En la edición del sábado del programa Hola Gente, con la conducción de Oscar «el Turco» Mila, se vivió un momento inolvidable con la entrevista a Manuel Stahringer, un mendocino que ha logrado algo reservado para muy pocos: llegar dos veces consecutivas a la cima del monte Everest, el punto más alto del planeta.
Oriundo de Las Heras, Stahringer compartió su historia y su conexión con la montaña. Desde niño, su familia lo impulsó a amar la naturaleza y la altura. “Mi papá nos llevaba mucho a la montaña, con mis hermanos y hermana. Eso me marcó”, relató. Esa conexión temprana con el aire libre fue el inicio de un camino de esfuerzo, preparación y pasión.
En la actualidad, Manuel reside en Bariloche, donde alterna entre entrenamientos, cursos técnicos y temporadas de esquí. Allí también se formó como guía y completó la tradicional Escuela de Montaña. La preparación física para enfrentar el Everest es tan exigente como diversa: entrenamientos funcionales, caminatas en altitud, escalada en roca y suplementación nutricional. “Ya no corro tanto por las rodillas, pero entreno 4 o 5 veces por semana. Uso el entorno natural como gimnasio”, explicó.
Stahringer también remarcó que su rutina incluye controles médicos constantes y planificación científica para enfrentar los rigores extremos de la altura. “Me hago electrocardiogramas regularmente. El control psicológico también es fundamental. Esto no se hace sin preparación mental”, dijo con firmeza.
En ambas ocasiones que alcanzó la cima del Everest —en 2024 y 2025— lo hizo acompañado de grupos de expedicionistas, primero con una empresa estadounidense y luego con un equipo mixto en el que trabajó como guía. “Siempre fui con grupos. Nunca fui solo. La montaña no se sube solo”, sentenció.
Durante la entrevista, Manuel compartió una reflexión conmovedora sobre lo que significa estar en la cima del mundo: “No soy religioso, pero allá arriba siento algo superior. Lo más parecido a Dios, para mí, es la Pachamama. La energía de la montaña te transforma. Te sentís pequeño, pero pleno”.
Consultado sobre cuál de las dos expediciones fue más difícil, confesó que la segunda le resultó más accesible gracias a la experiencia previa. “Conocer el terreno cambia todo. Lo físico, lo mental, y sobre todo, la confianza. La primera vez fue una aventura. La segunda, una misión.”
Finalmente, dejó entrever que su próximo desafío podría estar vinculado a nuevas cumbres, aunque por ahora prefiere seguir explorando, enseñando y compartiendo su experiencia en la montaña. “La montaña siempre te espera. Hay que saber cuándo volver”, concluyó con humildad.
Manuel Stahringer representa el espíritu de superación, conexión con la naturaleza y coraje. Un mendocino que llegó al techo del mundo y regresó para contarlo, con los pies en la tierra, pero el alma en la cima.








































