Estafas virtuales, dificultades económicas, soledad, acceso a la salud y adaptación tecnológica forman parte de los desafíos que atraviesan las personas mayores. Lucas Luppo planteó la necesidad de dejar atrás viejos estereotipos y pensar la vejez desde la autonomía y la calidad de vida.
Más de 350 personas participaron de las actividades realizadas en Plaza Independencia en el marco del Día del Adulto Mayor. La celebración reunió talleres, centros de jubilados, grupos de personas mayores y propuestas desarrolladas junto a universidades, pero también permitió volver a poner en discusión cuáles son los problemas que atraviesa actualmente una población que vive cada vez más años.
Lucas Luppo, director del Área de Adultos Mayores de Mendoza, señaló que las preocupaciones son múltiples.
La situación económica ocupa uno de los primeros lugares, pero junto a ella aparecen problemáticas que ganaron importancia durante los últimos años, como las estafas virtuales, la violencia psicológica y, en menor medida, situaciones de violencia física.
La prevención de fraudes digitales se convirtió por ese motivo en uno de los ejes de las capacitaciones destinadas a personas mayores.
Para Luppo, la discusión también debe recuperar valores básicos como el respeto y la empatía. Consideró fundamental reconocer la experiencia acumulada por quienes llegan a edades avanzadas y evitar que sean definidos únicamente por sus limitaciones.
Ese cambio de mirada adquiere mayor importancia frente a una transformación demográfica: nacen menos personas y la expectativa de vida se extiende.
El funcionario sostuvo que Argentina tiene la posibilidad de observar experiencias de países que atravesaron antes un envejecimiento marcado de su población y anticipar debates sobre accesibilidad, sistema previsional, salud e infraestructura.
Su planteo central es que sumar años no debería ser el único indicador de progreso.
“Nada sirve que vivamos más años si no vamos a tener una mejor calidad de vida”, sostuvo.
La autonomía, la libertad y la posibilidad de mantener proyectos aparecen, desde esa perspectiva, como componentes centrales de un envejecimiento saludable.
La salud constituye otro de los grandes desafíos. Durante la entrevista se abordaron las dificultades que algunas personas mayores encuentran para acceder a medicamentos y tratamientos.
Luppo aseguró que desde el sistema sanitario provincial se busca acompañar esas situaciones y destacó la necesidad de contar con profesionales específicamente preparados para atender a una población que continuará envejeciendo.
Otro fenómeno cada vez más visible es el de personas que alcanzan la jubilación y continúan trabajando.
La necesidad económica es una de las razones y Luppo reconoció abiertamente ese factor. Sin embargo, planteó que mantener una actividad también puede cumplir una función social, física y emocional.
Después de treinta o treinta y cinco años de rutina laboral, el paso abrupto a permanecer todo el día en casa puede producir un fuerte cambio en la vida cotidiana.
Por eso mencionó la importancia de los cursos vinculados a la etapa posterior a la jubilación y alentó a quienes tienen la posibilidad de continuar con un trabajo autónomo, un emprendimiento, un oficio postergado o incluso transformar un hobby en una actividad.
La preocupación va más allá del empleo.
Luppo advirtió que una persona puede vivir acompañada por su familia y, sin embargo, sentirse sola si no dispone de espacios de interacción, conversación y participación.
En ese punto cuestionó aquellas dinámicas familiares que terminan reduciendo a los abuelos exclusivamente al cuidado de nietos sin considerar sus propias necesidades, tiempos y proyectos.
Para el funcionario, parte del problema está relacionado con una imagen de la vejez que quedó desactualizada.
La figura automática de una persona de 70 u 80 años asociada a enfermedad, bastón, dependencia o inactividad ya no representa la diversidad actual.
Existen personas mayores que continúan trabajando, viajando, participando en competencias deportivas, realizando actividades culturales o construyendo nuevos proyectos.
La evolución de la medicina, los cambios en la alimentación y una mayor conciencia sobre los cuidados permitieron extender la expectativa de vida, pero también modificaron la manera de transitar esos años.
A eso se suma la ruptura de mandatos sociales tradicionales sobre cómo debería organizarse una vida: estudiar, trabajar, casarse, comprar una casa, tener hijos y finalmente jubilarse.
Luppo consideró que esos modelos están cambiando y que cada persona necesita tener mayor libertad para construir su propio proyecto.
La tecnología es otra frontera.
La pandemia obligó a muchas personas mayores a incorporar herramientas digitales para comunicarse mediante videollamadas y realizar gestiones que dejaron de ser exclusivamente presenciales.
Actualmente, trámites vinculados con medicamentos, consultas, compras y distintos servicios demandan cada vez más conocimientos tecnológicos.
La brecha, sin embargo, continúa existiendo. Luppo mencionó especialmente las dificultades que pueden presentarse en zonas alejadas y departamentos como Rivadavia o Lavalle, donde la conectividad no siempre tiene la misma estabilidad, además de la imposibilidad económica de algunas personas para acceder a un teléfono inteligente o una computadora.
La alfabetización digital resulta especialmente importante porque también permite reducir la vulnerabilidad frente a estafas.
Centros y hogares de día cumplen otra función relevante. Luppo valoró estos espacios porque permiten desarrollar actividad física, generar vínculos entre pares y ofrecer contención a quienes no siempre encuentran esa interacción dentro del hogar.
También planteó la necesidad de revisar prejuicios vinculados con las residencias de larga estadía.
Explicó que algunas familias enfrentan situaciones en las que una persona comienza a necesitar cuidados para los cuales sus integrantes no están profesionalmente preparados. En esos casos destacó el trabajo de auxiliares gerontológicos, técnicos, enfermeros y otros profesionales, así como la responsabilidad del Estado en los procesos de habilitación, acompañamiento y control.
Envejecer bien, resumió, no significa alcanzar una cifra determinada.
Significa conservar la mayor autonomía posible, mantener vínculos, tener proyectos y continuar tomando decisiones sobre la propia vida.
Incluso la actividad física puede comenzar con objetivos pequeños. Frente a la obsesión por alcanzar determinadas cantidades de pasos diarios, Luppo recordó una recomendación sencilla: quien hoy no se mueve puede comenzar con diez pasos dentro de su propia casa.
La entrevista también permitió anticipar una nueva edición provincial de La Receta de la Abuela, prevista para el 24 de octubre en Las Heras, entre las 11 y las 19.
La propuesta reunirá a representantes de los 18 departamentos, talleres, artesanos y actividades recreativas alrededor de recetas que forman parte de la memoria de las familias.
Será la novena edición provincial de un encuentro que busca recuperar sabores, aromas e historias transmitidas durante generaciones.
El hilo que une todas esas propuestas es el mismo: dejar de pensar a las personas mayores como una población pasiva y comenzar a reconocerlas como personas con experiencias, deseos, derechos y proyectos que continúan desarrollándose.





































