La licenciada Valeria Cona habló en La Brújula sobre su propuesta de meditación dinámica individual, una práctica que combina movimiento corporal, respiración y conciencia plena. Desde una mirada terapéutica y sensible, explicó que la danza consciente es una forma de meditar que permite reconectar con el propio cuerpo y liberar tensiones físicas y emocionales.
“No hay una sola forma de meditar, hay tantas maneras como personas existen. En mi caso, trabajo con la danza consciente, que es hacer presencia en el cuerpo: observar cómo respiramos, cómo está nuestro pulso, cómo nos movemos”, señaló Cona.
La especialista aclaró que no se trata de seguir coreografías ni de tener conocimientos previos de danza, sino de descubrir el propio ritmo interno:
“No hay pasos que seguir. Se trata de descubrir partes de tu cuerpo que quizás no conocías. Cómo respirás, cómo apoyás los pies, cómo te afirmás en el piso. Todo eso tiene un correlato con la forma en que caminamos por la vida.”
Cona destacó que cada persona tiene su propio mapa corporal, el cual orienta su trabajo durante las sesiones:
“El cuerpo me va indicando por dónde guiar a la persona. A veces hay bloqueos musculares o energéticos, y a través del movimiento, la respiración y la observación, se pueden destrabar.”
Consultada sobre sus inicios, contó que su vínculo con la danza comenzó desde niña, pero que el verdadero cambio llegó al abandonar la rigidez técnica para convertir el movimiento en un camino de sanación personal:
“Empecé a bailar a los cuatro años, con danza clásica y española, pero después de muchos años de terapia comprendí que necesitaba salir del esquema rígido. Desde ahí la danza se volvió mi forma de meditar, de sanar y acompañar a otros.”
Formada con maestros de los cinco ritmos en Chile y Buenos Aires, Cona explicó que esta disciplina tiene una larga trayectoria internacional, aunque en Mendoza todavía es novedosa:
“La meditación en movimiento existe desde los años sesenta, pero en Mendoza recién está creciendo. Hoy hay grupos de investigación en movimiento, con personas de todas las edades, incluso mayores de ochenta años.”
Sobre los beneficios, la licenciada fue concreta:
“Desde la primera sesión se nota una reducción del estrés, mejora la respiración y la oxigenación del cuerpo. A nivel emocional, se experimenta una apertura, menos inhibición y más fluidez. El cuerpo, la mente y el espíritu empiezan a armonizarse.”
Finalmente, invitó a quienes buscan una alternativa terapéutica a darse tiempo para sí mismos:
“Solo se necesita disposición. El cuerpo tiene su propia sabiduría y, si lo escuchamos, nos guía hacia el equilibrio.”











































