“LO QUE MATA ES NO HABLAR”: CÓMO ACOMPAÑAR A UNA PERSONA EN RIESGO SUICIDA

Hablar del suicidio no “implanta ideas”: escuchar sin juzgar, tomar en serio las señales y buscar ayuda profesional son acciones centrales para acompañar a una persona atravesada por un sufrimiento extremo.

En el marco del mes dedicado a la prevención del suicidio, la licenciada en Psicología Élida Mussa explicó en Hola Gente, por Ciudad FM 90.5, por qué la escucha puede convertirse en una herramienta fundamental frente a una persona que manifiesta desesperanza, aislamiento o ideas relacionadas con la muerte.

Una de las primeras ideas que planteó fue derribar un temor frecuente: preguntar directamente si alguien está pensando en hacerse daño no provoca una conducta suicida.

“Hablar de suicidio, a diferencia de las creencias populares, no lo provoca. No mete ideas a nadie. Abre puertas para hablar”, sostuvo.

La profesional resumió el problema con una frase contundente: “Lo que mata es no hablar”. Según explicó, muchas personas atravesadas por ideación suicida no necesariamente desean morir, sino terminar con un sufrimiento que se volvió insoportable.

SEÑALES QUE NO DEBEN MINIMIZARSE

Entre los posibles signos de alerta mencionó expresiones como “no puedo más”, “no quiero seguir” o la percepción de ser una carga para los demás. También señaló cambios como aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes resultaban gratificantes, desesperanza o culpa.

Ante estas situaciones, recomendó acercarse y preguntar de manera clara qué está ocurriendo.

Preguntas como “¿estás pensando en hacerte daño?” o “¿pensaste en morir?” no introducen una idea que no existía, explicó, sino que pueden permitir que una persona ponga en palabras lo que está atravesando.

Para Mussa, uno de los errores más habituales aparece cuando se intenta responder al sufrimiento con frases rápidas como “poné voluntad”, “sé fuerte”, “pensá positivo” o “tenés una vida hermosa”.

Esas expresiones pueden surgir desde una buena intención, pero no necesariamente ayudan a quien en ese momento no encuentra una salida.

“Hay en este momento socialmente muchos preparados para explicar el dolor psíquico, pero no para escucharlo”, reflexionó la psicóloga.

ESCUCHAR NO REEMPLAZA LA AYUDA PROFESIONAL

La especialista también remarcó que acompañar y escuchar no significa asumir en soledad la responsabilidad de resolver la situación.

Cuando existe riesgo, aconsejó no dejar sola a la persona, no comprometerse a guardar el secreto y buscar intervención profesional. También señaló la importancia de reducir el acceso inmediato a elementos que pudieran utilizarse para producir una lesión o una ingesta peligrosa.

En la entrevista mencionó como alternativas acudir a una guardia de salud mental, contactar servicios de emergencia o buscar rápidamente asistencia profesional.

EL SUICIDIO NO TIENE UNA ÚNICA CAUSA

Otro de los puntos centrales fue evitar explicaciones simplistas.

La ideación suicida, explicó, es multicausal. Una crisis económica, una separación, una enfermedad, una pérdida o un conflicto pueden actuar como desencadenantes, pero no necesariamente explican por sí solos lo que ocurre.

Cada persona posee una historia, recursos emocionales y circunstancias diferentes, por lo que el sufrimiento debe abordarse de manera individual.

ADOLESCENTES: ESCUCHAR ANTES DE JUZGAR

La entrevista dedicó especial atención a niños, adolescentes y jóvenes.

Mussa advirtió sobre la necesidad de prestar atención a expresiones relacionadas con la muerte incluso cuando puedan parecer pronunciadas “al pasar” o en tono aparentemente informal.

Frases como “me quiero matar”, “no quiero vivir más”, “soy una carga” o “estarían mejor sin mí” deben abrir una conversación y no una reprimenda.

También destacó que el dolor psíquico posee una dificultad adicional: muchas veces no puede verse externamente.

“En el dolor psíquico no es tan evidente. No se ve, se escucha”, sintetizó.

“NO SÉ CÓMO AYUDARTE, PERO VAMOS A BUSCAR AYUDA”

Para la profesional, quien acompaña tampoco necesita tener todas las respuestas.

Una frase posible puede ser simplemente reconocer lo que sucede: “Yo te escucho. No sé cómo ayudarte, pero vamos a buscar ayuda”.

El objetivo no es transformarse en terapeuta, sino demostrar que ese sufrimiento fue advertido y facilitar el contacto con profesionales capacitados.

La prevención, sostuvo, requiere una sociedad menos enfocada en ofrecer recetas universales y más preparada para escuchar qué le ocurre a cada persona.

Porque, frente al sufrimiento psíquico, muchas veces la primera puerta no se abre dando una respuesta.

Se abre haciendo una pregunta.

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