El vicepresidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), Ernesto Acuña, advirtió sobre la grave situación que atraviesa el sector: en los últimos doce meses cerraron 16 mil kioscos en el país, de los cuales 800 estaban en Mendoza. El número total de estos comercios cayó de 112 mil a 96 mil, con una baja en ventas cercana al 40%.
“Duele que un colega cierre su negocio. Estamos en un contexto económico difícil: se vende poco, las cadenas instalan kioscos en barrios enteros y los productos que antes vendíamos con exclusividad hoy se consiguen en farmacias, supermercados, verdulerías e incluso en cadenas de ferreterías”, señaló Acuña.
El dirigente explicó que el cierre no es un fenómeno nuevo, pero sí se aceleró en el último año. Cada kiosco que baja la persiana implica, en promedio, dos puestos de trabajo menos, muchas veces ocupados por familias. A la baja de ventas se suma la discriminación en los precios de compra: “El kiosco paga más cara la mercadería que un supermercado o un local de gran cadena. Eso nos obliga a vender más caro y la gente termina yendo donde es más barato”.
Las provincias más afectadas son CABA y las principales ciudades del interior, donde el avance de las cadenas provoca una caída drástica de ventas para los kioscos barriales. En el interior y el conurbano, aunque la crisis golpea, no siempre se da este fenómeno de saturación.
Acuña reclamó la “ley de proximidad” para impedir la instalación de un kiosco a menos de 100 metros de otro ya existente y regular la venta de productos que requieren habilitación: “Hay farmacias vendiendo golosinas, supermercados chinos vendiendo cigarrillos y verdulerías ofreciendo bebidas, sin contar con permisos para eso”.
La caída del turismo también afectó especialmente a los kioscos de zonas como Palermo o San Telmo. Frente a este escenario, muchos comerciantes buscan reinventarse: incorporar librería, juguetería, gastronomía, Rapipago o cobro de facturas, para ampliar la oferta y sostenerse en pie.
En cuanto al consumo actual, las promociones son el gran atractivo: “La gente compra lo que le alcanza, busca segundas marcas y deja de lado los productos más caros. En invierno se venden más chocolates y alfajores; en verano, bebidas y helados”.
Acuña también alertó sobre el impacto de la inseguridad, recordando el caso de un kiosquero asesinado en La Matanza, cuyo hijo se lanzó como candidato a concejal para luchar por más protección al sector.
“El kiosquero siempre busca la vuelta, pero necesitamos reglas claras y un mercado más justo para no seguir perdiendo colegas”, concluyó.










































