CREAR, RECICLAR Y EMPRENDER: DOS HISTORIAS QUE NACIERON DE LA FAMILIA Y LA CREATIVIDAD

Antonella Martínez y Nelly compartieron en Mañanas de Ciudad dos experiencias diferentes que tienen un punto en común: transformar una habilidad personal en un proyecto capaz de crecer, generar vínculos y abrir nuevas oportunidades. Desde la bijouterie hasta el reciclaje y el arte mix media, ambas forman parte del Paseo del Arte de Rivadavia y encontraron en el trabajo artesanal una manera de expresarse y emprender.

El segmento de emprendedoras de Mañanas de Ciudad volvió a poner en primer plano historias construidas desde el trabajo cotidiano. En esta oportunidad, Antonella Martínez presentó Marina Accesorios, mientras que Nelly contó el recorrido de Donde el alma sonríe, una propuesta vinculada al reciclaje, la restauración y el arte mix media.
Antonella tiene 24 años, estudia en la universidad con la mirada puesta en convertirse en nutricionista y encontró en los accesorios una posibilidad de generar sus propios ingresos mientras continúa con su formación académica. Sin embargo, la relación con la actividad artesanal comenzó mucho antes de la creación formal del emprendimiento.
Su abuela fue una de las personas que le transmitió los primeros conocimientos. Desde niña observó y aprendió técnicas para elaborar accesorios y otros trabajos manuales. Recordó que sus primeras experiencias se remontan aproximadamente a los 10 u 11 años, cuando en la familia confeccionaban aritos y pequeños objetos que incluso se utilizaban como souvenirs en cumpleaños.

Años después, la idea volvió a aparecer cuando quiso hacerse un collar con una estrella de mar. Con materiales propios y otros que le proporcionó su abuela comenzó a experimentar, combinar insumos y diseñar sus propios accesorios. Ese proceso terminó dando origen a Marina Accesorios.
El emprendimiento, según contó, comenzó formalmente en abril y todavía transita sus primeros meses. Antonella también es una de las incorporaciones más jóvenes al Paseo del Arte. Su propuesta se caracteriza por una estética delicada, con colores neutros y una presencia importante de perlas y cristales.
Además de las piezas que diseña para las ferias, realiza trabajos personalizados. Entre los pedidos recordó un conjunto de tres pulseras de cristales negros con estrellas y consultas para elaborar pulseras vinculadas a equipos de fútbol para distintos integrantes de una familia.

El proyecto también tiene una fuerte participación familiar. Su madre y su hermana colaboran en algunas etapas del armado: Antonella prepara el inicio de collares o pulseras, ellas continúan determinadas secuencias de perlas o cristales y luego la emprendedora completa y supervisa el trabajo.
La búsqueda de materiales comenzó principalmente en comercios de Rivadavia y también se extendió a Palmira. A medida que la cantidad de clientes crece, analiza incorporar compras online para ampliar la variedad de insumos.

La segunda historia de la mañana estuvo protagonizada por Nelly y Donde el alma sonríe. Su recorrido comenzó en un momento completamente diferente de su vida. Antes de dedicarse al arte y al reciclaje fue policía y, después de retirarse, la llegada de la pandemia volvió a ponerla frente a una inquietud creativa que la había acompañado desde pequeña.
Pintar, coser, transformar cajas, crear joyeros y trabajar con objetos eran actividades que siempre le habían gustado, pero que habían quedado relegadas durante los años dedicados a su profesión. El aislamiento de la pandemia le permitió recuperar aquel interés y comenzar a experimentar con materiales y elementos que encontraba en su propia casa.
Ese proceso derivó en el arte mix media, una combinación de diferentes técnicas que integra pintura, reciclaje y transformación de objetos. Nelly remarcó que una de las ideas centrales es evitar que aquello que parece haber terminado su vida útil vaya directamente a la basura.

Detrás de la propuesta aparece también el concepto de economía circular: recuperar un objeto, intervenirlo y devolverle utilidad sin borrar necesariamente su historia. Un ejemplo especialmente significativo es un pequeño plato que perteneció a su abuela y que transformó en porta sahumerios, procurando conservar su apariencia original y su valor afectivo.
También convierte vasos que quedaron sin juego en porta velas y trabaja sobre distintos objetos que habitualmente permanecerían guardados o terminarían descartados. Para proteger las piezas utiliza productos como hidrolaca y distintos barnices que permiten una mayor durabilidad.

La actividad fue creciendo hasta transformarse también en un espacio de enseñanza. Los primeros alumnos fueron sus sobrinos Delfina y Mateo y posteriormente se sumó su sobrina Oriana. Sin realizar una campaña publicitaria formal, el boca a boca fue ampliando el grupo hasta alcanzar, según contó durante la entrevista, alrededor de 15 alumnos de diferentes edades.

A ese espacio se agregaron siete mujeres adultas. Entre ellas hay una alumna muy especial: su propia madre, de 90 años, quien además participa en la organización de las clases.
Para Nelly, los talleres no se limitan a aprender una técnica. Observó que muchas participantes inicialmente dudaban de su capacidad para transformar los objetos y que, con el avance del trabajo, aparecía la satisfacción de descubrir que podían hacerlo. Por eso vincula la actividad también con la confianza, la creatividad y la posibilidad de reconocer capacidades personales que muchas veces permanecen ocultas.

Más recientemente comenzó a participar en ferias y a mostrar públicamente las piezas que hasta entonces formaban parte principalmente de su trabajo en el taller.
Dos generaciones, dos recorridos y dos formas distintas de emprender confluyen así en un mismo espacio. Antonella recuperó conocimientos transmitidos por su abuela y los convirtió en un proyecto propio mientras estudia. Nelly retomó una inquietud postergada durante años y encontró en el reciclaje una segunda etapa personal que hoy comparte con otras personas.

Ambas participan del Paseo del Arte de Rivadavia, donde el trabajo artesanal no sólo permite ofrecer productos: también conserva saberes familiares, recupera objetos, genera redes y demuestra que una idea puede comenzar con algo tan pequeño como una perla, un plato antiguo o un elemento que alguien estaba a punto de descartar.

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