En «La palabra no se mancha», Hugo Videla dedicó una evocación a Miguel Ángel Russo centrada en su pasión por dirigir, su sonrisa y su forma de afrontar la enfermedad.
La historia de Miguel Ángel Russo fue el centro de una columna especial de «La palabra no se mancha», el espacio de deporte y literatura de ANTES DE VER EL SOL. Hugo Videla eligió apartarse del recorrido habitual por resultados, títulos y campañas para contar el legado humano que, desde su mirada, dejó el entrenador.
El relato comenzó con una idea que atravesó todo el homenaje: el privilegio de haber dedicado la vida a una actividad elegida por vocación. Entrar a una cancha, preparar un partido, pensar en un equipo y conversar con los jugadores aparecieron como escenas cotidianas que explican por qué Russo volvió al fútbol una y otra vez, incluso en circunstancias adversas.
Videla recuperó una expresión que asoció al técnico, «son decisiones», y la convirtió en el eje de la despedida. En su interpretación, la elección permanente de seguir ligado al juego fue una de las decisiones fundamentales de Russo. Ganar, empatar, perder y comenzar de nuevo formaban parte de una rutina sostenida por el entusiasmo.
El conductor también puso el foco en la sonrisa del entrenador. Lo describió como alguien capaz de atravesar una semana complicada y encontrar un momento para aflojar la tensión. Esa actitud, señaló en su evocación, podía descomprimir una conferencia de prensa, un vestuario o una derrota en medio de la búsqueda de responsables.
La columna repasó, sin enumerar clubes ni adjudicar episodios específicos, el paso por clásicos, finales, equipos de gran convocatoria y planteles de realidades diferentes. Más allá de esas exigencias, la imagen que Videla buscó rescatar fue la de una persona que no necesitaba transformarse en un personaje ni levantar la voz para hacerse escuchar.
En ese punto, el homenaje destacó una manera de ejercer el liderazgo basada en la cercanía: una charla, un abrazo, un mate compartido, un entrenamiento o la posibilidad de ayudar a un jugador a recuperar la confianza. Para el conductor, esos gestos cotidianos son tan significativos como los resultados que quedan en las estadísticas.
La parte más emotiva estuvo dedicada al período de enfermedad. Videla lo presentó como el desafío más difícil de la vida de Russo y subrayó que, desde su perspectiva, lo afrontó con entereza, sin prometer milagros ni abandonar aquello que amaba hacer. La continuidad de su vínculo con el fútbol fue relatada como una forma de resistir desde la vida diaria.
El cierre volvió sobre el sentido de esa resistencia: levantarse, salir de casa y sostener una vocación aun cuando el contexto resulta doloroso. Videla sostuvo que los recuerdos deportivos no alcanzan por sí solos para describir a alguien a quien consideró un ejemplo en los momentos difíciles.
Así terminó la columna: con un agradecimiento por el fútbol compartido, las alegrías, las decisiones y, sobre todo, por la vida.





































