La emoción le ganaba al cansancio. Noelia Rodríguez cruzó la meta de los 21 kilómetros con la fuerza de quien no solo corre, sino que vive cada zancada con el alma. Fue la primera mujer en llegar, y lo hizo en su tierra, Rivadavia, el pueblo que la vio empezar hace once años y donde cada día entrena entre jornadas laborales y desafíos personales.

“Es muy emocionante”, alcanzó a decir apenas recuperó el aliento, mientras aún sentía el pulso acelerado por la carrera y por la felicidad. Noelia no solo ganó una competencia: celebró una historia de esfuerzo, constancia y disciplina. Una historia que empezó en el secundario, en el escuadro deportivo, y que hoy tiene como escenario los entrenamientos con el grupo Proactive, en San Martín.

La atleta no esquivó la verdad: entrenar cada día no es fácil, mucho menos cuando hay que levantarse a las siete de la mañana a trabajar. Pero hay algo más fuerte que el cansancio o la rutina: “Esto se resume en una sola palabra: pasión”, confesó con firmeza.

Esta competencia, que volvió después de un año de ausencia, fue para Noelia una parada necesaria en su camino hacia la Maratón Internacional de Mendoza (MIM), donde se prepara para enfrentar los 42 kilómetros por tercera vez. “No podía dejarla pasar”, afirmó, sabiendo que este desafío local también era una prueba para su cuerpo y sus sensaciones.

Agradecida con su familia, su pareja –también corredor–, su equipo y con los medios que difunden el deporte amateur, Noelia Rodríguez se despidió con una sonrisa que hablaba de mucho más que un triunfo. Era la sonrisa de alguien que corrió en casa, por ella y por todos los que la acompañan. Y ganó.

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