CUANDO EL ARTE SE CONVIERTE EN EMPRENDIMIENTO: DOS JÓVENES QUE APOSTARON POR CREAR ALGO PROPIO

Mariana Algañara y Florencia Carrizo transformaron la pintura, el maquillaje y la creatividad en proyectos personales que hoy forman parte del Paseo del Arte de Rivadavia.

Detrás de un cuadro pintado a mano o de un maquillaje artístico hay mucho más que creatividad. Hay horas de trabajo, capacitación, inversión, ensayo, frustraciones y una búsqueda permanente por encontrar algo diferente. Esa fue una de las ideas que atravesó la charla con Mariana Algañara y Florencia Carrizo, dos jóvenes emprendedoras que participaron del segmento dedicado a artesanos y emprendedores de Mañanas de Ciudad, por Ciudad FM 90.5.

Mariana está al frente de Lunática Art, un emprendimiento dedicado a la pintura decorativa y accesorios. Su proyecto comenzó en 2019, inicialmente desde su casa y con el acompañamiento de su pareja. Con el tiempo empezó a mostrar y vender sus trabajos a través de redes sociales y a ampliar su público.

La pintura había estado siempre presente en su vida. Luego comenzó el profesorado de Artes Visuales, experiencia que le permitió incorporar técnicas y perfeccionar un interés que ya traía desde antes.

Florencia Carrizo, en cambio, encontró en el maquillaje artístico y las animaciones infantiles un desafío personal inesperado.

“Yo soy muy tímida”, contó durante la entrevista. Sin embargo, terminó construyendo una propuesta que combina maquillaje creativo y entretenimiento para niños, un servicio que, según explicó, no encontraba con esas características en Rivadavia.

LO QUE EL CLIENTE NO VE

Ambas coincidieron en que detrás del resultado final existe una cantidad de trabajo que muchas veces no es visible para quien compra.

Mariana explicó que un cuadro no representa únicamente los materiales utilizados. También están las horas de pintura, la elección de las técnicas, la creatividad y el tiempo destinado a interpretar qué busca cada cliente.

“La gente puede ver pintar un cuadro, pero no ve todo lo que está atrás”, señaló.

Uno de sus trabajos más exigentes fue una reinterpretación de La creación de Adán, de Miguel Ángel. El nivel de detalle fue tal que llegó a cortar pinceles hasta dejar prácticamente un solo pelo para poder trabajar sobre sectores muy pequeños de la obra.

Lejos de desalentarla, ese tipo de encargos funcionan como un desafío.

“Sé hasta dónde puedo llegar y me hace perfeccionarme”, explicó.

EL MAQUILLAJE COMO EXPERIENCIA

Para Florencia, cada maquillaje busca ser diferente. Incluso contó que evita trabajar con una cartilla cerrada de diseños para poder crear en el momento según lo que pide cada niño.

Hay, sin embargo, un personaje que siempre aparece: Spiderman.

“Siempre”, respondió entre risas, al reconocer que es uno de los pedidos que nunca desaparece. Para evitar repetir exactamente el mismo trabajo, busca modificar los diseños cada vez.

Su parte preferida llega al final.

“El mejor momento es cuando les paso el espejo y ponen esa cara de sorprendidos”, contó sobre la reacción de los niños después de terminar un maquillaje.

La actividad también implica responsabilidad. Florencia destacó la necesidad de utilizar productos adecuados, hipoalergénicos y mantener correctamente higienizados pinceles y materiales. Además, brinda información a las familias sobre cómo retirar el maquillaje.

“HAY QUE ANIMARSE”

Sobre el final de la entrevista, las dos emprendedoras dejaron un mensaje para quienes tienen una habilidad o una idea pero todavía no se animaron a convertirla en un proyecto.

Mariana fue directa: “Que se animen”.

Explicó que gran parte del aprendizaje aparece justamente mientras se avanza y que cada paso permite incorporar conocimientos y perfeccionarse.

Florencia agregó otro concepto: confiar en lo que uno hace y buscar aquello que todavía no existe o no está suficientemente desarrollado.

“Cuando las cosas se hacen con amor y con intención, en algún momento dan resultado”, sostuvo.

Ambas también proyectan el futuro. Florencia quiere continuar trabajando alrededor de las infancias y convertir el maquillaje en una experiencia que empiece mucho antes del resultado final. Mariana, por su parte, sueña con tener su propio taller para enseñar y transmitir lo aprendido a otras personas.

Dos proyectos diferentes, pero unidos por una misma decisión: transformar una capacidad artística en una oportunidad para crear, aprender y construir un camino propio.

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