“SOBRAN NEGOCIOS PARA ESTE NIVEL DE CONSUMO”: LA ADVERTENCIA DE RUBÉN DAVID EN MENDOZA

El empresario describió un consumidor mucho más selectivo: aseguró que los productos básicos mantienen movimiento, mientras vino, chocolates, galletas y algunos congelados son los primeros en quedar afuera del carrito.

El consumo no desapareció, pero cambió profundamente su composición. Esa fue una de las principales conclusiones que dejó Rubén David, propietario del mayorista Oscar David, durante una entrevista en Antes de Ver el Sol, por Ciudad FM 90.5, en la que analizó qué está ocurriendo con las compras de las familias y con la actividad comercial en Mendoza.

David planteó que las estadísticas generales sobre consumo deben observarse con cautela porque, según señaló, no siempre contemplan el comercio electrónico, nuevas modalidades de compra o movimientos dentro de la economía informal. Sin embargo, reconoció que actualmente existe un escenario de consumo bajo, ingresos reducidos y empresas obligadas a ajustar cada costo.

La definición más contundente llegó cuando analizó la cantidad de comercios que deben competir por un mercado más chico.

“Sobran negocios para este nivel de consumo”.

El empresario incluso advirtió que, si ese nivel de ventas se mantiene, podrían continuar cerrando comercios, porque considera que existen más estructuras y metros cuadrados comerciales de los que actualmente puede sostener la demanda.

EL CARRITO CAMBIÓ: QUÉ DEJÓ DE COMPRAR LA GENTE

Uno de los datos más concretos de la entrevista apareció cuando David fue consultado por los productos que las familias comenzaron a relegar.

Según explicó, en su actividad no observa una caída en los artículos considerados de primera necesidad. Incluso señaló crecimiento en algunos básicos como azúcar, fideos, harina, granos, leche y yogures de gamas de precio medio y bajo.

La diferencia aparece en aquellos productos que pueden postergarse.

“Todo lo que es segunda necesidad es lo que más ha caído”, explicó.

Entre los ejemplos mencionó vino, chocolates, galletas y algunos congelados, productos que una familia puede retirar del carrito cuando necesita ajustar el presupuesto.

Esa modificación permite entender, desde su experiencia comercial, por qué una caída general del consumo puede convivir con un aumento de ventas en determinados productos esenciales.

EMPRESAS CON EL “LÁPIZ MINA DE FINITO”

La reducción del margen de maniobra no afecta únicamente a las familias.

David aseguró que las empresas también están revisando cada gasto y utilizando lo que definió como un “lápiz mina de finito” para sostener precios, estructuras y puestos de trabajo.

Según explicó, el objetivo pasa por evitar cualquier gasto que no resulte productivo y analizar costos con mayor precisión para mantenerse competitivos.

El empresario también contó una situación reciente vinculada con el costo energético. Según relató, su compañía recibió durante el último mes un incremento cercano al 50% en la factura eléctrica, que atribuyó a un cargo aplicado a grandes consumidores.

Para David, aumentos de ese tipo terminan presionando sobre los costos operativos justamente cuando las compañías intentan evitar trasladar mayores valores al consumidor.

PRECIOS, DESCUENTOS Y UN CONSUMIDOR MÁS ATENTO

Otro cambio que detecta el empresario es que las personas volvieron a tener mayor referencia sobre cuánto debería costar un producto.

Durante períodos de inflación más acelerada, señaló, el consumidor perdía rápidamente noción de los precios. Hoy observa compradores que identifican cuando una mercadería aumentó por encima de lo esperado y deciden no pagarla.

También cuestionó algunas promociones basadas en descuentos muy altos cuando, según su análisis, el precio termina siendo previamente incrementado para financiar esa rebaja.

David aseguró que su estrategia comercial apunta a que el cliente evalúe principalmente el precio final del ticket, además de disponer de distintas alternativas de marcas y relaciones entre precio y calidad.

CUANDO APARECE UNA VERDADERA OPORTUNIDAD, LA GENTE VUELVE A STOCKEARSE

La compra anticipada para protegerse de aumentos prácticamente desapareció, según David.

Sin embargo, detectó otro comportamiento: cuando el consumidor reconoce una promoción excepcional, vuelve a comprar cantidad.

El empresario contó como ejemplo una promoción reciente de yogures de litro cuyo precio terminó siendo inferior al del litro de leche. Frente a una diferencia que los clientes identificaron como extraordinaria, muchos compraron cantidades superiores a las habituales.

Para David, eso demuestra que actualmente el consumidor conoce mejor los precios y está dispuesto a aprovechar oportunidades puntuales, pero no necesariamente a acumular mercadería como ocurría durante períodos de mayor inflación.

MENOS EFECTIVO Y MÁS PAGOS DIGITALES

La transformación también alcanza la forma de pagar.

David afirmó que observa un crecimiento de billeteras virtuales y tarjetas, aunque aclaró que en alimentos no advierte un uso importante de cuotas para financiar las compras cotidianas.

En su análisis, la digitalización responde principalmente a comodidad y seguridad más que a endeudamiento para adquirir alimentos.

“Los sistemas digitales están creciendo y están prácticamente dejando muy poco efectivo dando vuelta”, señaló.

El escenario que describe el empresario es, en definitiva, el de un consumidor que continúa comprando lo indispensable, recorta aquello que puede postergar, compara mucho más y exige precios competitivos.

Para las empresas, ese cambio significa operar con márgenes más ajustados y disputar un mercado en el que cada peso del consumidor cuenta.

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