyen las ganancias dentro de la cadena vitivinícola, Novello apuntó nuevamente a la concentración existente en los últimos eslabones.
Explicó que un productor vende su uva a una bodega, que a su vez afronta sus propios costos y restricciones, y que luego gran parte de ese vino puede comercializarse a granel antes de llegar a empresas fraccionadoras o exportadoras.
A su entender, quienes se encuentran en los tramos finales de comercialización suelen tener mayor capacidad para capturar ganancias.
Sin embargo, aclaró que su planteo no busca responsabilizar individualmente a las empresas.
“No porque sean los malos”, señaló, sino porque, según su visión, falta una regulación estatal que equilibre la distribución de resultados entre los integrantes de la cadena.
“Todos tienen que ganar plata. Desde el contratista que está laburando hasta el más grande”, sostuvo.
El endeudamiento empresario también apareció como un problema adicional. Novello señaló que las dificultades no afectan exclusivamente a pequeños establecimientos y sostuvo que incluso compañías de mayor escala atraviesan complicaciones financieras.
Relacionó esa situación con una combinación de créditos caros, baja rentabilidad y valores de venta en descenso.
Sobre las posibles soluciones, insistió en la necesidad de mecanismos que permitan sostener financieramente a los productores y evitar ventas desesperadas a precios excesivamente bajos.
Entre las herramientas mencionó financiamiento y distintas formas de intervención capaces de moderar la oferta y contribuir a una recuperación de precios.
“Si vos de alguna forma restringís un poco la oferta, yo creo que el precio de mercado tiene que subir”, explicó.
Para Novello, por el volumen y la escala de la vitivinicultura mendocina, una estrategia de ese tipo debería involucrar necesariamente tanto al Gobierno provincial como al Ejecutivo nacional.
El director de Desarrollo Económico también vinculó la recuperación sectorial con una mejora del consumo de las familias. En su análisis, una mayor capacidad de compra interna no solo favorecería al vino, sino a múltiples actividades económicas que dependen del gasto cotidiano.
La entrevista cerró con una referencia al consumo responsable. Novello defendió al vino como un producto fuertemente regulado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura y remarcó que cualquier promoción de su consumo debe convivir con una conducta responsable frente al volante.
“No estamos en contra de las leyes de alcoholemia”, aclaró, y sostuvo que debería fortalecerse la cultura del conductor designado: “Si tomás, no tenés que manejar”.
La conversación en HOLA GENTE dejó así un diagnóstico atravesado por tres preocupaciones centrales: caída de consumo, pérdida de rentabilidad y dificultades para sostener a los eslabones más pequeños de la cadena. Para Novello, el desafío inmediato pasa por evitar que la crisis continúe expulsando productores y trabajadores mientras se buscan mecanismos económicos que permitan recuperar precios, actividad y consumo.
La entrevista completa a Francisco Novello puede verse en las plataformas de Ciudad FM.






































