MÁS DE 7.500 AUTÓGRAFOS: EL CLUB QUE CONVIERTE FIGURITAS EN MEMORIA DEPORTIVA Y CULTURAL

Un proyecto nacido de los encuentros para intercambiar figuritas terminó formando una colección con miles de firmas de deportistas y artistas. Un integrante de CAFU contó en LA BRÚJULA cómo se construye ese archivo y por qué cada autógrafo guarda una historia.
Lo que comenzó como un intercambio de figuritas del Mundial de Brasil 2014 se convirtió en una experiencia de coleccionismo que combina deporte, música, cultura e historias personales. El Club Amigos Figuriteros Unidos, conocido como CAFU, construyó una colección de miles de autógrafos y formó una comunidad de personas que buscan preservar la memoria de figuras que marcaron distintas generaciones.

En una extensa charla en LA BRÚJULA, conducido por Laky, Malvina y Fabián, uno de los integrantes del club, identificado como Javier durante la conversación, reconstruyó la historia del proyecto. Explicó que el primer encuentro de aficionados se realizó en la Plaza Independencia de la Ciudad de Mendoza, cuando varias personas se reunieron para completar el álbum de la Copa del Mundo de 2014.

La idea original fue creciendo hasta convertirse en una propuesta diferente: producir figuritas propias, acercarlas a sus protagonistas y conseguir que fueran firmadas. Según el testimonio, el grupo estaba celebrando diez años de funcionamiento y había reunido más de 7.550 firmas. Cada pieza quedó asociada no solo al nombre de una persona, sino también a la experiencia de buscarla, conocerla o intercambiar información para conseguir el encuentro.

El primer gran recuerdo que compartió el coleccionista fue la firma de Leopoldo Luque. Lejos de limitarse a estampar un autógrafo, el exfutbolista conversó durante horas con los integrantes del proyecto y les relató detalles de su carrera, su infancia y sus comienzos en el fútbol. Ese contacto marcó el espíritu que CAFU quiso conservar en sus búsquedas posteriores.

Las colecciones de fútbol fueron organizándose por mundiales y por generaciones, con el objetivo de registrar tanto a campeones reconocidos como a deportistas menos presentes en la memoria de los aficionados más jóvenes. Javier mencionó figuritas relacionadas con las selecciones de distintas épocas y el desafío de completar firmas que todavía faltaban de algunos planteles históricos.

También contó encuentros y gestiones vinculadas con Ricardo Bochini, Ángel Di María y Emiliano Martínez, entre otros protagonistas. En algunos casos, el club consiguió firmas repetidas correspondientes a distintas participaciones mundialistas de un mismo jugador. La meta, explicó, no es simplemente tener un autógrafo famoso, sino documentar las etapas de una trayectoria.

El proyecto fue ampliando sus fronteras. Además del fútbol, los integrantes comenzaron a interesarse por el rugby, el hockey, otras disciplinas deportivas y figuras del espectáculo. Durante el programa mostraron camisetas, discos y materiales vinculados con artistas y músicos, y describieron cómo una figurita o un objeto autografiado puede convertirse en el punto de partida de una conversación sobre la historia cultural del país.

Uno de los aspectos que más valoraron fue la dimensión educativa de la colección. Para los socios, recuperar figuras de otras décadas permite que niños y adolescentes conozcan deportistas que fueron referentes mucho antes de las estrellas actuales. Javier relató que, en ocasiones, un socio joven recibe en un sorteo el autógrafo de un jugador histórico y descubre por primera vez la importancia que tuvo.

La organización se sostiene mediante cuotas de socios, destinadas a diseñar, imprimir y producir materiales para conseguir nuevas firmas. El entrevistado aclaró que las figuritas no se venden de manera individual como una mercancía habitual: se incorporan a la dinámica del club, que distribuye ejemplares entre sus miembros mediante sorteos. En la charla mencionó una base aproximada de entre 120 y 130 socios activos.

La colaboración es fundamental. Integrantes que viven en Mendoza y socios o contactos en otras provincias ayudan a acercar las figuritas a deportistas y artistas, coordinar encuentros y compartir información. Las redes sociales facilitaron, además, intercambios con aficionados de otros países y la posibilidad de ampliar la búsqueda más allá del entorno cercano.

Entre las anécdotas compartidas aparecieron gestiones inesperadas, oportunidades de encontrarse con personalidades admiradas y episodios que terminaron transformándose en recuerdos familiares. Para los integrantes de CAFU, esas vivencias tienen tanto valor como la firma obtenida: el objetivo es que cada objeto conserve una historia que pueda ser contada y transmitida.

La invitación quedó abierta a quienes disfrutan del coleccionismo y quieren conocer el proyecto. Durante el programa indicaron que la actividad del club puede seguirse en Instagram a través de CAFU Internacional. La historia demuestra que una pequeña figurita puede ser el comienzo de un archivo colectivo de recuerdos, esfuerzo y admiración.

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