ALIMENTACIÓN Y CÁNCER: POR QUÉ EL ACOMPAÑAMIENTO NUTRICIONAL DEBE SER PERSONALIZADO

En el marco de Octubre Rosa, Pilar Morales explicó cómo los tratamientos oncológicos pueden alterar el apetito, el peso y la tolerancia a los alimentos. Remarcó la importancia del trabajo conjunto entre el equipo médico, nutrición y salud emocional.

La alimentación ocupa un lugar importante en la calidad de vida de las personas que atraviesan un tratamiento oncológico. Sin embargo, no existe un menú único que sirva para todos los pacientes ni una dieta capaz de reemplazar la atención médica. Ese fue uno de los conceptos centrales de la columna que la licenciada en nutrición Pilar Morales desarrolló en MAÑANAS DE CIUDAD, en diálogo con Carina Coria durante las actividades de concientización de Octubre Rosa.

Morales explicó que los procesos oncológicos pueden incrementar las exigencias nutricionales del organismo y favorecer la pérdida de peso y masa muscular. Mencionó la desnutrición severa y la caquexia como situaciones que necesitan vigilancia profesional, especialmente cuando disminuye el apetito o aparecen dificultades para incorporar los nutrientes necesarios.

Frente a ese escenario, señaló que el acompañamiento nutricional debe comenzar por una evaluación del estado general de cada paciente: qué alimentos tolera, qué síntomas presenta, qué tratamiento recibe y cuáles son sus necesidades. En algunos casos, indicó, la alimentación habitual puede no alcanzar y el equipo tratante debe considerar otras estrategias de apoyo nutricional.

La especialista diferenció macronutrientes —proteínas, carbohidratos y grasas— de micronutrientes como vitaminas y minerales, y recordó la importancia de sostener una hidratación adecuada. Advirtió que síntomas frecuentes durante algunos tratamientos, como náuseas, vómitos, cambios del gusto y el olfato o lesiones en la boca, pueden hacer que comer resulte difícil o poco atractivo.

Como ejemplos de adaptaciones posibles, mencionó preparaciones blandas, purés, budines y suflés, cuya textura puede facilitar la ingesta en determinadas personas. También aludió a alimentos que aportan proteínas, como huevo, pollo o pescado, siempre subordinados a la tolerancia individual y a las indicaciones de quienes acompañan el tratamiento.
Otro punto destacado fue la distribución de las comidas. Morales explicó que, ante un apetito reducido, en ciertas situaciones puede ser útil ofrecer porciones pequeñas con mayor frecuencia en vez de insistir en platos abundantes. Subrayó que se trata de pautas generales, no de instrucciones universales: las necesidades cambian de acuerdo con el diagnóstico, los síntomas y la evolución del paciente.

La columna también abordó un mito extendido: la idea de que eliminar por completo el azúcar permitiría dejar de “alimentar” un tumor. Morales cuestionó esa afirmación y pidió no confundir mensajes simplificados de redes sociales con un tratamiento nutricional indicado por profesionales. El eje de su explicación fue evitar restricciones extremas sin evaluación individual, especialmente en personas que ya tienen dificultades para mantener su peso.

La nutricionista dedicó un tramo de la charla a los efectos emocionales del diagnóstico. El miedo, la incertidumbre, los cambios de rutina y el cansancio pueden modificar profundamente la relación con la comida. Por eso consideró indispensable construir una red de apoyo familiar y profesional que escuche al paciente, contemple sus deseos y lo ayude a recuperar, dentro de lo posible, el placer de alimentarse.

Al referirse a la información que circula por internet, recomendó llevar las dudas y propuestas de supuestas dietas curativas al consultorio, para analizarlas con el oncólogo y el profesional de nutrición. Insistió en el abordaje interdisciplinario y en la importancia de incorporar el acompañamiento psicológico cuando sea necesario, en lugar de tomar decisiones apresuradas ante promesas de soluciones milagrosas.

Finalmente, la conversación volvió al propósito de Octubre Rosa: sostener los controles de salud y no dejar que la vergüenza o los temores posterguen una consulta. Morales alentó a preguntar, buscar asesoramiento profesional y recordar que la atención integral no se limita a lo que una persona come, sino que también contempla lo que siente, piensa y atraviesa con su entorno.

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