En una nueva transmisión de Esto es Rivadavia, realizada en vivo desde la peatonal frente a Entre Dos Café, Darío “Laucha” Mad —iluminador de la Fiesta Nacional de la Vendimia y referente indiscutido del rubro— repasó su trayectoria, su formación autodidacta y los desafíos de trabajar en espectáculos de gran magnitud mientras sigue viviendo en Rivadavia, su lugar de origen.
Mad contó que comenzó a los 16 años, “muy niño”, iluminando eventos en la zona y buscando perfeccionarse sin abandonar el pueblo. Con el tiempo logró trabajar en producciones nacionales e internacionales, siempre viajando diariamente a la ciudad de Mendoza para cumplir con sus compromisos laborales.
Recordó que uno de los primeros hitos de su carrera fue su participación en el espectáculo Andes Vivo, alrededor de 2004, aunque su “disparador definitivo” llegó cuando, siendo menor de edad, insistió para poder asistir a un show de Las Pelotas. Ese momento, aseguró, fue el impulso que definió su vocación: vivir de la iluminación.
Consultado sobre el espectáculo más importante en el que le tocó ser jefe de iluminación, Mad no dudó: la Fiesta Nacional de la Vendimia. La definió como “su hija”, un proyecto al que le tiene un amor especial y cuya magnitud, dijo, implica una responsabilidad enorme al ser considerada una de las mejores cinco fiestas del mundo. Destacó el trabajo en equipo, el proceso creativo y la emoción de transformar los sueños de los directores en un diseño lumínico real y posible.
Sobre la evolución de la industria, señaló que hoy la iluminación es tomada “mucho más en serio”, con eventos sociales de pequeña escala que ya cuentan con un nivel técnico impensado años atrás. Atribuyó ese crecimiento al acceso a la información, las redes y la tecnología, y a la necesidad constante de actualizarse ante la aparición de nuevas consolas y sistemas cada pocos años.
Mad reconoció que nunca estudió formalmente iluminación, pero que aprendió trabajando, investigando y adaptándose. Recordó sus inicios en una época sin internet, cuando leer manuales en inglés o italiano era la única forma de avanzar. Por eso, destacó la importancia de “hacer escuela” y enseñar a los jóvenes que hoy se acercan a la profesión, para garantizar el recambio generacional en el rubro.
También relató una anécdota que grafica su obsesión por la iluminación: asistiendo como espectador a un show donde tocaban sus hijos, terminó pidiendo permiso para operar la consola porque el diseño lumínico no coincidía con la música.
Finalmente, expresó que, pese a trabajar en los principales festivales de Mendoza —como el reciente Festival de la Cerveza— y recorrer el país y varios países de la región, seguirá viviendo en Rivadavia, el lugar donde comenzó todo.









































